Serenidad como respuesta
La inflación es un problema económico que tiene un alto componente psicológico: cuanto mayores sean las expectativas inflacionarias de los diversos agentes económicos, con mayor entusiasmo subirán los precios, lo cual contribuirá con el proceso de aumento en los costos.
Como sabemos, existen causas monetarias en dicho proceso. La principal de éstas –la hemos soportado en América Latina, sobre todo durante la segunda mitad del siglo pasado– es el exceso de emisión monetaria sin respaldo, como resultado de un elevado gasto fiscal que no se desea recortar. Cuando los precios empiezan a dispararse, vienen los incrementos salariales y los controles de precios, que acrecientan el ritmo de la inflación hasta que ésta se hace crónica o llega el momento terrible de los drásticos ajustes.
En el Perú de hoy existe una política macroeconómica y monetaria responsable, por lo que no tenemos las causas clásicas de generación de un proceso inflacionario; lo que sí existe es el factor internacional, es decir, el alza de la cotización del barril de petróleo a niveles jamás imaginados que genera el incremento del precio de algunos alimentos que importamos.
Nuestro país ha encontrado un mecanismo que permite reducir notablemente los efectos de los incrementos en la cotización del petróleo y sus derivados. Sin embargo, éste no elimina los factores psicológicos en el alza de los precios. Esto último es un factor imposible de cuantificar, pero a pesar de ello su existencia es indiscutible.
El problema es que cuando se añade a la inflación importada un conjunto de comentarios públicos en torno a ella, existen agentes económicos que se sienten en la necesidad –real o ilusoria– de protegerse ante una eventual inflación; y con estilo de profecía autocumplida coadyuvan a que la especulación de algunos se haga realidad.
De allí que se hace imprescindible la serenidad de parte de las autoridades, los medios de comunicación y los líderes de opinión. Si se habla mucho y de manera poco responsable, lo único que se logra es que algunos se protejan en el incremento de los precios. Lo sensato es dar información y que los consumidores, al dejar de adquirir los artículos que suben sin motivo, frenen su alza con los mecanismos del mercado.
Debemos actuar con prudencia y serenidad para evitar sufrir un proceso inflacionario.
|