EL ROL DE LA MUJER FRENTE A LA POBREZA
Lucha contra la explotación infantil
José Cavani Ríos.
Abogado
La explotación infantil se ha constituido, en países poco desarrollados, en una de las actividades delictivas más destructivas del futuro de los niños, niñas y adolescentes. La alta exposición al peligro degenera las condiciones de vida del menor y los acostumbra a vivir a menudo en submundos del cual les es muy difícil salir.
De esta generación, son las mujeres las que más padecen situaciones de explotación, pero paradójicamente son ellas mismas las que pueden generar cambios sustanciales a su estado de pobreza, lo que dependerá mucho del apoyo que se les pueda brindar a través de políticas gubernamentales, del interés político que despierte su precaria situación y del cambio de actitud de la sociedad frente a este problema.
No hay que olvidar que la permisividad de formas de explotación infantil, especialmente la que involucra a las niñas, se sustenta, de primera intención, en una aceptación social y hasta cultural de que ciertas situaciones (por ejemplo, los menores de la calle o las trabajadoras del hogar) forman parte de la imagen de la ciudad o que, al realizarse con la venia de los familiares, no constituye un acto ilícito.
Aunque nuestro Código del Niño y del Adolescente permite que el menor trabaje, compromete al Estado brindar una “protección especial” para su ejercicio, cuidando de que no “exista explotación económica y su actividad laboral no importe riesgo o peligro, afecte su proceso educativo o sea nocivo para su salud o para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral o social”.
Siguiendo esta pauta, en 2006, el Mimdes promulgó un decreto supremo donde presentaba un listado de actividades consideradas peligrosas por naturaleza y por condiciones, las que no pueden ser realizadas por personas menores de 18 años. En ella, están registradas las labores industriales, mineras, entre otras, que definitivamente aún hasta para un adulto serían muy riesgosas ejecutarlas.
El respeto de estas normas es una cuestión vital si se quiere disminuir el trabajo infantil; sin embargo, si se desea prevenir el nacimiento de nuevas formas de explotación, resulta pertinente establecer políticas públicas cuyo enfoque enfatice la satisfacción de las necesidades de niñas y adolescentes o que consideren las consecuencias que las mismas tendrán sobre este sector de la población.
La explicación se basa en una tendencia que está marcando el desarrollo sostenible particularmente exitoso de algunas naciones, la cual destaca el importante papel de las mujeres en organizar e impulsar cambios a favor de los pobres, de los cuales ellas representan mundialmente un alto porcentaje.
Si el escenario de pobreza es el que crea las circunstancias que impulsa a las niñas, adolescentes y mujeres a pensar en actividades que las puedan llevar a la explotación, es claro que una no es consecuencia de otra sino más bien de las condicionantes que terminan por hacerlas caer y que impiden la realización plena de sus posibilidades socioeconómicas y el mejoramiento de su calidad de vida.
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