Edición 101
06 de Febrero, 2006


ISSN: 1817-2423
 Director: Gerardo Barraza Soto    Editor: Giancarlo Stagnaro
 > ENCUENTROS
LOS SUEÑOS POÉTICOS DE ALEJANDRO ROMUALDO
 El retorno del cometa Xanno
Alejandro Romualdo (Trujillo, 1926) es uno de los poetas más relevantes de la Generación del 50. En el homenaje que hace pocos días le tributó el Instituto Nacional de Cultura, por la publicación de su más reciente poemario: Ni pan ni circo, quedó constancia de que la obra poética de Romualdo se halla fuertemente marcada por la historia del Perú y, en consecuencia, la impregna también un sentido ético irrenunciable.

            

Victoria Guerrero
Poeta. Su más reciente libro es Ya nadie incendia el mundo (2005).

¿Qué se le puede pedir a un nuevo libro de poesía de un vate mayor? Tal vez la única poesía válida sea la que lleva consigo una cuestión ética, y la de Alejandro Romualdo apuesta por ello, sin dejar de lado el gran trabajo verbal ni la técnica adquirida con los años. Ni pan ni circo (2005) confirma la maestría de ambas en la trayectoria poética de Xanno, nombre cariñoso con el que le llaman sus amigos.
Ni pan ni circo es un poemario que reúne textos anteriormente publicados en revistas del Perú y el extranjero, así como los más recientes. El poemario apareció por primera vez en edición bilingüe (español-italiano) en Roma, en 2002. Ahora, el Instituto Nacional de Cultura (INC) publica la edición en castellano como parte de su serie Generación del 50.
El libro está dividido en cinco secciones (Fragmentos, Tres poemas con temas italianos, Tu quoque fili?, El retorno del cometa Halley y Otros poemas). De ellas, quizá las más sugerentes sean Fragmentos y El retorno del cometa Halley. En la primera, dividida en 21 poemas o, valga la redundancia, “fragmentos”, hay referencias inmediatas a la violencia, los cuerpos muertos o mutilados, a esos cuerpos fragmentados que, como el nombre de la sección alude, se muestran como disecciones, como partes diseminadas, rotas: “El viento es una lápida ligera / sobre las fosas, y la lápida un muñón / que sangra: último fragmento o / suspiro / de una pasión sin razón ni sueño. / Tantas cosas han sucedido, tantas / cosas / han pasado como estaciones, de un / momento / a otro, en los recodos, en las calles, / en las plazas con estatuas mutiladas. / Ojos que no ven, corazones que ya / no sienten, / junto a los hijos muertos, a la intemperie.” (Fragmentos, XIX).


El sujeto poético de este texto no se sustrae a la realidad de los últimos años en nuestro país y alude a ella constantemente: “En el mundo de la limitación / y de la bondad estéril / cuando los perros / colgados en las plazas / y manchas de sangre / en el mar” (“La dialéctica”).


Motivaciones presentes
En “Acumulaciones”, poema que en un principio aparece con un corte lúdico y hasta vanguardista, reiterando una y otra vez al final de cada verso la palabra “oro” (“un chispazo de oro / en un coño de oro / minuto fulminante de oro”), el poema se resuelve de manera inquietante: “Yo pregunto / dormido hablo y pregunto / jornalero de los campos andaluces / peón de los olivares / ¿son tus olivos de oro? / (...) / ¿qué lágrimas te tocó del gran tesoro / de Atahualpa? / ¿qué gota del gran botín / de Cajamarca?” Quizá estos versos finales nos puedan parecer en este momento un poco pasados de moda, hasta distantes. Sin embargo, esos sueños de justicia e igualdad fueron los temas que movilizaron a los artistas de generaciones pasadas. Obviamente, la historia se encargó de negárselos.
Ni pan ni circo trata de la caída de todas esas ilusiones (esos sueños políticos, ideológicos), con un gesto ciertamente nostálgico e irónico, doloroso sin llegar a ser lastimero, sino más bien lúcido. En este sentido, el poema “Bolsa de valores”, en el que se enumera el precio de los metales al lado de la libertad, la igualdad y la fraternidad (cuyo valor es 000 000 000), debe ser leído como un gesto de notable frescura dentro del contexto mayor del libro.


