Amparo y abusos
En estas páginas, nos hemos ocupado en anteriores ocasiones acerca de la utilización abusiva del recurso de amparo. Los despropósitos perpetrados por algunos jueces condujeron no solo a construir un consenso acerca de este hecho sino a una reforma legislativa que se efectuó con la finalidad de eliminar el uso irresponsable de un recurso que nació para proteger a los ciudadanos de cualquier atropello, pero que, en algunas situaciones, ha devenido en una especie de arma para proteger a quienes desean evadir sus responsabilidades.
A inicios de esta semana, la ministra de Justicia se pronunció sobre este problema a partir de un caso concreto; sin embargo, la titular del despacho ministerial fue más allá y planteó que la sociedad civil debería estar mejor representada en la Ocma. Es decir, de lo que se trata es de una estructura más ágil que actúe con decisión para sancionar a los jueces que hacen un uso ilegítimo de las medidas cautelares.
En consecuencia, existe un tema de fondo que va mucho más allá del problema coyuntural que motivó las declaraciones de la ministra: la persistencia de abusos a partir de medidas cautelares que distorsionan su esencia y terminan convirtiéndose en armas contra la justicia. Las modificaciones legales no pueden solucionar el problema debido al carácter genérico que está en la esencia misma de este tipo de normas; por tanto, existe un amplio margen para la interpretación, y es esencial que exista un sistema ágil y transparente que impida el uso ilícito de las medidas cautelares.
En consecuencia, lo que se requiere es un sistema de control ágil, eficiente y con transparencia que permita poner un freno a la utilización caprichosa de las medidas cautelares en perjuicio de la seguridad jurídica de nuestra sociedad.
El Perú requiere fortalecer la seguridad jurídica en momentos en que vivimos una etapa de crecimiento económico acelerado gracias –entre otras razones– a nuestra apertura al mundo globalizado. En este contexto, resulta vital un sistema de justicia serio y predecible que actúe en el marco del estricto respeto a los derechos de la ciudadanía, con celeridad y honestidad.
LOS HISPANOS Y LAS ELECCIONES EN Estados Unidos
La pregunta que Clinton no escuchó
“Presidente Clinton: Soy un votante latino. Estoy preocupado por los inmigrantes latinos. Gracias a ellos, este país tiene alimentos baratos. Ellos pagan sus impuestos y aportan puntualmente cada mes al Seguro Social, pero no reciben ninguno de los beneficios del mismo. En Oregon, como en otros estados, se les ha cancelado su licencia de conducir, lo cual quiere decir que han perdido su identidad como seres humanos y que tendrán que ir caminando a su trabajo. Además, están sometidos a persecución y a humillaciones abominables.
En estas circunstancias, ofrézcanos, por favor, una buena razón para votar por la señora Clinton."
En campaña por su esposa, el ex presidente llegaba a Western Oregon University, donde soy catedrático, y yo quería hacerle esa pregunta.
Se lo dije por e-mail y personalmente a los organizadores, pero me respondieron que aquello no era un “Town Hall”, un foro libre de preguntas y respuestas. Me entrevistaron entonces los periodistas y repetí ante ellos lo que quería saber.
En forma sutil, la respuesta llegaría después en el propio discurso. En más de una hora de melodiosa perorata, el ex presidente no se refirió ni una sola vez a la inmigración, un tema que junto al de la guerra son lo que a todos nos importa. Tampoco habló de la carnicería en Irak, la cual ya no tiene plazo final en la campaña de su esposa.
Más bien, se quejó de que “un catedrático de Oregon lo estaba acusando de practicar la vieja política”.
No debo ser yo ese catedrático porque no he acusado a nadie en toda mi vida. Pero tengo una buena razón para creer que el ex presidente y toda la campaña de su esposa están contaminados de la peor forma de la política. En prueba de ello, fijémonos exactamente en lo que SÍ dijo.
Expresó que la estrategia de su campaña consiste en dirigirse a la “(Norte) América rural”. Aseguró que los condados de Oregon son, en su mayoría, rurales, y que lo que pasa aquí es lo que le importa al país.
Añadió que esa estrategia les había dado el triunfo en el estado de Pennsilvania.
En vista de las reiteradas victorias del candidato Obama, la campaña clintoniana estuvo centralmente dirigida a los votantes rurales. Ellos son lo que aquí se llama “red necks” (cuellos rojos) por su raza blanca, su trabajo bajo el sol y su carencia de educación elemental. En esas circunstancias y debido al empobrecimiento de este país, esas personas –en contraste con las de las ciudades– suelen ser en su mayoría conservadoras y racistas.
Quiere decir que ante la hecatombe, bueno es cualquier recurso. ¡Vieja política! Según las encuestas, fueron los red necks, y, en general, la gente con menor grado de educación –por visceral racismo– quienes le dieron el triunfo a la precandidata blanca sobre el precandidato de raza negra. Eso es lo que se pretendió hacer en Oregon.
La señora Clinton se unió al candidato republicano John McCain en el intento de ridiculizar al pastor de Obama, el reverendo Jeremiah Wright, quien es el orador más elocuente y moral de este país. Además, junto al conservador McCain, condenó a Obama por usar una interpretación de la sociedad tomando en cuenta la clase social y el ingreso económico. Para la señora, las únicas formas aceptables de estudiar la sociedad son el género, la etnia y la orientación sexual. Aparentemente, para ella, no hay pobres aquí.
A quienes siguen el proceso eleccionario desde fuera del país, es necesario contarles que aquí, en Oregon, se decidió el 20 de mayo quién será el candidato de los demócratas. Por una acumulación de hechos fortuitos, el empate técnico de los aspirantes debe romperse en este estado del lejano oeste.
Lo que olvidó el señor Clinton es que los votantes de Oregon no son precisamente red necks. Se cuentan entre los más liberales del país. Aquí, por ejemplo, antes que en el resto del planeta, se aprobó por plebiscito hace 15 años el Acta de Morir con Dignidad, y se han desechado una gran cantidad de propuestas conservadoras. Aquí la mayor parte de la gente es educada y sabe que, aparte de los indios, en este país todos somos inmigrantes.
Algo más, los latinos que votan son tantos que influyeron la elección en el estado que decidió la candidatura del futuro presidente de los Estados Unidos.
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