No hay crecimiento económico sin crecimiento moral
El voto de confianza recibido por el presidente del Consejo de Ministros, Yehude Simon Munaro, por el Congreso de la República, en la madrugada del viernes pasado, con el respaldo de 62 parlamentarios, significa la decisión patriótica y sincera de la mayoría nacional por apoyar, en concreto, un “crecimiento sin pobreza ni corruptos”, lo cual, palabras más, palabras menos, resume en gran parte la política general de gobierno que llevará a cabo la administración del presidente de la República, Alan García Pérez, en lo que queda de su mandato constitucional (2006-2011).
En efecto, en una extensa pero precisa exposición, Simon Munaro planteó los lineamientos de su gestión, en 2 horas 20 minutos. Ella fue resumida por su autor, en seis pilares fundamentales. A saber: lucha frontal contra la corrupción; descentralización y regionalización; desarrollo económico con inclusión; lucha contra el terrorismo y narcotráfico; país con paz social y concertación, y protección del Perú contra la crisis.
Grandes temas que son las exigencias diarias en el propio hemiciclo por los congresistas de todas las bancadas; deseos en discusión por empresarios, políticos, dirigentes gremiales y científicos sociales que delinean la construcción de una nueva sociedad; necesidades insatisfechas cuya inmediata atención es reclamada por las mayorías nacionales ante la limitada redistribución de la riqueza nacional. Mutatis mutandi, el plan de la gestión del gabinete Simon viene a llenar un gran vacío, cuya sima se profundizaba si no se tomaba este rumbo con el firme propósito de resolver los inmensos problemas materiales y morales del país. Es, pues, sin duda, un mensaje esperanzador, con programas concretos, políticas o estrategias definidas y metas claramente señaladas.
En cuanto a la lucha frontal contra la corrupción, es verdad que este mal no es coyuntural, sino estructural en nuestra sociedad. De ahí que todos podemos contribuir a eliminarla no solo denunciando a los corruptos, sino, fundamentalmente, dejando de ser corruptores. Qué duda cabe de que para que haya corrupción tiene que haber un corruptor? Eliminemos esta mala costumbre que viene destruyendo los valores éticos y morales de nuestra sociedad. Recuperemos nuestra dignidad y honestidad para construir un nuevo Perú, que se sienta orgulloso de sus hijos. Miremos adelante, con la frente en alto, porque en todos los peruanos hay esencia y naturaleza del imperativo moral que nos lleva a preocuparnos por “el deber ser”. En este esquema, el jefe del Gabinete presentará ante el Acuerdo Nacional (AN) –principal foro para concertar las políticas nacionales– su Plan Nacional Anticorrupción en un plazo no mayor de 45 días.
Otro aspecto de singular importancia es el de la paz social y la concertación, basado, sin duda alguna, en el diálogo y en el imperio del orden público como principio jurídico vital, donde de paje a rey están sometidos al mandato, cumplimiento y respeto a la ley. Esto es, en dos palabras, restablecer el principio de autoridad, no como represión sino como prevención, donde la seguridad y la tranquilidad públicas son elementos coadyuvadores para lograr y materializar el progreso y el desarrollo nacionales.
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