ACCIONES CONCRETAS PARA ENFRENTARLA
Institucionalidad democrática frente a corrupción
Edgar Núñez Román.
Congresista de la República (PAP)
Estudios de Proética sobre corrupción en el país, a setiembre 2006, muestran la percepción ciudadana, como que el Estado necesita de la corrupción para poder operar, para realizar obras, o para llevar a cabo un trámite cualquiera. El 96% de la población califica a la corrupción de problema grave o muy grave, corrobora que el Poder Judicial sigue siendo la peor institución calificada en el campo de la corrupción y sólo un 30% de los encuestados muestra un rechazo definido hacia la corrupción. El Estado ha tratado de disminuir esta problemática de corrupción en general, desde una perspectiva punitiva y de persecución a quienes hubiesen utilizado el aparato del Estado para fines particulares; pero no se han logrado los resultados esperados.
El Ministerio Público investigó desde el año 2001 y parte de 2007, un total de 2,340 denuncias por delitos de corrupción en que están involucrados funcionarios públicos, tal como lo reveló la entones fiscal de la Nación, Adelaida Bolívar, de las cuales sólo el 16.1% de casos se archivó y 532 casos (2.7%) se formalizaron, obteniéndose en muchos de ellos sentencias condenatorias. De un total de 488 denuncias recibidas contra jueces y fiscales entre 2006 y parte de 2007, se han declarado fundadas 45, de las cuales cuatro son casos de corrupción y la mayoría por prevaricato.
Para que un sistema democrático funcione, no solamente es importante que se apliquen las normas y las reglas, sino que también es importante cómo los agentes públicos actúan para hacer que se cumpla. En efecto, cuando se le pide a un funcionario público que actúe a favor del interés público, lo que se le está solicitando en el fondo es que no sólo salvaguarde los fondos estatales, sino que vele por el mantenimiento de la confianza pública. La actuación del servicio público no solamente tiene que ser ética en apariencia, sino que debe ser transparente. Nadie denuncia, todo el suelo está parejo y toda la administración está aparentemente desparasitada de tentaciones y nubarrones de corrupción. Aquí no pasa nada, hasta que un medio de comunicación irrumpe con su denuncia y levanta el escándalo, sólo allí aparecen los falsos moralizadores con sus iniciativas y sus afanes fiscalizadores y pasado el escándalo, todo cambia un poco, para que todo siga igual, hasta que la prensa destape otro escándalo.
Necesitamos radicales modificaciones de los mecanismos de control interno. Necesitamos infundir nuevos valores ideológicos y administrativos. El Estado tiene que cerrar las puertas a funcionarios aupados en cargos de confianza que se sirven indebidamente de proyectos y programas del Estado dirigidos a los más pobres. Estos “funcionarios públicos”, de mente fresca para la viveza criolla, a quienes el Presidente de la República sugiere botarlos a patadas, han hecho de la gestión pública una herramienta a su servicio, institucionalizando la corrupción pública, ignorando que políticamente la corrupción hace que la gente no crea en el sistema democrático. De ahí la importancia de abordar estos temas como primera prioridad, para quienes aspiramos una modernización con transparencia.
La falta de medidas concretas para una gestión pública transparente se deja sentir. En los gobiernos locales, por ejemplo, las denominadas OCI, Oficina de Control Interno que dicen rendir cuenta ante la Contraloría, actúan con una autonomía limitada porque quien les paga es el fiscalizado, el municipio. Falta entonces actuación del Estado con una intervención mucho más preventiva y profiláctica, que no sólo busque sancionar situaciones nebulosas, sino que también tiene que ponerse un paso antes de ella, fortaleciendo los diferentes mecanismos de control en las instituciones y programas, sobre todo, responsables de resolver los problemas básicos de la sociedad. No basta entonces los avances en el proceso de descentralización, tenemos que avanzar en la renovación de la administración pública y en una nueva cultura de gestión de lo público, con novedosas reformas que optimicen los procesos, ahora lentos y culposos.
América del norte progresa solidariamente
Alianza entre los tres países
es cada vez más fuerte
John Negroponte
Vicesecretario de Estado de Estados Unidos.
