Domingo, 26 de abril de 2015. Año de la Diversificación Productiva y del Fortalecimiento de la Educación

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REFLEXIÓN
La sorprendente familia de Margarita Suárez
Luis Alberto Amico Periodista

La historia de Margarita Suárez y de los lazos que cultivó en vida hizo noticia en estos días y ha resultado ser inspiradora para miles de personas. Esta anciana mujer mexicana, que murió a principios de marzo, pasó los últimos 20 años cuidando y alimentando perros y gatos sin hogar. Fue una elección de amor desinteresado al ver a estos animales sin un dueño, sin cariño y sin el cuidado que necesitaban. No los llevó a su casa, pero ella fue el hogar de todos ellos.

Lo que ni ella ni nadie nunca imaginó es que al entrar el ataúd con sus restos al lugar del velatorio, ingresarían al mismo tiempo numerosos perros de la calle para hacerle respetuosa compañía. Este hecho causó una gran sorpresa entre los presentes, que comprobaron ese día que la familia era más grande de lo que pensaban.

Y no podía ser de otra manera, pues como dio a conocer su hija Patricia, resulta que esta generosa mujer realizó su caritativa labor solo en la ciudad donde pasó casi toda su vida, Mérida, situada a más de 1,300 kilómetros de Cuernavaca, su ciudad natal, a la que había viajado diez días antes al empeorar su estado de salud y donde finalmente murió y estaba siendo velada.

Entonces, si esos canes no habían conocido a doña Margarita ni se habían beneficiado de sus atenciones y cuidados, ¿qué los hizo llegar, ‘hacer guardia’ en torno a su féretro, acompañar a sus familiares, jugar con ellos y darle la cuota de alegría a su funeral?

“No lo podíamos creer, pero estábamos felices de que estuvieran ahí, pues fue el amor de mi madre lo que logró este acto inesperado e increíble”, contó emocionada Patricia. Es algo difícil de entender, pero toda posible explicación de lo ocurrido pasa necesariamente por la palabra amor.

Amor humano y también amor animal. Fidelidad, respeto y agradecimiento. Esto es particularmente cierto en el caso de aquellos canes abandonados y que alguien los adopta. ¡No hay perros más felices, agradecidos y fieles que ellos!

Dicen que la naturaleza no perdona. Eso lo experimentamos cada vez que nuestro planeta protesta ante tanto maltrato de nuestra parte. Pero la naturaleza también sabe ser agradecida, y con su sencilla sabiduría parece invitarnos a aprender a convivir en armonía unos con otros, prestando especial atención en el más frágil e indefenso. Cualquier pequeño detalle en favor de estos ‘pequeños’ seres inicia una virtuosa cadena de bondad y agradecimiento que tarde o temprano se volverá hacia uno mismo. Esos lazos que vamos creando con amor, bien pueden perdurar más allá de la vida.

Solo queda apuntar un detalle más que mencionó la orgullosa hija de Margarita: “A las tres de la madrugada, un pájaro se posó en el féretro de mi mamá, estiró su cabeza para ver su cuerpo sobre el cristal del ataúd y después se retiró”. Como para que no quede duda…



Publicado: 18/04/2015
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