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PAUL MARTIN. REPRESENTANTE DE UNICEF EN EL PERÚ
“El Perú es líder en reducción de mortalidad infantil en la región”
Maritza Asencios. masencios@editoraperu.com.pe

Entrevista. El alto funcionario destaca los logros del Perú en la reducción de la desnutrición crónica y la anemia infantil, entre otros indicadores, con motivo de los 25 años de la Convención sobre los Derechos del Niño y, además, revisa los desafíos del país.

Estamos ad portas de los 25 años de la Convención sobre los Derechos del Niño, ¿cómo está el Perú en el cumplimiento de sus compromisos?

–Los procesos de ratificación de convenciones internacionales tienen un camino jurídico de análisis. El Perú firmó en el primer grupo y desde el inicio demostró compromiso. Es una convención de derechos humanos en un marco internacional, que se origina dentro de los países y su cumplimiento es responsabilidad de los países. Naciones Unidas y Unicef apoyan al país en el monitoreo y asistencia técnica, pero la responsabilidad es del Estado.

–¿Qué nuevos enfoques trajo la Convención?

–Es un tratado internacional de derechos humanos. Eso implica un cambio de enfoque, pues antes teníamos declaraciones de buena voluntad. Al convertirse en tratado impone obligaciones a los países en términos de implementación y de informes al Comité de los Derechos del Niño de la ONU. Por otro lado, los códigos del niño antes de la Convención tenían un enfoque sobre niños en situación excepcional; es decir, de la calle, abusados, etcétera. La Convención tiene un enfoque integral, porque todos los niños tienen derechos y viven en algún tipo de riesgo. Es un enfoque universal, coherente con un tratado de derechos humanos.

¿Nuestra legislación debe adecuarse a ella?

–Uno de los requisitos fue una adecuación de la legislación nacional. Actualmente, estamos en una segunda adecuación del código de la infancia. Las recomendaciones del Comité de los Derechos del Niño son de aplicación obligatoria.

En 2006 se mandó un informe al Perú y empezó el trabajo para un nuevo código a cargo de un comité técnico del Congreso. Luego se trabajaron nuevos borradores en la Comisión de Justicia, que después pasaron a la de la Mujer. En los próximos meses irá al pleno, lo más probable es que habrá una nueva versión del código de la infancia a mediados de año.

¿Cuáles son los principales avances?

–Podemos destacar diversos avances desde su implementación en salud y desarrollo infantil temprano. El Perú es uno de los países con mayor reducción de mortalidad infantil en el mundo y líder en América Latina. Mientras en 1990 de cada 1,000 niños menores de 5 años morían 79, en 2012 la cifra disminuyó a 18 (reducción del 75%). El Perú es visto por otros países como un modelo a estudiar.

El informe de Unicef de 2012 destacó estos avances y reconoció al Perú como líder en este campo. En desnutrición crónica y anemia infantil se pasó de 28.5% en 2007 a 18.1% en 2012, producto de un conjunto de factores.

Sin embargo, continúan las iniquidades y disparidades a escala subnacional y por etnia. Un tercio de la población en Lima goza de servicios, mientras que en las áreas rurales y las poblaciones indígenas, y particularmente en la Amazonía, la presencia del Estado es menor, así como el acceso a servicios de salud, nutrición, educación, instancias de protección. Además, entre los indígenas, patrones culturales como matrimonio y embarazo precoces complican el tema. Con altos promedios en educación primaria y registro infantil que supera el 90%, la pregunta es quiénes pertenecen a ese pequeño porcentaje que queda.

¿Siempre se refiere a comunidades indígenas?

–No únicamente. Existe un 1% con desnutrición crónica en distritos como Miraflores y San Isidro; es decir, incluso en aquellas zonas con las mejores condiciones. La pregunta es, ¿quiénes son? Normalmente mujeres o indígenas. Existen problemas estructurales relevantes para alcanzar al 100% que implicaría implementar derechos en zonas alejadas como la provincia de Purús (Ucayali), con alta mortalidad infantil y desnutrición crónica, y con 0% de saneamiento.

Son las realidades de un país diverso con una presencia desigual del Estado. En este 3% o 10%, las respuestas universales no son suficientes y debe pensarse en un esfuerzo focalizado en poblaciones marginadas.

¿Estas cifras negativas se mantienen solo en el área rural?

