PROTEGER LOS DERECHOS DE LA MUJER DESDE LA FAMILIA
Vivir sin violencia
José Cavani Ríos.
Abogado
La violencia doméstica, y especialmente la dirigida contra las mujeres y niñas, representa a menudo una consecuencia de la cultura “machista” de nuestra sociedad. Su presencia como forma de vida familiar se mantiene por la tolerancia de las víctimas y la inacción de la sociedad civil. Y aunque no se perciba, este problema condena nuestro futuro y entrampa el crecimiento del país, ya que destruye la célula básica de la sociedad y degenera nuestro capital humano.
No obstante que las estadísticas señalen que el 23% de los hogares peruanos está dirigido por una mujer, resulta evidente que en casi todos, la participación de ellas es clave para el progreso de los que están bajo su cuidado. En ese sentido, desconocer sus derechos básicos, desde esta elemental organización provoca que el maltrato que sufren no sólo se reproduzca en su comunidad sino que se “herede” a los hijos.
Aunque en el mundo este problema tiene diversas causas, se ha llegado a dilucidar el grave impacto que éste conlleva para las economías estatales, en términos de gastos destinados al tratamiento de los afectados y procesos judiciales para los victimarios, así como el desempleo y la baja productividad que trae como consecuencia. Es decir, la violencia familiar no sólo golpea a sus miembros sino a todos nosotros.
Aunque a estas alturas la violencia familiar la padezcan principalmente las mujeres, son ellas, en el caso de las madres, las que, al mismo tiempo, se convierten en agresoras de sus propios hijos, preparándolos inconscientemente para aceptar y/o tolerar otras formas de violencia. Entonces, la mujer aparece como el elemento clave para prevenir la violencia por motivos de género. Protegerla y brindarle los instrumentos para defenderse debe convertirse en una de las tareas prioritarias del Estado.
Si las estadísticas mundiales nos dicen que una de cada tres mujeres sufre de abuso y violencia, y de las que han sido asesinadas, la mitad fueron victimadas por sus esposos o parejas, y que en el Perú cada hora una mujer es violentada, es claro que la tendencia se hace imparable si no adoptamos medidas que apunten a la prevención de las causas de la violencia contra las mujeres y niñas desde el mismo seno familiar, que es de donde se debe construir la igualdad de género en nuestra comunidad.
La voluntad política debe llevar al Estado a responsabilizarse por el respeto a los derechos humanos de las mujeres y niñas, aún dentro de un ámbito tan cerrado como el hogar, adoptando políticas sectoriales más audaces, igualitarias y no discriminatorias que descarten aquellas “actitudes y perjuicios” que mantienen la impunidad y brinden a los integrantes de la familia y de la sociedad civil la oportunidad de ser partícipes de la solución, mediante el conocimiento de sus derechos y la manera de hacerlos efectivos.
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