VOLUNTAD. INTERNOS DE PENAL DEL CALLAO APRENDEN OFICIOS PARA GANARSE LA VIDA CON HONRADEZ
Trabajar para no delinquir
Dictan talleres de carpintería, zapatería, confecciones y otros
Antes de ingresar,
el recluso pasa por una prueba de 15 o 30 días
Gustavo Muñoz
Dejar definitivamente atrás una vida dedicada al delito, para convertirse en un hombre de bien. pasa por aprender a ganarse la vida en forma honrada, porque de otro modo, la necesidad puede catapultar a los ex reclusos a delinquir de nuevo apenas recobren su libertad.
Y que mejor que aprender un trabajo honesto mientras se purga condena. Para ello, el establecimiento penitenciario Sarita Colonia del Callao forma una legión de zapateros, sastres, peluqueros, lavanderos y otros oficios, entre los propios internos, que empieza a entender el precioso valor de un sol ganado honradamente y con el sudor de la frente.
Son seis los talleres que se dictan a los reclusos, con el fin de brindarles nuevas oportunidades laborales y económicas; además de servirles como terapia en su proceso de rehabilitación y para redimir su pena.
Estas actividades laborales, mediante las cuales los internos en el penal del Callao explotan al máximo todas sus habilidades, son carpintería (40 internos), zapatería (40), confecciones (20), tejido en yute (72), lavandería (5) y peluquería (3).
Antes de entrar en un taller, el recluso pasa por una etapa de prueba de 15 o 30 días, en la que se examinan las capacidades que posee y si se halla psicológicamente preparado para ingresar a trabajar en alguno de estos campos, ya que no puede exhibir alguna tendencia a la violencia o a la criminalidad.
“No todos tienen el privilegio de entrar a estos talleres”, afirma Richard Munive, jefe de Trabajo del establecimiento penitenciario.
Características
El primer taller que se puede apreciar es el de tejido en yute, que cuenta con el mayor número de trabajadores (72), además de ser el de menor demanda en materia prima y en que se sigue un proceso delicado y ordenado: dibujo, picado, cardado, trazado con tijera y bordeado.
El siguiente es el de carpintería, en el cual los 40 trabajadores realizan estupendas obras, como marcos de espejos, adornos, soportes de las camas, etcétera. El proceso se inicia con la selección de madera. Después el pegado, el tallado y el acabado final con el barnizado.
Encontramos también el taller de zapatería, donde los internos fabrican calzados para niños y adultos, hombres y mujeres; además de los talleres de confección, lavandería, que cuenta con dos máquinas lavadoras y dos secadoras, otorgadas gracias al apoyo de la fraternidad carcelaria Pastoral de la Esperanza, y peluquería.
No obstante, los internos no sólo se especializan en estos talleres, sino que la penitenciaría les facilita trabajar en alguna otra actividad en la que éstos hayan estado especializándose en algún otro penal o, incluso, antes de haberse involucrado en actos delictivos.
El caso más resaltante es el de Javier Agustín Gómez, quien fue apresado por robo y consumo de drogas y condenado a 15 meses. Relata que en los penales anteriores donde estuvo, él aprendió la habilidad de hacer productos artesanales con caña, como carteras. Ahora, la penitenciaría le concede la oportunidad de vivir de lo que más le gusta.
Precios
Asimismo, resulta importante mencionar que los productos obtenidos tienen un precio establecido. Por ejemplo, los tejidos de yute pueden alcanzar un precio de hasta 300 nuevos soles, de acuerdo con el tamaño y la forma del tejido; los zapatos pueden costar entre 17 y 30 nuevos soles, de buena calidad.
De tal forma, los reclusos utilizan estos ingresos para apoyar a sus familias, pero también reservan un 10 por ciento para pagar las maquinarias, materias primas, instrumentos y otros componentes necesarios para ejecutar sus trabajos.
Los productos no sólo se venden en la penitenciaría, sino también fuera de ésta, en los bazares de San Jorge y Chorrillos, en las ferias fuera de Lima y en actividades o exposiciones organizadas con el respaldo de alguna otra institución particular o estatal, como la que se efectuará el 16 de julio en el Centro Cultural Peruano Japonés.
De interés: Ayuda
1 Estos trabajos ayudan a los presidiarios a redimir sus penas, según el tipo de crimen en el que se hayan visto implicados.
2 En algunos casos, un día es redimido por cada 2 días de trabajo, en otros, por cada 5 días laborales.
3 Los reclusos, tanto extranjeros como nacionales, trabajan de lunes a sábado. Empiezan a las 09.00 horas y terminan a las 16.30 horas. |