A PROPÓSITO DEL SANTO DE LIMA
El Centro Histórico
Domingo Tamariz Lúcar
Periodista
En cada aniversario de Lima, “como ya es costumbre”, se solicita a los expertos un comentario sobre los males que asedian a la ciudad. Comentarios que, en algunos casos, concluyen en que Lima se ha vuelto actualmente más horripilante aún que el título que proclama el ensayo de Sebastián Salazar Bondy; escrito cuando la migración andina estaba en su plenitud y Lima empezaba a dispararse sin ningún plan ni nada por el estilo; se agrandaba, crecía caóticamente. Y al estirarse, también crecían sus problemas.
No sé si Lima Metropolitana es hoy más horripilante o espantosa que en los años sesenta, década en la que Salazar Bondy escribió su famoso ensayo. Creo, sin embargo, que algo se ha avanzado. En los últimos años, los pueblos jóvenes de la década del setenta han mejorado su paisaje y urbanismo, aunque no siempre acertado. Ahí está, por ejemplo, el distrito de Los Olivos, que acaso no tiene nada que envidiar a circunscripciones tradicionales como Jesús María y Magdalena del Mar. En los gobiernos municipales de Andrade y Castañeda algo se hizo. Y en esto no debemos ser egoístas, hay que tener la nobleza de reconocerlo. No por las puras encabezaron encuestas. Esto no quiere decir que debemos quedarnos tranquilos frente a los problemas que atosigan a Lima Metropolitana, que son para correr, como el tránsito, la contaminación, la seguridad, entre otros.
Pero lo que a mí más me preocupa es la vieja ciudad, que no supimos cuidar y renovar a tiempo, que en su descenso ha cedido a la invasión, cada vez mayor, de la delincuencia y la prostitución y, por otro lado, a actividades ajenas como la industria gráfica, que riñe con sus títulos y pergaminos.
Desde el lanzamiento de Lima, la horrible, se han realizado coloquios, seminarios, conversatorios, y sabe Dios cuántas cosas más, buscando la fórmula para salvar a la ciudad de la incuria. El tráfico era, por aquellos años, cada vez más endemoniado; el jirón de la Unión “tan angosto y frecuentado” olía cada vez más a fritanguita; la venta ambulatoria había tomado el centro de la ciudad; los balcones se caían a pedazos, hasta que llegó un profesor florentino, Bruno Roselli, para hacernos ver que al deshacernos de los balcones estábamos matando uno de los símbolos de la ciudad.
Empujados por esa realidad, no solo sus principales vecinos abandonaron el Centro Histórico, también lo hicieron empresarios y dueños de tiendas. Y en esa suerte, casonas, edificios y hoteles quedaron silentes, vacíos, sin vida. En la actualidad, hay más de 50 moles de cemento deshabitadas. Y en esa desventura, para colmo de males, hay fincas que están por desplomarse. Entre tanto, el hotel Savoy ha sido ocupado por incontables imprentas, que han cambiado su paisaje de otrora. ¡Qué horror!
Esta es la Lima de hoy, “que caminaron Santa Rosa y el beato Martín de Porres, Grau y Bolognesi”; la Lima que nos vio nacer, crecer y, finalmente, envejecer, acaso sin sentirlo. Esa Lima que, gastando el hígado, nos resistimos a perder.
¿CUÁNTO CUESTA EL CONTROL?
Cómo combatir la corrupción
David Medianero Burga
Economista
El control gubernamental, aquel que cautela el buen uso de los recursos públicos, cuya responsabilidad está a cargo de los órganos de control, especialmente la Contraloría General de la República, y que recae, en términos amplios, sobre las instituciones de gestión pública, tiene, además de obvios beneficios, costos.
El costo mayor, sin embargo, no es su costo fiscal, que podría llegar al medio punto del presupuesto nacional, equivalente tal vez al 0.1% del PBI nacional. El costo más importante está dado por su efecto sobre la eficiencia de la gestión pública y, a través de ello, su efecto final sobre la actividad económica.
Sí, un buen control podría evitar la pérdida de hasta un 5% de inversión potencial, inversión que se perdería en un contexto de alta corrupción pública, lo que a su vez implicaría medio punto en la tasa promedio anual del PBI. Un mal control o, su vertiente sutil, un sobrecontrol, podría, sin embargo, propiciar la pérdida de una inversión y un crecimiento del PBI igual o mayor.
