Disminución de la pobreza
El avance económico tiene efectos positivos socialmente.
Es necesario reforzar programas sociales y dar énfasis a las políticas de salud y educación.
La reducción de la pobreza, en un porcentaje que supera levemente el 5%, constituye una grata noticia para todos los peruanos. Sin embargo, así como debemos enfatizar que la política económica actual no sólo genera cifras positivas, sino que éstas empiezan a traducirse en una elevación de la calidad de vida de los pobres del Perú, tenemos que manifestar que el crecimiento por sí solo no basta para solucionar el problema.
Tal como lo expresamos con insistencia en estas páginas, el crecimiento económico sólido, acompañado por un manejo prudente del presupuesto público, lo cual supone austeridad fiscal y equilibrios macroeconómicos, representa un paso indispensable para la mejora en la calidad de vida de los pobres.
Algunas voces han cuestionado este indiscutible éxito; sin embargo, debemos señalar que reputados científicos sociales en el tema específico de la pobreza avalaron las cifras y también participaron en su elaboración.
Sin embargo, como sostenemos, el crecimiento y la acumulación –siendo indispensables– no significan los únicos factores en la lucha contra la pobreza. En consecuencia, el Estado al intervenir en forma directa, mediante programas específicos y políticas sociales destinados al progreso social, nos conduce a la obtención de frutos positivos.
Estos resultados no sólo en cifras macroeconómicas sino en un asunto tan decisivo, como la reduccion de la pobreza, nos muestran que la combinación de manejo sensato de la economía con activos programas sociales es correcta.
Por tanto, debemos esforzarnos por mantener el crecimiento económico sólido, acompañado por un manejo fiscal responsable, y también es importante que tratemos de avanzar en reformar nuestros sistemas de salud, para que la atención primaria y la salud preventiva lleguen a los peruanos que viven en zonas de difícil acceso; al mismo tiempo, resulta preciso que las parejas, y en especial las mujeres pobres, accedan a una apropiada información sobre planificación familiar y así decidir el número de hijos que desean procrear. De este modo, podemos congratularnos –sin caer en triunfalismos– de iniciar un nuevo ciclo histórico.
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