El reciente premio Casa de las Américas, otorgado a Arturo Corcuera, y la presentación del último poemario de Alejandro Romualdo –acontecimientos imprescindibles en la presente edición de identidades– nos motivan a poner por escrito algunas consideraciones sobre la situación del poeta en la sociedad peruana contemporánea.
Nuestra intención es echar una mirada continua a un vacío recurrente de toda práctica artística en el país: la ausencia de instituciones efectivas que viabilicen el desarrollo de quienes se dedican al quehacer creativo en el país. Justamente, la aparición de las obras completas de Javier Sologuren, gracias a la labor incansable de un editor como Ricardo Silva Santisteban, trata de subsanar una omisión que lamentablemente no se repite en los casos de otros escritores, alejados de la canonización oficial y, más aún, de poder dar a conocer su producción.
Reparamos también en brindar una opinión distinta acerca de cómo se ha visto el proceso de la poesía peruana reciente. Tal es el caso de los artículos escritos por Martín Rodríguez-Gaona y Paolo de Lima, poetas que, junto con Victoria Guerrero, pertenecen a la promoción surgida en la década de 1990. En ellos, sus autores exponen acerca del estado actual de la poesía en relación con la historia del Perú a partir de la década de 1960, así como su relación con la actualidad globalizada y multicultural del país.
Precisamente, el hecho de hacer un balance como éste implica poner en el tapete cuestiones que no se suelen tomar en consideración al momento de debatir el estado actual de la poesía peruana. Invitamos al lector a seguir de cerca estas reflexiones y emitir su propia valoración.
El Editor
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