Hay que fortalecer la democracia
La democracia no sólo es el gobierno de las mayorías y el respeto a las minorías, la independencia y autonomía de los poderes del Estado para que actúen como contrapesos entre ellos en el ejercicio del poder, es la vigencia del Estado de derecho y el pleno ejercicio de los derechos humanos y fundamentales. Para ello hay que dialogar y concertar con la finalidad de llevar a cabo reformas y cambios sustanciales en las estructuras políticas, económicas y sociales del país. Solo así será posible establecer una verdadera justicia social en beneficio de todos los peruanos, dentro de un clima de paz y colaboración recíprocas entre todos los sectores involucrados en el cambio. De lo contrario, se atizará la desconfianza y la violencia, y se empujará al país a una crítica e insostenible situación.
Los enemigos de la democracia, de la sostenibilidad del crecimiento económico y del imperio de la ley, es decir, del verdadero y real orden público –entendido jurídicamente, que es la base de la seguridad pública, de la paz y tranquilidad social– son los sectores extremistas y radicales que pretenden desestabilizar a este sistema de gobierno, el mejor que hasta ahora ha inventado el hombre, promoviendo conspiraciones y actos de violencia –medidas extremas que son viables para luchar contra las dictaduras–, empero, de ninguna manera o nunca contra el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Definición universal que comenzó en Grecia y, siglos después, fue impulsada en Estados Unidos de América por el presidente Abraham Lincoln.
De ahí que, en este contexto, el Presidente de la República, Alan García Pérez, ha advertido al pueblo, a todos los peruanos en general, sin distinción de ninguna clase, de este inminente peligro, con el fin de estar alertas y hacer algo para defender nuestros derechos como ciudadanos respetuosos de la ley y del orden, y que apostamos por la inversión y el crecimiento. En verdad, sucede que la injusticia y la maldad surgen cuando dejas hacer a los malos lo que tú no has hecho. En consecuencia, los hombres de buena voluntad y bien intencionados tenemos que unirnos para deshacer o destruir lo negativo o malo que los otros pretenden hacer. De ahí que el pueblo no se equivoca al juzgarlos y condenarlos, y lo hace para beneficio de todos en nombre de Dios: vox populi, vox Dei.
El Presidente ha afirmado que hace este llamado, no obstante que el pueblo peruano sabe que por la vía de la violencia, de la restricción de libertades y el estatismo, lo único que se puede conseguir es retroceder y anular o destruir todo lo que hasta hoy se ha avanzado.
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