MOVIMIENTO. NIÑOS TRABAJADORES SE ORGANIZAN PARA DEFENDER SUS DERECHOS
Amasando su futuro
El Manthoc promueve una mejor calidad
de vida para los chicos
Pese a dificultades, están orgullosos de colaborar con sus familias
Que el trabajo infantil es una lacra por erradicar parece ser obvio para todos, excepto para un grupo de niños trabajadores peruanos que desde hace 31 años clama por su derecho a un empleo digno como alternativa a la explotación laboral.
El Movimiento de Adolescentes y Niños Trabajadores Hijos de Obreros Cristianos (Manthoc) pugna con escasos medios por defender y promover los derechos de la niñez y una mejor calidad de vida para los trabajadores infantiles.
Por si esta fuera poca tarea, todo lo hacen de manera autónoma, organizados sin la participación de ningún adulto y asumiendo su política de exigir el reconocimiento del trabajo infantil como una actividad legal; eso sí, orientada a fomentar el desarrollo del niño y a no menoscabar su integridad.
Los miembros del Manthoc, de entre 6 y 18 años, se reúnen, eligen a sus líderes y realizan solos sus propuestas, empleando colaboradores adultos para labores administrativas y como “orientadores” en algunos temas, explica a Efe la delegada nacional de la organización, Fabiola Segura.
Problema
Con un discurso sorprendentemente sereno y estructurado para sus 17 años, Segura, que desde los nueve trabaja como panadera, artesana y vendedora callejera de dulces, identifica fácilmente el origen del problema: mientras haya pobreza, los niños tendrán que trabajar.
“Sin políticas alternativas y empleos dignos, habrá chicos trabajadores explotados, y mientras los recursos no sean bien distribuidos, seguirá habiendo pobreza. La necesidad hace que entonces los menores trabajemos ilegalmente y es allí donde se tiene que intervenir.”
Desde su destartalada oficina en el barrio de Ciudad de Dios que también hace las veces de escuela-taller para niños trabajadores, Segura explica que el objetivo es superar una legislación que, por muy bien intencionada que sea, deja de lado una realidad social y cultural en la que los niños son parte del tejido productivo.
En la actualidad, la legislación peruana autoriza a emplear niños a partir de los 14 años, o desde los 12 en algunas excepciones, aunque diversas organizaciones no gubernamentales (ONG) calculan que los casi 2.5 millones de niños trabajadores del Perú comienzan a laborar a edades aún más tempranas.
Solución
La solución para Manthoc pasa por defender unas condiciones dignas de trabajo y que su trabajo se valore, proteja y respete tal y como ellos hacen.
Porque pese a que sus trabajos muchas veces los obligan a no descansar, a perder horas de juego y diversión y a asumir responsabilidades muy por encima de su edad, estos niños se muestran orgullosos de colaborar con sus familias y ganarse su propio dinero.
Según Samuel Calderón, otro de los delegados nacionales del Manthoc, la diferencia entre su organización y otras que luchan contra esta lacra, es que éstas solo ven la explotación y el abuso y no consideran “las cosas positivas que dan otros trabajos”.
“Yo trabajo en la bodega de mi casa desde los seis años, vendiendo mercadería, y es una forma de aprender, cada uno adquiere cosas de sus trabajos y desarrolla habilidades”, afirma Calderón.
Para el Manthoc, la noción de trabajo digno pasa por diversas condiciones: que sea voluntario, que sea adecuado para la edad del niño y que permita al menor acudir a la escuela sin trabas hasta completar su formación.
Así, los chicos del Manthoc ofrecen también ayuda y formación a otros niños que viven en situación de explotación. Solidaridad infantil. (Efe)
Formación laboral
En sus minúsculos talleres, los casi tres mil 500 niños de la organización trabajan en condiciones dignas y reciben comida, ayuda escolar, asistencia psicológica y formación profesional mientras elaboran dulces, juguetes de madera o tarjetas de regalo que luego venden.
En sus actos, organización y políticas subyace en todo momento la idea de fondo que guía al Manthoc: dar poder a los niños y que Éstos tomen las riendas de su futuro y de las cosas que les afectan.
Como se lamenta Fabiola Segura, “los políticos hacen leyes en principio para los chicos y que al final no nos favorecen en nada, y por eso queremos dar nuestra opinión”.
En última instancia, lo que quieren es ser reconocidos como auténticos ciudadanos con capacidad de opinar, decidir e incidir en el cumplimiento y vigencia de sus derechos, incluido su derecho al trabajo.
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