No se trata, ciertamente, de una poesía fácil, sino de una poesía cargada de hondo lirismo, unido al compromiso social que desde siempre ha caracterizado a la obra de Romualdo. Desde sus primeros textos, el vate intentó abrirse paso con una personalidad poética propia y rescató de manera muy particular a Vallejo. En sus primeros libros, la influencia del autor de Poemas humanos es fundamental, tanto en su lenguaje como en su profundo sentimiento de la humanidad. Obviamente, el tono que rodea sus libros anteriores está marcado por la vivencia de la guerra fría y el mundo dividido en dos bloques. En aquella época donde aparece su famoso y controvertido “Canto coral a Túpac Amaru, que es la libertad” (Edición extraordinaria, 1958), donde el verso “y no podrán matarlo” repetido una y otra vez recuerda la reiteración y la esperanza del poema “Masa” de Vallejo. Esta poética lo aleja de sus contemporáneos como Blanca Varela, Jorge Eduardo Eielson o Javier Sologuren. Felizmente, el debate sobre “poesía social” y “poesía pura” se ha diseminado a lo largo del tiempo, sobre todo el nefasto factor que considera que un tipo de poesía es mejor que el otro. Sin embargo, también consideramos que ésta no es la única vertiente en la poesía de Romualdo, ya que posee vetas de maravillosa exploración en libros como El movimiento y el sueño (1971) y En la extensión de la palabra (1974).


Ahora bien, Ni pan ni circo apunta a una visión desmitificadora de aquella época de sueños. Desde luego, se trata de una visión mucho más descarnada y, por tanto, más dolorosa para el sujeto poético de estos versos. En “Cuestiones de leninismo”, la imagen de la tiranía es despiadada y no admite contemplaciones: “(Ay, camaradas, / los tiempos cambian / las estatuas de piedra gris / se desploman.” Es aquí que podemos observar la hondura ética de un poeta como Romualdo.
Ni pan ni circo es en sí mismo el alegato de alguien que no cede terreno a sus ideas y que, no obstante, entiende el cambio (para bien o para mal) que el mundo ha dado. Ello no implica que la injusticia haya sido eliminada. No: más bien, la genialidad de Romualdo radica en que, dándose cuenta de ello, su poesía ha dejado de ser ingenua para convertirse en una reflexión que no evade la denuncia ni menos se limita a la queja fácil. Es ciertamente una poesía sumamente elaborada y, sobre todo, sentida, como debe ser la buena poesía.


Romualdo en directo
Ernesto Carlín

El jueves 26 de enero, Alejandro Romualdo asistió a un acto público, después de estar bastante tiempo alejado de estos menesteres. El motivo de tan excepcional hecho fue la presentación de su poemario Ni pan ni circo, versión en castellano de Né pane né circo.
Una nutrida concurrencia, pese al calor del verano, se acercó esa noche al Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú, en Pueblo Libre. Entre los asistentes se apreció al narrador Oswaldo Reynoso, autor de Los inocentes; y a Alfonso Grados Bertorini, “Toribio Gol”, ambos confundidos entre más de un centenar de personas ansiosas por oír al autor de “Canto coral a Túpac Amaru II”.
Los encargados de presentar el libro fueron Christian Beteta; Luis Guillermo Lumbreras, director del Instituto Nacional de Cultura; y el periodista y poeta Winston Orrillo. Este último, en un acto de osadía, exhortó al titular del INC, que estaba a su lado, a que postulara al poeta trujillano al Premio Nobel. Orrillo también fue el responsable de las intervenciones más entusiastas y de propinar un par de golpes a la mesa.
Lumbreras, por su parte, hizo hincapié en la habilidad de Romualdo para conmover y dar placer a través de la escritura. También situó a la obra del vate en su contexto histórico, refiriéndose en especial a esa virtud de hacer reflexionar a sus lectores con piezas de singular belleza. Al igual que los otros dos presentadores, el director del INC sólo tuvo expresiones de admiración hacia la trayectoria del poeta.
Sin lugar a dudas, las palabras más sentidas y esperadas fueron las de Alejandro Romualdo. Él hizo un personal recuento de lo que significó el siglo XX, en especial el clima de zozobra que tuvo que soportar su generación durante la guerra fría. El público, fiel al escritor, escuchó atento y en silencio cada palabra.


Tanto el matiz político como la inquietud social, temas tan caros a la promoción poética de Romualdo, fueron explicados con pasión por el autor de La torre de los alucinados, narrando los recuerdos y las vivencias que lo marcaron. “Escuchamos los gritos del horror y las dos bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, en un mundo que vivía la incertidumbre de su propia destrucción”, rememoró con voz emocionada.
Al final, tuvo también unas líneas para recomendarles a los jóvenes artistas perseverar en la técnica de cualquier género en que decidan incursionar. Alejandro Romualdo motivó a las nuevas generaciones a dominar la materia de su arte. Aconsejó en especial a los poetas a que dominaran el verbo, que leyeran y se ejercitaran con las formas básicas como el soneto. Con la humildad de un maestro, refirió que ese es el único camino hacia la excelencia.

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  Winston Orrillo, Alberto Valcárcel y Oswaldo Reynoso acompañan a Alejandro Romualdo el día de la presentación de Ni pan ni circo.
  Alejandro Romualdo y Alfonso Grados Bertorini.