Tacna y Moquegua
De producirse la unión de Tacna y Moquegua en una macrorregión sería la mejor solución al problema suscitado entre estos dos departamentos-regiones por la distribución del canon minero. Este planteo del padre Gastón Garatea, presidente de la comisión de avanzada del Ejecutivo en Tacna, debería ser estudiado, analizado y evaluado con seriedad, nacionalismo y patriotismo por las autoridades tacneñas y moqueguanas.
En verdad, esta propuesta resolvería de raíz el problema material (económico-financiero) que, desgraciadamente, se impuso a los valores de hermandad y solidaridad que ambos pueblos siempre anidaron en su espíritu y que, como tal, sentimentalmente estuvieron unidos. De ahí que la posibilidad de que ellos acepten conformar una macrorregión no es una ilusión, sino la respuesta para encontrar justicia, progreso y desarrollo compartido.
Por razones históricas sustentadas en sentimientos patrióticos comunes, Tacna y Moquegua tienen más similitudes que diferencias. En este mismo contexto, ambas regiones unidas en una macrorregión piloto tendrían más fortalezas que debilidades, más oportunidades que amenazas, por lo que, a todas luces, el planteo del padre Garatea es viable en la medida en que ambos pueblos pospongan sus intereses inmediatistas y partidistas, es decir, sin visión de futuro, y quieran anquilosarse en las pugnas, rencillas y odios entre pueblos hermanos.
Un solo canon de ambas regiones serviría como una palanca extraordinaria con inmensos recursos económicos para realizar grandes obras de infraestructura en la macrorregión, cuyos pueblos demandan más hospitales, colegios, carreteras, canales de irrigación, reservorios, servicios públicos de agua potable y alcantarillado, luz eléctrica y seguridad, entre otros. Sin duda, todo ello constituye un macroproyecto que contaría con dinero suficiente para realizar estos programas de inversión, y, de igual manera, se acabaría la desidia o la excesiva ambición del progreso unilateral de un solo pueblo, olvidándose que ambos son peruanos, que ambos deben defender la regionalización como la mejor medida de descentralización con una afectiva desconcentración de funciones y responsabilidades de gestión del Gobierno Central. De tal manera, están obligados material y espiritualmente a impulsar y consolidar la democracia como mejor forma de gobierno que hasta el día de hoy haya inventado la inteligencia humana.
Qué duda cabe que la democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, donde tienen primacía las mayorías, empero, con el más profundo respeto hacia las minorías. Qué duda cabe que la democracia es libertad, igualdad y fraternidad entre los pueblos y los hombres que entregan o endosan su poder al gobierno para que éste haga lo mejor en beneficio de todos, es decir, la consecución del bien común que se traduce en bienestar general. Esto es, en concreto, el progreso y desarrollo de los pueblos que se da con la salud, la educación, con fuentes de trabajo, seguridad y confort. Entonces la pregunta es ¿por qué no se unirían?
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