Contra la inflación, la corrupción y la pobreza
En la juramentación del nuevo Gabinete Ministerial, el martes pasado, quedaron claramente definidos los tres objetivos fundamentales que marcarán el accionar de la gestión de gobierno del flamante presidente del Consejo de Ministros, Yehude Simon Munaro. Sin duda, ellos han sido y seguirán siendo la principal preocupación del presidente de la República, Alan García Pérez. De ahí que el planteo lo hizo el Mandatario en el acto de juramentación de Simon, para que no haya duda alguna en determinados sectores y actores del quehacer político, económico y social del país.
Se trata, en efecto, en primer lugar, de luchar contra la inflación, disminuyendo el impacto de la crisis económica internacional en nuestra economía, promoviendo la inversión nacional y extranjera que, sin duda, incrementa los puestos de trabajo con mejores salarios y, también, condiciones laborales. En segundo lugar, eliminar la corrupción denunciando a los responsables sin miramiento de ninguna clase y crear una cultura de transparencia, honestidad, honradez, responsabilidad y seriedad en los cargos de la administración del Estado. Por último, en tercer lugar, contrarrestar todas las trabas y obstáculos, sean cuales fueren, con la finalidad de lograr la inclusión social y económica de millones de peruanos que se encuentran en la pobreza y extrema pobreza, disminuyendo el analfabetismo e incrementando y mejorando los servicios públicos de educación, salud y seguridad.
Lo más importante es que tanto el Jefe del Estado como el presidente del Consejo de Ministros están conscientes y convencidos de que el éxito de esta lucha en los tres frentes señalados depende de la unión nacional, en la que todos los peruanos de buena voluntad, bien intencionados y con fe en el Perú, debemos impulsar o coadyuvar al progreso y desarrollo del país. De ahí nuestro editorial de ayer que invoca a la unidad, con la finalidad de facilitar la reconstrucción o la reingeniería del Estado y del Gobierno en beneficio de las futuras generaciones; es decir, por el bien de nuestros hijos y nietos, para que tengan una patria mejor.
En este contexto, no podemos continuar con nuestra ceguera o miopía, habida cuenta de que la lucha contra la inflación, la corrupción y la pobreza es una responsabilidad y tarea de todos. Si bien los efectos dramáticos de la inflación son una consecuencia coyuntural de la crisis económica internacional, no es menos cierto que el hombre común y corriente puede ayudar a evitarla o disminuirla consumiendo productos alimenticios nacionales, antes que los importados cuyos precios se elevan ante el incremento de la demanda, que puede ser severamente disminuida si tomamos conciencia de esta realidad.
En cuanto a la corrupción, también el esfuerzo de todos nosotros es vital. ¿Qué duda cabe de que para que haya corrupción tiene que haber un corruptor y un corrupto? En consecuencia, eliminemos esta ilicitud que está destruyendo los valores éticos y morales de nuestra sociedad. Por último, la lucha contra la pobreza y la exclusión la lograremos con más trabajo y una verdadera justicia social con una adecuada y oportuna redistribución.
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