ESTRATEGIA. LA MEDICINA PUEDE DARLES UNA NUEVA OPORTUNIDAD DE VIDA
La lucha contra el VIH/sida
Instituciones se unen para que pacientes reciban tratamiento
Con el apoyo de promotores y voluntarios buscan a pacientes
Rosa Galván Gómez
Lidia tiene 16 años, hace dos conoció a Julio, tres años mayor, en una fiesta de su barrio (Villa El Salvador). La libertad que le dieron en casa la desaprovechó, prefirió vivir nuevas experiencias con el enamorado que no sólo la embarazó y la abandonó, sino también la contagió con el virus del sida. De ello se enteró cuando fue en compañía de una amiga (¿y los padres?) a una posta médica porque presentaba malestares no propios de un embarazo. Cuenta que las lágrimas que derramó por el embarazo no deseado y la burla de quién pensó que era su príncipe azul fueron pocas, comparadas con lo que lloró al saber que era seropositiva. La adolescente confiesa que tuvo mucho miedo y por eso no volvió al centro de salud. Para suerte de ella, finalmente los padres comprendieron una vez más su drama y coincidieron en que era mejor que recibiera un tratamiento.
Pero no todos los casos terminan como en la novela, hay quienes acaban arrojadas a la calle o escondidas para que el resto de la familia no sea víctima de la comidilla del barrio. Otras prefieren seguir viviendo su pena sola, a espaldas incluso de la familia.
Es el caso de Lucía, que tiene 18 años y un bebé de once meses de nacido. Ella fugó del interior del país con el enamorado ante la oposición de los padres. En Comas rentan una modesta habitación.
La noticia de un embarazo no los separó, pero la historia color rosa cambió de tono cuando los resultados de unos análisis por una continua infección vaginal arrojó VIH positivo. Tenía cinco meses de gestación, un mes después, prematuramente, nació Carlos, también con VIH. ¿Qué pasó? Víctor (23), el papá de la criatura, baja la cabeza y prefiere no hablar del tema; sin embargo, a la pregunta qué aconsejaría a los jóvenes de su edad responde “que se cuiden” (no tengan relaciones sin protección).
Mientras él nos explica el tratamiento que reciben en el hospital San Bartolomé, Lucía, quien aparenta 14 o 15 años, juega con el bebé cual niña con su muñeca. “Qué podemos hacer, tenemos que seguir adelante”, comenta. A la pregunta que le hicimos a su pareja responde: “yo aconsejaría que piensen bien si deciden tener relaciones sexuales; no sé, tal vez que se saquen un análisis para no ser contagiadas”.
Víctor se gana la vida como estibador y aunque asegura que trabajará más por su familia, lo cierto es que apenas sobreviven con un par de sillones, una cama y una pequeña cocina. A la vista, ella y el menor tienen bajo peso y la amenaza de una tuberculosis (TBC) podría agravar su situación. Ellos han decidido no contar su caso a la familia y menos a sus vecinos, por ahora. Ellos necesitan un friobar para poder conservar los medicamentos del bebé, pues su tratamiento es especial.
Análisis
Otro caso es el de Melissa Jockey (33), nombre con el que prefirió identificarse esta modesta madre de familia de San Martín de Porres. Los análisis de una fuerte diarrea de su hija de siete años de edad en el otrora Hospital del Niño revelaron en 2007 que tenía VIH-sida, lo que no aceptó hasta que se agravó. “No quería perder a mis hijos y menos que muera la menor, por eso acepté mi realidad y decidí cambiar.”
“Fui arrojada por mi madre siendo una niña, en la calle aprendí a drogarme y prostituirme hasta que conocí al padre de mis dos hijos mayores de 14 y 12 años de edad, pero después me separé y con Carlos, mi segunda pareja, tuve dos hijos más (de 9 y 7 años). Ahora me dedico al reciclaje, vendo caramelos y lavo en los comedores populares para que tengan algo que comer; él a veces me ayuda, me separé porque me pegaba mucho”, cuenta. Carlos –separado de ella– no acepta que tiene sida; por tanto, podría estar contagiando a alguien. Ella es una de las pacientes ejemplares, cumple su tratamiento y el de su hija al pie de la letra. “Desde que toma los antirretrovirales ha subido de peso”, dice al soñar que quisiera tener una cocina, bolsas de golosina o una carretilla para trabajar. “También quiero que mis hijos estudien”, agrega con un entusiasmo inquebrantable. “Debo luchar, no tengo de otra porque yo sí quiero a mis hijos.”
En común
Lidia, Lucía y Melissa tienen cosas en común: primero no quisieron aceptar que eran seropositivas (comprensible), después con el apoyo de promotoras, voluntarios y personal del Ministerio de Salud (Minsa) le pusieron muchas ganas para seguir adelante con un tratamiento oportuno y eficaz.
Las dos primeras fueron captadas por voluntarias. “Ellas entendieron que VIH no es sinónimo de muerte, que deben seguir un tratamiento de por vida y tener calidad de vida para vivir; pero esa atención debe ser oportuna”, refiere por su parte Betty Espíritu Salvador, enfermera del Programa de Tratamiento Antirretroviral de Gran Actividad (Targa) de Socios en Salud, una ONG cuya experiencia exitosa en la captación de pacientes con TBC motivó para replicarla en la captación de niños y madres gestantes víctimas de VIH-sida.
Valiosa experiencia
La sospecha de un subregistro de casos de niños y madres gestantes, advertida de estadísticas, hizo que el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), el Ministerio de Salud (Minsa) y la ONG Socios en Salud iniciaran a principios de este año el proyecto Ampliando la Cobertura de Atención a Niños con VIH-Sida, cuyo objetivo es mejorar el acceso de los niños en situación de vulnerabilidad y niños afectados por el mal a servicios de atención integral de calidad.
La primera misión que se propusieron fue encontrar, en un plazo de seis meses, un promedio de 400 casos. Sin embargo, sólo a los dos meses de empezado el trabajo de búsqueda hallaron a 710 niños con VIH que no habían sido registrados.
Para esa labor de captación y atención de los menores fue importante la intervención de la comunidad, particularmente por un equipo de campo integrado por una enfermera, supervisores y promotores voluntarios.
Ellos fueron barrio por barrio y casa por casa buscando a las madres que alguna vez llegaron a los puestos de salud y luego desaparecieron. Algunas veces preguntando entre los vecinos sobre la existencia de una mamá gestante enferma o algún niño que se enferma continuamente. La tarea continúa..
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