Por ello, el sistema de control de un país debe conservar siempre el difícil equilibrio entre los extremos, concentrando su fuerza en las acciones de gestión relevantes. Ello implica un control inteligente que combine el desarrollo de acciones de control preventivo, prevención precoz de posibles actos de corrupción a través del uso de indicadores de riesgo. Así, también, control posterior rápido y efectivo, promoción del autocontrol, realización de acciones de control mediante los órganos desconcentrados del sistema y la promoción del control social, que incluya la inmediata atención de denuncias ciudadanas y las denuncias de los medios de comunicación.
De esta manera, se podría superar el problema de corrupción pública, sin dejar afectar el logro de mayores niveles de eficiencia en la gestión pública. En conjunto, el logro de ambos objetivos permitiría elevar la gobernabilidad del país en su conjunto.
El control efectivo tiene algunas llaves que los gobiernos debieran utilizar. En primer lugar, el control debe ser, ante todo, de carácter preventivo. Pues, conforme lo muestra la estadística nacional e internacional, por lo general las acciones de control posterior solo permiten recuperar, en promedio, un máximo del 10% de los recursos perdidos por actos de corrupción.
En segundo lugar, las acciones concretas de control deben llevarse firmemente hasta su conclusión en una sanción severa, lo que implica una mayor coordinación con la Fiscalía de la Nación y el Poder Judicial, de modo que el castigo no solo haga justicia en la persona del funcionario involucrado, sino que actúe como el más poderoso instrumento de disuasión respecto de potenciales nuevos actos de corrupción.
En tercer lugar, debe ser un control consejero, que evalúe la gestión más allá de la razonabilidad de los estados financieros presentados y acompañe a los funcionarios en su empeño por mejorar los niveles de eficiencia y gobernabilidad de sus respectivos sectores, los ayude a evitar faltas administrativas involuntarias y, desde luego, le ahorre el país las pérdidas económicas subsecuentes. Debiera desterrarse aquella respuesta de auditor tradicional: no puedo opinar sobre tal procedimiento porque después lo voy a controlar.
Para afrontar este reto, el control tiene hoy un gran aliado: la información. Mediante la utilización de las bases de datos disponibles y la adopción de sistemas inteligentes podemos detectar actos de corrupción en cualquiera de las fases del ciclo de control, desde los momentos iniciales de preparación de los fraudes hasta la disposición final del dinero mal habido de quienes decidieron traicionar la confianza del país. El control puede ser más inteligente que la corrupción y puede hacerse en tiempo real, por lo que en el mundo de hoy los corruptos podrían quedarse sin escondites.
OBJETIVOS Y FINES EDUCATIVOS
El emprendedorismo
Mercedes Tinoco Obregón
Profesora de la Universidad de Ciencias y Humanidades
E l emprendedorismo constituye incuestionablemente una excelente y novísima corriente pedagógico-educativa que se incluye básicamente en la formación de cualesquier profesional, pero juzgamos que con mayor incidencia e importancia en el comercio, la industria, la administración y el fenómeno bancario. De esta heterogénea variedad utilitaria se desprenden los objetivos que persigue. Éstos son muchas y muy heterogéneas, pueden delimitarse de la manera siguiente como elemento vital en la consecución del éxito profesional y especialmente en el terreno laboral.
a. Como proceso histórico-social y cultural a través de los cuales se produce la incorporación de los elementos formativos del hombre.
b. Persigue el fermento de las aptitudes y cualidades del hombre en forma espontánea.
c. Perfecciona las orientaciones vocacionales del hombre en la procura del éxito.
d. Como proceso educacional tiende a orientar lúdicamente la vocación libre y espontánea del hombre.
e. Busca la eficiencia y la efectividad, a través de la correspondencia entre las actividades efectuadas y los efectos esperados o deseados, es decir, el grado efectivo en que se han logrado los objetivos planteados y propuestos, a lo largo de la puesta en práctica e las actividades y tareas programadas.
f. Cultivo de la empatía, como capacidad para experimentar en uno mismo los sentimientos de otra persona, y que equivale a colocarse en el lugar del otro, identificándose con él.
g. Apreciar la realidad desde una perspectiva distinta de la propia.
h. Tener en cuenta que la empatía constituye una suerte de ampliación de la identidad individual que busca la comprensión de los aspectos y particularidades ajenas; en ese sentido, es una habilidad social que representa una forma de comunicación sumamente valiosa en los procesos de intersección colectiva. También puede considerarse como la capacidad de proyectar hacia las demás personas sentimientos y valores positivos.
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