Crece el consenso por la paz
Iniciativa peruana puede convertirse en un mecanismo de paz y desarrollo que refuerce la institucionalidad de Unasur.
Desde que el presidente Alan García Pérez, en nombre y representación del Gobierno y del pueblo del Perú, propuso el Protocolo por la Paz, la Seguridad y la Cooperación en Sudamérica, se han producido reacciones positivas y receptivas de los gobiernos y representantes parlamentarios de los países del subcontinente.
En las últimas semanas, un sentimiento común de amistad y buena vecindad se patentizó en la voz autorizada de los presidentes de Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador, Paraguay y Uruguay, mientras que las misiones gubernamentales enviadas por el Gobierno peruano prosiguen sus fructíferas gestiones.
El mandatario de Ecuador, Rafael Correa, ha enviado una carta al Jefe del Estado peruano en la que hace suya la propuesta del mencionado protocolo y se compromete a sustentarlo en el seno de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), en su calidad de presidente pro témpore de esa comunidad.
La receptiva y abierta disposición de Ecuador adquiere mayor importancia si se tiene en cuenta que la propuesta peruana se discute hoy en Quito en la reunión de cancilleres y ministros de Defensa de Unasur. Peter Hakim, presidente de Diálogo Interamericano, prestigioso centro de análisis político e intercambio sobre asuntos del hemisferio occidental, opinó que la iniciativa peruana puede convertirse en un mecanismo de paz y desarrollo que refuerce la institucionalidad de Unasur.
El experto polítólogo internacional ha observado que ese organismo, en su corta existencia, necesita consolidar su institucionalidad con mecanismos y procedimientos eficaces, para dejar de ser solo “una conferencia de países con buenas intenciones”.
La nueva presidenta del Parlamento Andino, Rosa León, anunció también que buscará sensibilizar a los integrantes de ese foro sobre la necesidad de frenar la carrera armamentista y unirnos en el continente contra la pobreza y el subdesarrollo.
Hay que tener en cuenta que el protocolo entraña, en primer lugar, un acuerdo de no agresión y seguridad, de modo que no haya uso de mecanismos de guerra entre las naciones sudamericanas.
En segundo lugar, figura la creación de un cuerpo de paz que se encargaría de ejecutar acciones de interposición ante un potencial conflicto.
Y, finalmente, aplicar una reducción efectiva del 3 por ciento al año en gastos militares y de 15 por ciento, en cinco años, en nuevo armamento.
Al ser suscrito por todos los miembros de Unasur, el protocolo tendría carácter obligatorio y los capitales dejados de invertir en la compra de armas serían derivados a los programas nacionales de lucha contra la pobreza. Todas estas medidas multilaterales contribuirían grandemente a bajar las tensiones y, por el contrario, robustecerían la confianza entre naciones hermanas, unidas no solamente por vecindad geográfica sino por profundas raíces históricas y comunes intereses futuros.
En este contexto de esperanzas y buena voluntad, el Perú emerge no solo como país líder en crecimiento económico y justicia social, sino también como nación pacifista que extiende, con franqueza y sinceridad, los brazos de la cooperación y el entendimiento a los pueblos hermanos.
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