Avanza la Interoceánica Sur
La construcción de esta carretera internacional, que unirá los océanos Pacífico y Atlántico, es de vital importancia tanto para el Perú como para Brasil. No solo incrementará el comercio entre las dos naciones, sino que constituye una columna vertebral de integración, desarrollo y cultura de los pueblos del sur peruano con sus similares del oeste central brasileño. Es más, concluida esta magna obra, los productos brasileños y peruanos llegarán a los puertos nacionales sureños para ser embarcados con destino al Asia, lo cual, sin duda, consolidará el intercambio comercial entre los Estados miembros del APEC, en particular, y con las demás naciones del mundo, en general.
De ahí, el vivo interés y preocupación del gobierno democrático del presidente Alan García Pérez por inspeccionar y monitorear permanentemente el avance de las obras. Esto es, no solo el corrido del vaciado de cientos y miles de kilómetros de concreto, sino también el tendido de puentes sobre la gran cantidad de ríos que cruzan nuestra selva amazónica en la Región Madre de Dios.
En este contexto, el presidente García inauguró 43 puentes, el viernes pasado. Si bien es verdad que ellos constituyen parte de la carretera Interoceánica Sur, no es menos cierto que hacen posible la real comunicación vial entre los departamentos de Madre de Dios y Cusco, con los cuales, el primero de ellos, termina su histórico aislamiento. Asimismo, por primera vez, varios pueblos y caseríos logran una fluida interrelación entre sí y con las capitales de sendas regiones. Esto, habida cuenta de que los puentes han sido levantados entre las provincias de Quincemil, en Cusco, y Tambopata, en Madre de Dios, en una de las zonas con mayor precipitación pluvial del Perú.
Es de resaltar que el Gobierno se aboca a realizar un vasto plan de obras de inversión pública para el sur del país. Muchas de ellas ya están siendo inauguradas, como es el caso de los puentes mencionados. Asimismo, dos semanas atrás, el Jefe del Estado puso en operación varias carreteras y obras de electrificación que benefician a miles de peruanos en diversos puntos del territorio nacional. Sin duda, todo ello es una prueba palpable de que el Perú está en pleno desarrollo y que todos los peruanos debemos apoyar este crecimiento y progreso para alcanzar nuestro bienestar y forjar una patria mejor para las generaciones del mañana.
POLÍTICA ANTIDROGAs CON VISIÓN DE FUTURO
Solidaridad ante la amenaza
La situación de los cultivos de coca en nuestro país ha llevado a sus agricultores a discrepar con las autoridades que ejecutan la política nacional antidrogas, presentándose para algunos como un “conflicto” entre el Estado y el mundo andino. Los argumentos de estos supuestos “rivales”, aunque en ciertos casos coincidentes, no han generado aún consensos estables que construyan canales de entendimiento.
En ese sentido, ver este tema como una dualidad en enfrentamiento genera de por sí una barrera al diálogo. Así, pues, las medidas que se lleven a cabo sobre el particular deben tener como sustento el quebrantamiento de la relación de la oferta y la demanda de este insumo para la producción de estupefacientes que perjudiquen masivamente la salud de las personas no solo en el ámbito nacional o mundial sino en términos generacionales.
De esta forma, aun cuando en nuestro país existan duros cuestionamientos al origen de la inclusión de la hoja de coca en la lista de estupefacientes sometidos a fiscalización internacional, elaborada por la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes de la Convención Única de 1961 sobre Estupefacientes, debemos comprender que este tratado, en el fondo, pretende romper aquella relación.
Las estadísticas de Naciones Unidas nos descubren como uno de los tres principales países que aportan este insumo al mundo de la cocaína. Desde sus informes de 2002, este organismo internacional dio a conocer como las áreas donde se produce el cultivo de coca a las zonas de Alto Huallaga, Apurímac, La Convención, Lares, Sandia, Aguaytía y la selva central.
Aun cuando la hoja de coca tiene un valor cultural e histórico, significativo para nosotros, su industrialización masiva sin los controles estatales e internacionales que implementa dicha convención podría motivar su explotación con fines ilícitos, degenerando el uso tradicional de una planta que es tan representativa de nuestro país como la papa.
Aunque a escala mundial aquellas áreas de cultivo han disminuido en cerca de 29% en el período entre 2000 y 2006, el número de consumidores continúa siendo preocupante: 25 millones de personas de 15 a 64 que tienen problemas de drogas. Por ello, debemos ser solidarios y contribuir a disminuir esta cifra. Máxime cuando sabemos que la cooperación internacional ayuda mucho en este sentido.
La Convención Única de 1961 no pretende soslayar los legítimos derechos de las comunidades nativas y campesinas. Su interés se centra en evitar que existan cultivos de materias primas, como la coca, que sirvan a la producción de estupefacientes que no sean básicamente de uso médico o científico. Más aun, entrega la posibilidad de que los Estados autoricen la producción, importación, exportación, comercio y posesión de dichas hojas.
|