El Perú avanza y crece
El Gobierno realiza grandes y pequeñas obras de inversión pública que garantizan una mejor calidad de vida de los pueblos.
Debemos recordar que en la campaña electoral para la Presidencia de la República, el entonces candidato por el Partido Aprista Peruano, Alan García Pérez, sostenía que la democracia y el Gobierno tenían que llegar al pueblo, que la democracia no es tan abstracta como sus adversarios sostienen. Por el contrario, cuando un gobernante administra con democracia, ejecuta programas sociales –no necesariamente asistenciales– en beneficio de todos los ciudadanos, del pueblo mismo, es decir, del Estado, en esencia. En este contexto, ofreció que, de salir elegido, realizaría grandes y pequeñas obras de inversión pública que garanticen una mejor calidad de vida de los pueblos que más necesitan y esperan contar con ciertas condiciones básicas que les sirvan de sustento para su progreso material y desarrollo espiritual. Esto es carreteras, puentes, caminos, hospitales, colegios, servicios de agua potable y alcantarillado, de electrificación, obras de irrigación, gozar de una mejor educación, de un sistema administrativo eficiente y eficaz, promover las exportaciones facilitando el comercio exterior, estimular las inversiones, entre otros.
Para ello, sin duda, era necesario cambiar y actualizar el ordenamiento jurídico del Estado con la finalidad de que éste pueda ofrecer y garantizar la seguridad jurídica necesaria, otorgando confianza a los inversionistas para que inviertan en el país convencidos de la calificación de “país rentable”. Todo ello hace del Perú una nación que avanza y crece, con fe y optimismo en su gente, en su historia y en su propia realidad. Empero, además, había que contar con una nueva legislación que consagrara derechos laborales y seguridad social a los trabajadores de las micro y pequeñas empresas (mype) –quienes, en verdad, constituyen la mayoría de la población laboral–, y, así también, que haga posible fiscalizar los services y eliminar la prestación de servicios no personales con el Estado, tal como lo anunció recientemente el presidente del Consejo de Ministros, Jorge del Castillo Gálvez. Esta es una realidad que nadie puede negar, por lo que es evidente que los ofrecimientos y propósitos del actual Gobierno empiezan a concretarse y, es más, se cumplirán en su totalidad, al término del mismo.
En este orden de ideas, no podemos dejar pasar por alto las obras de servicio de agua potable y alcantarillado que inauguró el presidente García, el martes último, en el distrito de San Juan de Lurigancho. Ahí, como prueba de lo anteriormente apuntado, puede constatarse, in situ, que el Jefe del Estado, fiel a su idea de que “sin agua no existe democracia ni igualdad”, se preocupa personalmente para que el programa Agua para Todos realice obras en todo el país. Por esta razón, en los dos primeros años de gobierno, 900 mil personas gozan hoy de este beneficio y para 2011 serán otros dos millones que accederán a este elemental servicio público que da vida y dignidad.
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