Braddy Romero, pintor y cineasta
Pintando el otro Cusco
Manzana Verde reúne trabajos de nuevos artistas cusqueños
Galería de arte contemporáneo presenta fotografías y pinturas
José Vadillo Vila
jvadillo@editoraperu.com.pe
En la Manzana Verde habitan ángeles pequeños en actitud de rezo. Azules, negros, amarillos. Desafían el paralelepípedo color fruta-sin-madurar de cuatro metros de largo. A su lado reposan mestizas cusqueñas absortas en sus manos o juguetones gatos que hurgan con sus uñas el piso.
Hay fotos de ñustas con pinta de modelo pospunk desafiantes a la historia, o viceversa. Varios remakes de las tablas de sarhua, claro, sin información de períodos gubernamentales incas, solo con imágenes. Imágenes de la vida, de la alegría en colores pastel...
En la Manzana Verde hay cuadros que exploran dimensiones de un Cusco que se resiste a los paisajes bucólicos, al indio tocando la quena en la puna, al resplandor telúrico de los Andes milenarios, a Sacsayhuamán, a Machu Picchu.
La galería de arte con nombre de fruta-sin-madurar busca otras maneras de mirar la Ciudad Imperial y sus actores. Casi diríamos que no está ubicada en el Cusco, pero Braddy Romero, quien hace medio año la inauguró, nos recuerda que tampoco se puede exigir a los artistas multidisciplinarios (pintores, escultores, fotógrafos, cineastas) de esta nueva hornada vivir lejos del color de las fiestas costumbristas.
Pero ofrecer esta otra mejilla de la cusqueñidad, una mirada que se resiste a los estereotipos de una ciudad mestiza por antonomasia y pegada a sus tradiciones, es un camino largo: las masas admiradoras del arte galerista (básicamente extranjeros y nacionales bohemios) recién van incluyendo a la Manzana Verde dentro de su itinerario por la Ciudad Imperial.
Hombre de ficciones
Braddy Romero apura la entrevista. Está en plena coordinación con su equipo de producción, conformado por peruanos y extranjeros, pues esta noche filman la primera escena de su nuevo cortometraje, Carita de porcelana.
No es el primer acercamiento del pintor y galerista a la dirección de cine. El año pasado, presentó Simeón (2007), un cortometraje más ligado a la ficción.
“El Cusco no es solo Kukulí (película de 1960, de Luis Figueroa) y su manera de narrar”, dice Romero. “Hoy en día hay una nueva hornada de jóvenes cineastas cusqueños que buscan nuevas formas de narrar, porque no tenemos esta tradición de narradores en el Cusco –salvo los keros ceremoniales– y tenemos que buscarla”, explica.
Comenta que esta nueva camada de cineastas cusqueños, del cual forma parte, tiene apoyo del Centro Bartolomé de las Casas en la posproducción del proyecto Amauta. Pero ese es tema de otra nota.
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