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ISSN: 1817-2423
 gstagnaro@editoraperu.com.pe Editor:
Giancarlo Stagnaro
DIARIO OFICIAL
Director:
Gerardo Barraza Soto
Av. Alfonso Ugarte 873, Lima 1 Perú
Central Telefónica (51-1) 3150400
 
 
 
 
 > ensayo
 
Las bellas Geometrías
Los universos simbólicos por los que transita la poesía de Carlos Germán Belli traen consigo un marcado interés por formas desusadas de poesía. Sin embargo, éstas son capaces de mostrar las paradojas de la vida cotidiana, entre la distracción creativa y la indiferencia.


            La tercera edición del Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda recayó en el poeta peruano Carlos Germán Belli. Después de la alegría y la celebración iniciales pensé que el premio no sólo resultó ser justo y merecido: era, por sobre todo, necesario.

Carlos Germán Belli

Belli, uno de los más grandes poetas en lengua española de los últimos cincuenta años, no había recibido ningún premio mayor en el continente o en la península. El reconocimiento dado por este galardón, aunque un poco tardío, enmienda en algo las cuentas pendientes con una obra que viene constituyendo, con lentitud y sigilo prodigiosos, lo que el crítico Jorge Cornejo Polar describió con certeza como el “espacio belliano”.
            ¿En qué consiste ese espacio? Se trata de una morada verbal constituida por el distanciamiento del uso ordinario de las palabras. Esta característica, que puede ser aplicada a todos los poetas verdaderos, adquiere en Belli una intensidad no vista en casi ningún poeta de nuestra lengua. Pocos, muy pocos pueden decir, por ejemplo, que el amor de los amantes no es de este mundo sino del otro, comenzando con una referencia a los órganos sexuales:
“Nuestro amor no está en nuestros respectivos / y castos genitales, nuestro amor / tampoco en nuestra boca, ni en las manos: / todo nuestro amor guárdase con pálpito / bajo la sangre pura de los ojos. / Mi amor, tu amor esperan que la muerte / se robe los huesos, el diente y la uña, / esperan que en el valle solamente / tus ojos y mis ojos queden juntos, / mirándose ya fuera de sus órbitas, / más bien como dos astros, como uno.”
Este texto, titulado “Poema” y publicado en la primera colección belliana (Poemas, 1958), juega con una idea del amor casi platónica en su definición, podríamos pensar, pero en términos muy concretos: los genitales, la boca, las uñas, todo ello transformado en “la sangre pura de los ojos”, para terminar como dos astros fuera de órbita, transfigurados y siendo ambos uno; todo ello con escasez de adjetivos y una seguidilla perfecta de endecasílabos cuya prosodia se encuentra muy cercana al lenguaje coloquial. El amor es invadido por su hermana la muerte, pero, más allá de las presencias o las ausencias, permanecerá “como dos astros, como uno”. ¿Habrá estado pensando el poeta en el famoso endecasílabo quevediano que, al referirse a los amantes muertos, dice que “polvo serán, mas polvo enamorado”?

Formas concretas

            Belli posee en abundancia esa exquisita capacidad de muchos grandes poetas: hablarnos en términos concretos de algo abstracto, y al revés. En su caso específico, esos elementos dialogantes se encuentran atados indefectiblemente a formas poéticas que resultan inéditas en gran parte de nuestra tradición; el caso más egregio es el uso que Belli hace de la sextina, forma inventada por el poeta provenzal Arnaut Daniel y utilizada con provecho por Dante y por su amigo Guido Cavancalti. Veamos un ejemplo, la “Sextina de los desiguales”:
“Un asno soy ahora, y miro a yegua, / bocado del caballo y no del asno, / y después rozo un pétalo de rosa, / con estas ramas cuando mudo en olmo, / en tanto que mi lumbre de gran día / el pubis ilumina de la noche. // Desde siempre amé a la secreta noche, / exactamente igual como a la yegua, / una esquiva por ser yo siempre día, / y la otra por mirarme no más asno, / que ni cuando me cambio en ufano olmo, / conquistar puedo a la exquisita rosa” (Sextina y otros poemas, 1970).

• Retrato alegórico de Dante Alighieri,
c. 1530.
            Una sextina posee exigencias formales bastante rígidas: está compuesta de seis estrofas de seis endecasílabos sin rima, rematadas por un terceto también endecasílabo. Las últimas palabras de cada verso deben repetirse en la estrofa siguiente, aunque no en el verso equivalente. Así, mirando con cuidado los dos primeros sextetos de la composición belliana reproducidos aquí, tenemos que las palabras “yegua”, “asno”, “rosa”, “olmo”, “día” y “noche”, que corresponden al final de los versos 1-6 de la primera estrofa, respectivamente, aparecen también en la segunda, pero en orden distinto: “noche”, que aparece al fin el primer sexteto, es el final del primer verso de la estrofa siguiente, y las cinco palabras restantes poseen un patrón alternado, a saber: la primera “yegua”, final del primer verso de la primera estrofa, es el final del segundo de la siguiente; “día”, final del quinto verso en el primer sexteto, es el final del tercero de la que sigue, y así sucesivamente.
Valga esta larga explicación del arte de la sextina para decir que sólo Belli podría haber escrito un poema tan personal como “Sextina de los desiguales” utilizando una forma poética de tan venerable tradición.