–No se notan en zonas rurales que son cabeceras distritales y existen diferencias entre Sierra y Selva, por la presencia del Estado y el acceso a los servicios. A escala nacional existen dos grandes desafíos: la exclusión étnica, porque quienes sufren falta de servicios y malos indicadores son los indígenas, sea de zonas urbanas, Sierra o Selva. Y el otro desafío es la marginalización de la Selva.

Hace 30 años la población rural tenía indicadores dos veces peores que el promedio nacional y los indígenas, el doble.

El estudio de Unicef de 2011 mostró que en los últimos años la situación de los indígenas en la Sierra se acercó a los promedios rurales. Sigue debajo de los promedios nacionales, pero la brecha entre rural e indígena en la Sierra se ha cerrado, mientras que en la Selva se mantiene.

¿Cómo se cerró la brecha rural en la Sierra?

–Los programas de adecuación cultural de los servicios de salud no solo permiten sino también incorporan protocolos de salud, de manera que las mujeres indígenas, por ejemplo, prefieren dar a luz paradas o sentadas, y no echadas como es la costumbre occidental, que era un motivo por el cual no acudían a los servicios profesionales de parto. La adecuación cultural ayudó a reducir la mortalidad neonatal y materna.

Estuve en el distrito de Ccatca, región Cusco, y me informaron que no tuvieron una sola muerte materna en 11 años, coincidiendo con ese proceso. Es la evidencia de que las cosas funcionan. Las localidades con menor desnutrición crónica son aquellas donde se implementaron programas de vigilancia comunitaria de desnutrición, y de crecimiento y desarrollo de los niños.

¿Esos programas estaban a cargo del Ministerio de Salud?

–Principalmente de Salud. Ahora el Midis asume los de la desnutrición crónica. En la Selva, por la menor presencia del Estado, es un desafío, pero el Gobierno está dando los primeros pasos. Los buques de la Marina llevan servicios a las comunidades del río Napo. Sería preferible tener servicios permanentemente; que el Estado llegue es clave para reducir a cero el registro de los niños y garantizar la matrícula escolar.

El Perú implementa los derechos garantizados en la Convención, reconociendo los desafíos. Los avances son importantes así como buscar soluciones, lo que requiere una conciencia de los problemas.

Existen desafíos universales como la violencia familiar, que no respeta clase social ni ingresos económicos. En otros países no existe gran diferencia entre incidencia de violencia familiar en zonas ricas y pobres. Ojalá que la nueva versión del código de la infancia y los medios de comunicación ayuden a poner en primer plano los casos de abuso y explotación. Cambiar la normativa no solo requiere cambiar la ley sino también las conciencias. La sensibilización es importante para que la normativa se implemente.

Equidad de género

Unicef presentó recientemente un video sobre equidad de género en la educación, en el que se aprecia una combinación de patrones culturales en las brechas en el sistema educativo para las niñas.

Martin explicó que las adolescentes de zonas andinas y amazónicas siempre están en la periferia del aula, a cargo de la limpieza o trabajos domésticos. Los familiares prefieren que los varones asistan a la secundaria, pues las niñas están más expuestas a riesgos. En las zonas urbanas preocupa la violencia externa y el bullying.

"En las adolescentes las brechas aparecen en la educación secundaria, con patrones que empiezan antes y que llevan a la exclusión y marginalización."

Indicadores como mortalidad infantil, desnutrición crónica, entre otros, no muestran iniquidad por género. "Esto es un avance."

Combatir la violencia

Para reducir la inseguridad ciudadana es necesario asegurar que los niños no experimenten violencia en la familia, comunidad o escuela, afirmó Martin.

Las radiografías muestran que el cerebro de un niño con estrés tóxico (que vive violencia intrafamiliar) genera químicos que dañan su cerebro de la misma forma que la desnutrición crónica. "Podemos cumplir los derechos de educación y nutrición, pero si no atacamos la violencia seguiremos teniendo problemas de rendimiento escolar y productividad económica."

Empezar en la primera infancia es la única forma de acabar con estos casos o reducirlos al mínimo. Por eso es fundamental el trabajo del Midis desde una perspectiva intersectorial, como el compromiso del Gobierno de trabajar temas de primera infancia más allá de la desnutrición y salud.




Publicado: 31/03/2014
“Perú es visto por otros países como un modelo a estudiar [en reducción de mortalidad infantil].”
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