fama del caballero de los mares
Miguel Grau
Miguel Grau nació en Piura el 27 de julio de 1834. Desde la niñez, se entregó al laborioso aprendizaje de la navegación. Realizó un ciclo de diez años en la Marina Mercante que lo llevó a servir después en la Marina de Guerra.
El 14 de mayo de 1854, cuando ingresa como guardiamarina a la Armada, ya es un veterano de los mares, había navegado en un sinnúmero de embarcaciones entre 1844 y 1853. Grau fue ascendido en 1868 a la clase de capitán de fragata y en 1873 a capitán de navío; fue entonces que en vísperas de la Guerra con Chile, tomó el mando del Huáscar, que había de ser el pedestal de su gloria.
Fue un hombre recto, dotado de un corazón noble, ajeno a odios y rencores, magnánimo aun con el enemigo. Era de mediana estatura, macizo y vigoroso. El cabello y la barba formaban un marco negro que acentuaba sus facciones varoniles.
El espíritu de Grau hace grande el amor a la patria. Su vida es lección y mensaje, se aplicó a su tarea con la abnegación del que sabe que cumple con su deber.
En la mañana del 8 de octubre, un proyectil del adversario arrasa la torre de comando del Huáscar, y su valeroso comandante voló a la inmortalidad. “La resistencia del monitor fue tenaz y heroica”, dijo Riveros en su parte al ministro de Marina de Chile.
El diario Herald de Nueva York del 10 de octubre de 1879 señaló: “Que mantenga su antigua reputación ahora que (el Huáscar) se halla en otras manos es muy dudoso, porque comandantes tan hábiles como Grau no hay muchos... ha colocado repentinamente a este buque entre los más famosos que han surcado las aguas americanas.”
Inmolándose en defensa de la honra y la soberanía nacional, Miguel Grau se nos ofrece como un ejemplo permanente de sentido del deber.
Basadre relata que “... para aproximarnos a una visión fidedigna del alma de Grau es necesario pensar un momento en su actitud frente al deber. Aquí encontramos una de las normas capitales de su manera de ser. Grau ve el deber como una exigencia misma de su espíritu dentro de la realización de la propia vocación personal...”.
Óscar Rodríguez Vargas
Periodista
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