Márgenes, indiferencia y sensibilidad

            El tema del ser marginado por su condición espiritual, social, corporal o económica es uno de los más recurrentes en el poeta peruano y su incorporación a la sextina es realmente un caso notable de “imitación diferencial”, como dijo Claude Gilbert Dubois en su conocido libro El manierismo. No soy el primero en decir esto sobre Belli; Enrique Lihn, en uno de los ensayos más fundamentales que se han escrito sobre nuestro poeta, señaló esto. En Belli, los poetas del Siglo de Oro español y latinoamericano brillan en su presencia única, resignificando sus logros gracias a las artes de uno de sus mejores herederos. Así, al hacer de la marginalidad uno de sus tópicos recurrentes, Belli pone énfasis en un tema que deja de ser meramente social y pasa a ser exploración del lenguaje:
“Papá, mamá, / para que yo, Pocho y Mario / sigamos todo el tiempo en el linaje humano, / cuánto luchasteis vosotros / a pesar de los bajos salarios del Perú, / y tras de tanto tan sólo me digo: / “venid, muerte, para que yo abandone / este linaje humano, / y nunca vuelva a él, / y de entre otros linajes escoja al fin / una faz de risco, / una faz de olmo, / una faz de búho” (“Papá, mamá”).
            Este hablante marginal nos habla de nuestra problemática identidad latinoamericana, como en el poema “Segregación Nº 1”:
“Yo, mamá, mis dos hermanos / y muchos peruanitos / abrimos un hueco hondo, hondo / donde nos guarecemos, / porque arriba todo tiene dueño, / todo está cerrado con llave, / sellado firmemente, / porque arriba todo tiene reserva: / la sombra del árbol, las flores, / los frutos, el techo, las ruedas” (...).
            Todos los elementos del mundo se transforman en algo ajeno, degradado y sin valor; al mismo tiempo, se trata de algo inalcanzable, porque “todo está cerrado con llave”. El poeta observa morosamente y explora las múltiples y mudables caras de ese pathos marginal que parece ser materia constitutiva de su lenguaje. Con el correr de los años, esta búsqueda poética fue perfeccionada por nuestro autor hasta llegar a su máxima expresión en un poema que marca un desplazamiento muy significativo del tema de la marginalidad. Me refiero al poema “Al pintor Giovanni Donato da Montorfano (1440-1510)”, autor de un cuadro magistral como El crucificado, que tuvo la mala suerte de ser colocado justo frente a La última cena de Leonardo en el convento de Santa Maria delle Grazie (Milán).
            Belli, frecuentador fervoroso de museos en América y Europa, se sintió fascinado por esta obra y por su terrible destino: la total indiferencia por parte de los espectadores de la obra maestra de Leonardo, quienes sólo se fijan en su cuadro, dándole las espaldas al del maestro semidesconocido del quattrocento, pródigo en excelencia técnica. Indiferencia y marginalidad: Montorfano comparte con los “muchos peruanitos” del poema recién citado la marca del abandono. Algunos de los conmovedores versos del texto belliano dicen así:
“Yaces sin gozar el favor de nadie, / y es tu soledad tanta un claro espejo / de aquello que sucede exactamente / ayer, hoy y mañana cuando todos / te tornan las espaldas de improviso, / como el mayor efecto del olvido; / que este sombrío estado / demuestra en qué terminan finalmente / el físico vigor y el sabio seso / empeñados a fondo / en hacer bien las cosas de la vida, / que al final tal esfuerzo sobrehumano / resulta empresa de pequeña hormiga. / (...) / Eres el sumo ser inadvertido / sin parangón en todo el pardo mundo, / a quien a cada rato lo soslayan / como si así te hubiera sucedido / desde la cuna puntualmente siempre / (...) / y resignado vives / tu eternidad en desigual estado, / arriba en las empíreas salas árbitro, / abajo donde nadie en ti repara”.
            El desigual estado es eterno y es un destino inevitable. Belli ha llevado uno de los temas más persistentes de su obra a ámbitos insospechados. Sólo a un poeta como él se le hubiera ocurrido darle al olvido y la marginalidad estatuto de gran arte verbal. Una bella geometría –la obra entera de este autor– nos regala las hospitalarias formas asidas en la alta noche, en el fértil insomnio donde el poeta cosecha su verbo preciado. No me queda nada más que pensar que el premio Pablo Neruda ha sido honrado grandemente al galardonar a uno de los más altos poetas de nuestra lengua.

Poema inédito

El viejo iconoclasta

El viejo iconoclasta añora de improviso
las fotos y diplomas por él despedazados,
sin duda todo suyo hasta la misma médula,
que hoy lo siente en el alma
al no tener de aquello ni un minúsculo trozo,
tan infinita ausencia por siempre irremediable,
resultando en añicos su quintaesencia moza,
esa de fuera y dentro.

[Carlos Germán Belli]


> Marcelo Pellegrini
Escritor chileno. Sigue actualmente el posgrado en la Universidad de Wisconsin, Madison.
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