Alberto Quintanilla. Artista
Contra
viento y marea
Señala que tuvo
un duro camino antes
de alcanzar el éxito
Confiesa deseo
de dirigir la Escuela
de Bellas Artes
Alonso Mesía Macher
Predestinado para el arte, Alberto Quintanilla es sin lugar a dudas una de las figuras más representativas de la plástica peruana. Hoy disfruta de un éxito rotundo y su obra desfila por algunas de las salas más prestigiosas del Viejo Continente. Sin embargo, este triunfo que parecía inminente desde un inicio demoró mucho tiempo en llegar.
Hace casi cuarenta años, Quintanilla, aún joven, acababa de graduarse con honores en la Escuela Nacional de Bellas Artes. Su propuesta, desbordante de magia y simbolismo, no tuvo lugar en la Lima de esos años, por lo que decidió partir rumbo a París. Una vez en esa ciudad, en medio de los años sesenta, su título no tuvo mayor relevancia, por lo que se vio obligado a inscribirse en la Escuela de Bellas Artes local. Ahí, precisamente, empezaría una lucha sin tregua contra la adversidad.
Tuvo distintos oficios en los primeros años, desde cargador en el mercado hasta lavaplatos en algunos restaurantes. Después de un tiempo, saldría a la luz su talento como cantante y haría distintas actuaciones en bares y cabarets. Sin embargo, pronto la bohemia, las amanecidas del oficio, entre otras contrariedades, le empezaron a hacer perder perspectiva. De esta forma, cayó en la cuenta de que era necesario dejar la vida nocturna y se dedicase de lleno a su profesión. Es así cómo, después de algunos años difíciles, se graduó en medio del famoso y apasionado mayo de 1968.
Camino al éxito
La receta de la victoria artística de Quintanilla radica precisamente en la representación de rasgos particulares de la cosmovisión andina. En la magia que habita en el Cusco –su ciudad natal– y las particularidades y simbologías que este origen le ha inculcado.
“Conozco y admiro el renacimiento italiano, Miguel Ángel, Rafael, Da Vinci..., pero mi país es maravilloso y tengo que hablar de él. Tengo que hablar del Perú, tengo que hablar del Cusco”, cuenta el artista a cerca de sus inclinaciones temáticas.
Aspiraciones
Ahora que el destino da carta blanca para cualquier muestra que tenga en mente, Quintanilla hace una confesión interesante: fuera de todos los planes de exposición que viene programando, le gustaría ser director de la Escuela de Bellas Artes de Lima. Siente que debe trabajar por la institución y por las jóvenes generaciones de artistas que se vienen preparando.
La capacidad evidentemente está y Quintanilla está dispuesto a tomar la responsabilidad. Siente, sin embargo, que a pesar de su talento y disponibilidad, a veces se le sigue queriendo ignorar.
Datos adicionales
1 El próximo año la magia de Quintanilla tendría como destino Bruselas y Ginebra, ciudades en las que se alistan sendas exposiciones.
2 El artista está preparando también muestras para México y el Perú.
3 Comenta el artista que todo el tiempo se dedica a la creación. Se mantiene casi el día entero escribiendo, pintando, esculpiendo o dibujando.
4 Quintanilla opina que el Ministerio de Cultura sería un gran aporte no sólo para el Perú sino para Latinoamérica en general.
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