ENFOQUE DE GÉNERO EN LA LUCHA CONTRA EL SIDA
Repensar la natalidad
José Cavani Ríos.
Abogado
Nunca antes en la historia de la humanidad se había registrado tan elevado número de adolescentes: más de mil millones nos mencionan las estadísticas. De esa cantidad, la mitad vive en condiciones de pobreza, mientras uno de cada cuatro lo hace en la miseria absoluta. Aunque esta precariedad hace vulnerable a ambos sexos, las mujeres suelen enfrentar mayores dificultades ante dos amenazas latentes: embarazos no deseados o de riesgo y las enfermedades de transmisión sexual, especialmente el VIH/sida.
Como si esto fuera poco, se ha calculado que en los países en desarrollo habrá cerca de 82 millones de niñas que estarán casadas antes de cumplir los 18 años, interrumpiendo de esta manera su desarrollo personal. Sin embargo, lejos de cualquier vínculo conyugal, los jóvenes de entre 15 y 24 años siguen todavía constituyendo la mitad de las personas que en el mundo se agregan a las cifras de infectados con el VIH, de los cuales, las mujeres representan las dos terceras partes.
El nexo que entrelaza estos dos problemas y que lo hace más expansivo en países menos desarrollados, como el nuestro, es la falta de acceso igualitario para hombres y mujeres a una educación sexual adecuada, desde la infancia, que no solo les brinde información, sino que elimine progresivamente los estigmas o prejuicios socioculturales que existen sobre este tema.
La formación que los adolescentes y jóvenes deben tener en este campo, para efecto de contrarrestar con éxito estos males, debe permitirles adoptar medidas preventivas y también hacerlos conscientes de que en su vida sexual esta protección es tanto una decisión libre como una responsabilidad compartida.
Esto se hace más urgente si contrastamos dos realidades: por un lado, en el caso del sida, éste afecta a cerca de 100 mil peruanos, muchos de los cuales ignoran que son portadores del virus porque carecen de síntomas. Tenemos, pues, tres portadores por cada mil personas. Por otro lado, de acuerdo con estudios del Banco Mundial, en nuestro país la epidemia es concentrada; es decir, la forma de transmisión del VIH resulta preponderantemente por vía sexual.
Para el Estado, adoptar una política coordinada, principalmente entre los sectores de salud y educación, cuyo enfoque sea la igualdad de género, posibilitará elevar la esperanza de vida en la población, evitando que ingentes recursos sigan distrayéndose en financiar programas de salud destinados al tratamiento de la mencionada epidemia o al cuidado de adolescentes embarazadas.
La mencionada entidad internacional ha rescatado otro hecho importante: en América Latina falta la participación de la sociedad civil para combatir esta epidemia. En nuestro país debemos recurrir a la importante reserva moral y de voluntad de los peruanos, que el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo reconoció en 2002, que ha facilitado que los sectores de menores índices de desarrollo, como las mujeres y jóvenes, puedan generar los más positivos cambios.
|