UNA ESCRITORA Y POETA DEL RUNASIMI
Canta en Barcelona
Carmen Meza Ingar
Abogada
Hace poco vi a esta poeta de nuestra lengua ancestral en Reus, ciudad de Tarragona, cerca de Barcelona, donde hablan catalán. El Municipio auspicia sus presentaciones y ahora publica en quechua y también en francés y catalán. Se trata de Lily Flores Palomino, cuyo libro Pawaq Titi fuera presentado en Lima por el autor del Canto Coral a Túpac Amaru, el gran Alejandro Romualdo Valle, hoy que en paz descanse.
Fue célebre ese acontecimiento que marcó su vida al colocarla en las antologías de escritoras peruanas, por ser autora de poemarios en quechua que al ser traducidos al castellano, pierden algo de su natural y rica expresión vital.
Menciono el Pawaq Titi porque quiere decir proyectil que impacta en la gente que tiene corazón de piedra y que contribuya a mantener vivo y encendido el movimiento de la vida y la actividad humana. Esa actividad que en todas sus determinaciones aspira al deseo ilimitado de una comprensión total de la humanidad en lo justo y en lo honesto y en la satisfacción de su necesidad de bienestar y felicidad.
Recuerdo este episodio porque ella, madre y maestra, sigue escribiendo en quechua: “¡Porque nací en una patria libre y soberana, grita mi alma todo esto!”
Uno de sus poemas más significativos es: “Manan T’anta Kanchu”, quiere decir: “El pan no está”, o quizá: “No hay pan”, más propiamente. Maestra de trayectoria, Lily se ha identificado con los niños y con los pobres. Por eso, con su obra, sus constantes poemarios, quiere surgir como una voz de ellos, de las mayorías que durante siglos permanecieron silenciosas, para elevarse como las campanas de María Angola elogiando los valores de nuestros héroes, pero viendo también la dolorosa realidad de los que llevan sus “Usutaykuna”, es decir, ojotas.
Pareciera que la poeta se inspira en el Evangelio, a veces en Vallejo, cuando afirma: “El que tenga entendimiento que entienda, el que tenga ojos mire, el que tenga oídos, oiga” Y en esa línea podemos seguir leyendo Tukuy Imapas Tukushanñan, o sea, todo se va consumando. Y es cuando reclama porque los hombres ya no tienen ternura con las madres y los niños, porque los árboles ya no beben la dulce agua de los ríos...
En su poema Sayk’uska se refiere al cansancio y al alma enferma de la patria, a la necesidad de encontrar silencio para buscar la paz. La paz es como un ideal inalcanzable, pero al que todos miramos, si somos gente de buena voluntad.
En verdad, ella canta a la vida con optimismo, desde su primigenia obra: “Troj” y sigue difundiendo nuestra vieja lengua ancestral. Después de leer cada una de sus páginas podemos decir: “¡Sumac!”
LAS REVISiONES TÉCNICAS VEHICULARES
Una nueva etapa
Domingo Tamariz Lucar
Periodista
Después de un prolongado impasse se reiniciarán las revisiones técnicas vehiculares. Esta vez es el Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC) el encargado de esa faena, que a la postre ha resultado más endiablada que la del Tren Eléctrico. No estoy familiarizado con el tema, pero me parece que este examen nunca ha tenido un resultado satisfactorio en el país.
La revisión técnica de 1987 –no podría precisar si fue la primera o segunda que se realizó en el país– se suspendió por denuncias de corrupción, largas colas y elevado costo; y la última quedó inconclusa en febrero al decretar la Municipalidad Metropolitana de Lima (MML) la caducidad del contrato de concesión con una empresa española que venía ejecutando la inspección. Según la comuna limeña, la empresa no había cumplido con el contrato. Quedaron así, de pronto, congeladas las revisiones, en tanto un tribunal arbitral de la Cámara de Comercio de Lima (CCL) se ocupaba del caso, y dos meses después emitía una resolución favorable a esa empresa. La MML expuso, entonces, que la CCL se había excedido en su competencia al ordenar el restablecimiento de las revisiones, cuando esta es una competencia exclusiva de la municipalidad.
El trabajo de las revisiones técnicas le correspondía por ley –expedida en 2001– al MTC. Pero Transportes, tres años antes, le había delegado las revisiones a la MML. Con base en ese compromiso, el concejo limeño, en setiembre de 2004, expidió la Ordenanza N° 694, mediante la cual regulaba el sistema y el funcionamiento de plantas de revisiones técnicas en la capital. Acto seguido, convocó a licitación que ganó la empresa en mención.
