Un superhÉroe en la quinta
Ernesto Carlín. Crítico
Rubén (Bruno Ascenzo) es un chiquillo de clase media que vive enamorado de Miriam (Natalia Parodi), la chica nueva del barrio. No es bueno en los estudios ni en los deportes, por lo que vive soñando con ser Misterix, un personaje de historieta. Pero su inocencia va a desaparecer una noche de eclipse y de baile de disfraces.
La obra es ágil, teniendo sus mejores momentos en el primero de los tres actos. Incluso la escenografía es más ingeniosa al inicio, en la que se imita el trazo de las caricaturas para representar una quinta de los cincuenta, que al final unas convencionales cadenetas dan cuenta de una pista de baile.
A pesar de combinar en escena dos planos diferentes –la fantasía de Rubén como Misterix y su realidad como niño ingenuo– la historia fluye sin obstáculos. Tanto Ascenzo como los demás actores saber darle a sus respectivos dobles papeles registros distintos. Eso se suma a una iluminación distinta para los momentos en que Rubén desvaría.
Es muy divertido en particular la manera cómo el protagonista sublimiza los problemas y dudas en las alucinaciones que tiene como superhéroe. El momento en que la niña de sus ojos le suplica por un "coito faginal" es de antología. Lástima que, como se ha dicho líneas antes, el último acto decaiga en comparación del resto, volviendo la acción previsible. Pero a pesar de este inconveniente se trata de una recomendable obra.
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