EXPERIENCIAS. GLODOALDO ÁLVAREZ ORÉ, ALCALDE DE ACOBAMBA, región HUANCAVELICA
“Trabajemos más unidos
para salir de la pobreza”
Resalta éxitos del
programa de Seguridad
Alimentaria Familiar
Sin intervención en
las comunidades, no se
saldrá de esa situación
José Vadillo Vila
Para Glodoaldo Álvarez Oré, alcalde por segundo mandato consecutivo de la provincia de Acobamba, que Huancavelica sea la región más pobre, con 85.7% de incidencia de pobreza, de acuerdo con la medición del INEI (2007), se debe a una dispersión y mal enfoque de los programas sociales.
Hace unas semanas se reunieron los alcaldes de Huancavelica con representantes del Gobierno Central, preocupados por los índices de pobreza.
–Todos estamos haciendo los esfuerzos posibles, pero considero que los indicadores de pobreza han subido en Huancavelica sencillamente porque los programas trabajan de manera aislada. No hay una estrategia de intervención de lucha contra la pobreza. Por otro lado, hay programas que están llevando a la vida ociosa de las personas: les dan asistencialismo sin ninguna asistencia técnica.
Desde 2004, Acobamba tiene un programa exitoso de seguridad alimentaria familiar.
–Sí, trabajamos en el enfoque del programa Familia Saludable, Seguridad Alimentaria para una Vida Digna, que queremos se replique en todo Huancavelica. Nuestra experiencia ganó dos veces el premio como la experiencia más exitosa en el ámbito nacional en la lucha contra la pobreza, y ha sido tomada como política del Estado para el desarrollo de la estrategia Crecer.
¿Cuál es la dinámica del programa?
–Familia Saludable, Seguridad Alimentaria para una Vida Digna interviene a una familia pobre con 15 herramientas: le pone su cocina mejorada, alacenas, sala, ropero y programas de letrinas, crianzas de cuyes e invernadero (donde producen frutas, tubérculos y cereales para su dieta alimentaria). También se le ayuda a tener agua segura, a reciclar su basura –orgánica e inorgánica–, a producir “chacras integrales”, se hace sanidad de sus animales y asesoramos en sus plantaciones, entre otros.
También hay un desarrollo del “cultivo del agua”.
–Sí, desde 2002 hacemos en forma continua un cultivo de agua. Hoy se están secando los puquiales porque no hay esas “bolsas” de agua y sus reguladores, que son las raíces. Entonces les enseñamos a las familias a regular el comportamiento del agua. Los resultados son positivos.
Con estas intervenciones, ¿han disminuido los índices de pobreza?
–Las intervenciones del programa han permitido reducir la pobreza dentro de las comunidades intervenidas en la provincia en 5.6 por ciento.
Me habla de un esfuerzo individual, provincial, ¿pero qué pasa con los otros programas?
–Tuve la suerte de ayudar a los facilitadores en la implementación de los programas sociales, pero les falta conocer más del contenido, de la convivencia, del problema del campesino y también conocer mejor los programas.
Con la convivencia de los facilitadores en las comunidades campesinas, ¿cree que mejoraría el resultado de estos programas?
–Claro. Pero no ha habido interés del Estado en ver a las comunidades campesinas, que han seguido sus costumbres ancestrales, pero sin la intervención del Estado. A las familias les han faltado muchos instrumentos de gestión, por eso vivían desorganizadamente. Y en las comunidades campean la falta de higiene, la desnutrición. Sino cómo se explica que los comuneros criaban cuyes para comprar en el mercado pollos podridos; es decir, cambiaban algo con alto contenido proteico por algo inservible. Si no haces esa intervención, seguramente no saldrán de la extrema pobreza.
Usted presentó su experiencia en varias ciudades del país en el marco de la estrategia Crecer, ¿cómo ve al programa?
–Crecer ha tomado nuestra experiencia, pero le falta articular varios componentes. No funcionará si no se articula la familia, la comunidad con los gobiernos distritales, provinciales, regionales y nacional. Todo debe de ser articulado, concertado, de lo contrario Juntos seguirá interviniendo por su lado, Pronaa por otro; el esfuerzo continuará siendo disperso y, con ello, no habrá fuerza de intervención.
¿Cuál es el nivel de penetración del programa Juntos en su provincia?
–En Acobamba, Juntos ha entrado en el 60 por ciento de las 127 comunidades.
¿Cuál sería el beneficio de intervenir integralmente?
–Le damos a la gente las ganas de trabajar. Ellos tienen fuerza, vitalidad, les falta incorporar las herramientas de trabajo dentro de las capacidades de desarrollo humano. Si no combinamos la fuerza intelectual y su dinámica, no lograremos nada; solo les enseñaremos el asistencialismo. Porque dar ropa vieja, un poco de poroto, se acaba, no tiene sostenibilidad. Eso no queremos en Acobamba.
¿Pero se quiere intervenir integralmente?
–La tarea debe de ser de todos, no de unos cuantos soldados que van a luchar frente al enemigo de la pobreza. El presidente regional tiene su propia metodología para contrarrestar la pobreza, igual el plan Crecer. Y si se sigue actuando de manera sesgada, no se logrará reducir la pobreza. Al final, habrá una división de fuerzas.
¿Qué opina de la queja de las comunidades huancavelicanas acerca de que los gobiernos distritales no les dan los recursos que les corresponden?
–Antes, toda la disposición de descentralización presupuestal se hacía mediante las municipalidades, pero ahora hay un gobierno intermedio (el regional) que ha puesto una traba: si el Gobierno Nacional suelta, el regional no les da a las provincias. ¿Una prueba? En dos años, a nosotros no nos han dado ni 10 céntimos, no obstante que la Ley de Presupuesto de la República indica que los proyectos menores a un millón de nuevos soles deben ser realizados en convenio con las municipalidades. El gobierno regional debería dar a cada provincia presupuestos iguales, como hacemos nosotros con las municipalidades distritales y los 33 centros poblados de nuestra jurisdicción. |