Reforma espiritual
Frente a la reforma material y a los cambios sustanciales que vive el país, es necesario preocuparse también por la reforma espiritual. El Perú avanza y crece, pero esto es el progreso nacional material que se refleja en una sana macroeconomía y que a nivel de los ciudadanos se concreta en más carreteras, en más agua y alcantarillado en las poblaciones pobres a lo largo y ancho del territorio patrio, en más canales de regadío, represas, compuertas, viviendas, servicio de alumbrado eléctrico, más trabajo, derechos y beneficios sociales para los trabajadores de las mype, celulares, pasajes en aviación comercial, etc. Estamos conscientes –dijo el Presidente de la República, Alan García Pérez– que falta mucho más por hacer, por eso no estoy totalmente satisfecho, pero tampoco puedo estar descontento porque con esta reforma material y obras se avanza en la inclusión y ello disminuye la pobreza y extrema pobreza. Pero esto es material y nos falta la reforma espiritual.
De ahí que el Jefe del Estado señaló que hay que buscar la reforma espiritual. Argumentó su idea de que eso depende de cada uno, de cada ciudadano, de cada familia y de cada grupo humano, ya que, en definitiva, eso no se cambia con una ley o una Constitución. Eso es posible cambiarlo cuando cada persona toma conciencia y asume su responsabilidad de acuerdo con el rol y estatus que le toca desempeñar. De ahí la importancia de que todos los peruanos tomemos conciencia de la situación real que vive el país, no como una isla en la economía internacional, sino como un Estado que busca y necesita integrarse en la globalización y concretar no solo su progreso (material), sino también su desarrollo. Esto es el mundo espiritual, cultural, tomar conciencia histórica para fortalecer la identidad y unidad nacionales. Solo así se podrá tener una sociedad equilibrada entre el progreso y el desarrollo. Con justicia y visión de futuro, García subrayó la idea de que “Hay que buscarle alma al crecimiento material”.
En este contexto, es oportuno subrayar que no hay desarrollo sin progreso. Dicho en otras palabras, primero es el crecimiento, lo material y esto se logra con inversiones y trabajo, para luego tener salud, educación y confort. Segundo, es el desarrollo, lo espiritual, y ello es posible lograrlo solo cuando el hombre, tanto individual como colectivamente, asume conscientemente la importancia de su papel histórico en la sociedad. Es, pues, el espíritu o alma popular (conocido en el idioma alemán como volksgeist). Ello hay que fortalecerlo, porque el Perú tiene una inmensa riqueza cultural que, sin duda, genera con orgullo nuestra identidad de ser peruano.
En definitiva, el Presidente manifestó que: “sin pasado no hay identidad” y nos recordó que “el Perú es la madre patria de Sudamérica”. En efecto, los incas fueron integradores y ahí está el gran Estado del Tahuantinsuyo. Los españoles lo desintegraron política y administrativamente, empero, el virreinato de Nueva Castilla o del Perú se convirtió en el eje articulador del poderío hispano en América del Sur hasta inicios del siglo XIX y concluyó con la independencia de las repúblicas hermanas del continente hispanoamericano.
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