Edición 100
23 de enero, 2006


ISSN: 1817-2423
 Director: Gerardo Barraza Soto    Editor: Giancarlo Stagnaro
 > generos
INDICIOS DE NUEVAS TENDENCIAS
Literatura del futuro
Cumplidos los cinco primeros años del siglo XXI, la literatura peruana comienza a delimitar cauces marcados por propuestas novedosas. Si bien el año pasado resultó productivo en emisión de títulos y aparición de noveles autores, la consolidación de un público lector y un mercado con oportunidades para todos resulta todavía un tema pendiente en la agenda del campo literario y la industria editorial.

            En la era del conocimiento, como se suele definir a la globalización imperante de nuestros días, el mayor valor de su puesta en vigencia reside en su circulación. Si el conocimiento es incapaz de circular o, a la inversa, muy pocos pueden acceder a él, se habrá cumplido un despropósito. Con todo, la literatura es una forma de conocimiento y requiere también de medios adecuados de divulgación.
Nuestro país sale del siglo XX e ingresa al siglo XXI con una de las literaturas más ricas del mundo, pero los peruanos cada vez leen menos. Como se sabe, una encuesta de la Unesco nos coloca en el penúltimo índice de comprensión lectora, sólo por encima de Haití, una de las naciones más vapuleadas del continente americano. Las sucesivas políticas educativas en los últimos cincuenta años nos han colocado en esta delicada posición que impide la constitución de un pensamiento crítico capaz de construir proyectos de modernidad. Éstos son los frutos, al fin y al cabo, de toda literatura y de su necesaria reflexión sobre ella, al amparo de aparatos institucionales que la vuelven sostenible en el tiempo.
Muchos países de América Latina, entre ellos Colombia y Argentina (a pesar de las crisis política y económica, respectivamente), han entendido el rol fundamental del libro en la construcción de ciudadanía. El Perú ha sido invitado de honor a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y los editores peruanos han podido comprobar in situ la envergadura del poder del libro en la formación de un mercado de lectores y, a su vez, en la generación de empleo a partir de la consolidación de la industria editorial.
Es lamentable confirmar, una vez más, que en el Perú nos encontramos muy a la zaga de lograr eventos como Guadalajara o mantener una industria editorial como la colombiana o la argentina. Si bien el Gobierno actual ha promulgado una Ley del Libro, el reglamento de dicha norma ha recibido críticas en todos los tonos, lo cual revela la precaria institucionalidad del sistema editorial y literario peruano. En esa línea, cierta prensa se refocila con el hecho de enfrentar a escritores en discusiones que no van al fondo del asunto: cómo hacer viable una cultura del libro en el Perú.

Editoriales en despegue

Para la percepción de una gran mayoría de peruanos, la literatura es un bien suntuario, consumida por personas sin mayores apremios económicos. Sin duda, ésa es una preconcepción promovida por aquellos sectores a los que no les interesa la situación de la población mayoritaria en el Perú, como lo expuso el Informe Final de la CVR. Dicha indiferencia alienta, a su vez, la propia indolencia de los sectores populares hacia todo lo que representa lo letrado. De ello se desprende que construir un mercado de lectores en el Perú es indudablemente difícil.
Sin embargo, muchos jóvenes, cuyas edades oscilan entre los 15 y los 30 años, tanto de la capital como de las principales ciudades del interior, mantienen una afición preferencial por la escritura. Una buena parte de ellos cuenta con un par de libros publicados; otros se expresan en plaquetas o en revistas. Estas últimas publicaciones, tanto físicas como virtuales, se han convertido en los principales canales de difusión que suplen, en cierto modo, la falta de atención de la sociedad y los medios periodísticos. Esta generación ha comenzado a salir a la luz durante el decenio 1995-2005.
Lo anterior se complementa con la aparición de sellos editoriales creados también por jóvenes que no sólo publican a noveles escritores, sino también a poetas y narradores consagrados. Muchas de estas editoriales se han agrupado recientemente bajo el colectivo Punche Editores Asociados. Aunque circunscritos todavía al escenario limeño, se espera que el ejemplo de Punche Editores se transmita al resto del país, donde abundan las editoriales que publican en condiciones frágiles. Lo interesante del caso es que no sólo haya proyectos que se unan para adquirir mayor presencia económica y simbólica, sino que existe toda la intención de formar lectores en los sectores abandonados por la educación y la distribución de libros.
Dichas editoriales necesitan continuidad en sus proyectos. En Guadalajara, muchos de estos editores tuvieron la oportunidad de contagiarse del ánimo de sus pares mexicanos, como Sexto Piso, una de las principales editoriales independientes de México que comienza a proyectarse hacia el mercado español.
Estas iniciativas deben alimentarse de propuestas literarias coherentes y arriesgadas. Pero, sobre todo, necesitan mostrar apertura, cualidad de la que han carecido las editoriales tradicionales. Curiosamente, éstas comienzan a hacerlo a partir del éxito inicial de los más jóvenes. De igual modo, deben hacer valer los derechos de autor, requisito indispensable para la profesionalización del editor.

Expansión del campo literario

Las revistas literarias virtuales y los blogs o bitácoras personales han ampliado notablemente el espacio de discusión de los temas literarios. Aunque muchas veces se cae en el libertinaje informativo (cara fáustica de los inventos humanos), por lo general los nuevos medios vuelven muy activa la labor del lector. Esta pequeña revolución silenciosa se condice con la formación de centros de enunciación alternativos que dan voz a quienes tradicionalmente no la tenían.
Gracias a ello, emergen lectores que no corresponden a los sectores agrupados en torno a la geografía Barranco-Miraflores-San Isidro. Es menester que los jóvenes involucrados en los temas literarios se acerquen a dichos sectores y puedan transmitir sus conocimientos de manera creativa y pedagógica, como lo ha demostrado el colectivo Dedo Crítico con los cerros pintados a propósito del centenario del poeta Carlos Oquendo de Amat.
Con lo anterior, es viable que la literatura peruana adquiera un nuevo rostro en el transcurso del siglo XXI, en el que la recepción –la masa lectora– adquiere tanta o mayor importancia que la producción. Ahora, sólo falta preparar a esa masa lectora para que, al momento de decidir sus gustos, también se aboque a pensar críticamente y ejercer con plenitud sus derechos ciudadanos.


> Giancarlo Stagnaro