A veces el éxito es demasiado grande para verse y los historiadores son los que informan de él, pero no en los titulares. Es posible que en el caso de la Cumbre de América del Norte, que tiene lugar esta semana en Nueva Orleans, sea diferente, pues el enfoque es en todos nosotros: –estadounidenses, canadienses y mexicanos– en tres importantes países que contribuyen a mejorar la vida uno del otro cada día.
Los líderes de nuestros países han venido discutiendo, sin precedentes, formas de cooperación entre nuestros tres gobiernos en todos los niveles, las que nos hacen a todos más seguros y más competitivos en el mundo. Han hablado también sobre la fuerza dinámica y el poder que tiene una relación trilateral que avanza debido a las millones de decisiones que toman millones de estadounidenses, mexicanos y canadienses cada día, personas que deciden que les conviene viajar, comprar y vender, estudiar, trabajar e invertir en los países que son sus vecinos.
Estamos conectados por lazos sociales, familiares, educativos, comerciales y culturales, lazos impresionantes por su fuerza y continuo crecimiento.
Los estadounidenses, mexicanos y canadienses tienen una relación comercial de bienes y servicios que rápidamente se acerca al billón de dólares al año. Juntos, Canadá y México son la fuente más grande de importación de petróleo para Estados Unidos. Alrededor de 65 millones de autos, 7 millones de camiones, y 1.5 millones de vagones cruzaron nuestras fronteras por tierra el año pasado. Invertimos casi 35 mil millones de nuestros propios dólares cada país en el otro. En la actualidad, 32 mil canadienses y mexicanos están matriculados en universidades estadounidenses y más de 11 mil estadounidenses estudian en Canadá y México.
El mensaje más importante es que la relación en América del Norte conlleva enormes beneficios, tales como empleos, seguridad energética y precios más bajos, para los ciudadanos de los tres países a una escala histórica, y lo hace de forma pacífica, legal y con cooperación. Esto habilita a los cada vez más integrados sectores manufactureros de América del Norte para competir de forma más efectiva en un mercado mundial en rápida expansión.
Hoy día, la relación de América del Norte es indiscutiblemente una plataforma dinámica para nuestro éxito en el mundo a largo plazo, así como una plataforma crítica para confrontar –más rápidamente, de mejor forma y con mayor cooperación– los desafíos del crimen transnacional y la preparación regional para emergencias que amenazan este éxito.
Es la cuarta reunión de nuestros líderes desde que se comenzó la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad. El presidente Bush, el presidente mexicano Felipe Calderón y el primer ministro canadiense Stephen Harper hablan sobre lo que nuestros gobiernos pueden hacer mejor para apoyar la cooperación entre los tres países. Hablarán sobre la actualización de la infraestructura fronteriza que se colocó hace 40 años para manejar cruces de frontera que tan sólo alcanzaban a ser una cuarta parte del volumen actual. Hablarán sobre las estrategias para coordinar nuestra respuesta a riesgos mundiales en los campos de la salud, productos inseguros, desastres naturales y ataques terroristas.
Por supuesto hay un simbolismo positivo en la selección de Nueva Orleans como el lugar de la reunión. Es un tributo al tremendo apoyo espontáneo que los pueblos y gobiernos de Canadá y México proporcionaron a los ciudadanos de esa urbe y a las comunidades vecinas tras el huracán “Katrina”. No hay otro ejemplo en el mundo de tres países tan orgullosos de sus identidades, tradiciones y valores y al mismo tiempo tan determinados al éxito común.
Los historiadores evaluarán y documentarán esta transformación continental en las décadas venideras y los redactores de titulares también tendrán la oportunidad de capturar la esencia del éxito de América del Norte. Queda en la determinación de nuestros ciudadanos el confiar y cooperar entre nosotros.
Canadá y México son dos de los aliados más importantes de Estados Unidos en el mundo. A veces damos este hecho por sentado, o no nos fijamos en ello, pero esa es la verdad.
* El vicesecretario de Estado, John Negroponte, escribió este artículo sobre la reunión cumbre de Estados Unidos, México y Canadá, en el diario The Times Picayune de Nueva Orleáns el 22 de abril.
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