En setiembre de 2007 se iniciaron las revisiones y de inmediato empezaron los problemas. Fue así hasta el 7 febrero de 2008, en que la MML suspendió el trabajo de la empresa concesionaria. Hasta ese momento se habían inspeccionado 245 mil vehículos. Si tenemos en cuenta que el parque automotriz de Lima es de 850 mil, concluiremos que alrededor de 600 mil no fueron revisados. Lo que es bastante.
La revisión técnica es muy importante, sobre todo en nuestro país, donde vemos cotidianamente circular vehículos de transporte público –autos, combis y ómnibus– con una edad que muchas veces supera los veinte años. Por consiguiente, son un peligro constante en los conductores por más buenos que estos sean, además de envenenar el medio ambiente, etcétera. Con las revisiones técnicas se busca prevenir accidentes y contribuir a reducir las emisiones de gases contaminantes, así como también garantizar el cuidado de su vehículo.
El martes de la semana pasada, el MTC –que desde hace unos meses asumió la responsabilidad del examen– dio a conocer el nuevo reglamento que regulará las revisiones técnicas. Entre otros puntos, la norma establece que la empresa en referencia seguirá operando siempre y cuando se adecúe al nuevo reglamento. Pero dicha empresa, si bien considera que la medida es conveniente, por otro lado ha señalado que el reglamento “en gran parte” no rige para ella. Además, uno de sus ejecutivos ha señalado que solo podrá acogerse al cronograma de programación si este no presenta cambios sustanciales. Esta actitud es inaceptable. Esta empresa debe tener ahora un espíritu abierto y comedido. Esperamos que así sea por el bien de todos.
La revisión técnica no puede esperar más. No olvidemos que es un servicio que busca proteger la vida, en estos últimos tiempos, tantas veces segada en las pistas.
¿POR QUÉ NO SE INFORMA TAMBIÉN LO BUENO?
Labor periodística
Ricardo Sánchez-Serra
Periodista (*)
Cuando somos bautizados, recibimos tres unciones: profeta, sacerdote y rey. Hay una gran similitud entre el profeta y el periodista. El profeta tiene dos funciones: anuncia y denuncia. Anuncia la Buena Nueva y denuncia las cosas que están fuera del orden moral. En ese sentido, la carrera periodística, que tiene gran responsabilidad para con la ciudadanía, también cumple la doble función de anunciar y denunciar.
Lamentablemente, en las últimas décadas, quizá respondiendo más a una demanda de satisfacer ratings o un público ávido de saber las noticias ocultas o la telaraña de la corrupción, solo nos quedamos en la parte de denunciar y olvidamos lo que es anunciar las buenas noticias.
Así como somos incisivos para destapar escándalos, como dice la Palabra: “La verdad os hará libres”, y poner al descubierto las cosas que no se hacen de acuerdo con una conducta transparente y honesta, también deberíamos volcar nuestros esfuerzos en anunciar las buenas noticias, como, por ejemplo, promover los valores que puedan construir el Reino de Dios en la Tierra: es decir, un mundo de paz, solidaridad, generosidad y más humano.
Entonces, es en ese sentido que como bautizados, como profetas y como periodistas tenemos ese compromiso de anunciar y de denunciar. ¿Pero qué estamos haciendo? En la gran mayoría de los casos denunciamos pero, ¿cuánto proponemos?, ¿cuánto anunciamos?
Sabemos que hoy en día han muerto más de 30 mil chinos por un virus en la leche, que amenazan las crisis financiera y alimenticia mundial, pero ¿cuánto sabemos que todos los días 600 niños peruanos tienen la oportunidad de educarse, alimentarse y formarse en valores cristianos gracias a la generosa donación de personas de buen corazón a la Ciudad de los Niños, a cargo de los franciscanos capuchinos, u otros cientos en el Instituto Roncalli, por ejemplo? O que el Gobierno construirá 16 hospitales más, o que el programa Sembrando beneficia a más de 2 mil familias en Lambayeque o que la reforma pesquera beneficiará a los pescadores, al medio ambiente y al país.
Cambiemos de mentalidad, informemos las acciones positivas. Es oprobioso escuchar que no es noticia que un perro muerda a un hombre, sino que un hombre muerda a un perro. Es ignominioso ver en un noticiero que el reportero le pregunta al atropellado cómo se siente. No halaga tampoco que se nos considere que somos un océano de sabiduría, con un centímetro de profundidad.
Sepamos que los periodistas tenemos un arma en la mano y que debemos utilizarla bien porque afectamos la vida de las personas. No prejuzguemos, no condenemos sin certidumbre. El periodismo debe construir y revitalizar los valores. No sostengas como periodista lo que no puedes sostener como caballero.
(*) Directivo de la Prensa Extranjera
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