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ISSN: 1817-2423
 gstagnaro@editoraperu.com.pe Editor:
Giancarlo Stagnaro
DIARIO OFICIAL
Director:
Gerardo Barraza Soto
Av. Alfonso Ugarte 873, Lima 1 Perú
Central Telefónica (51-1) 3150400
 
 
 
 
 > Lecturas
LA POÉTICA CORPORAL DE CARMEN OLLÉ
Adrenalina verbal
Uno de los libros fundadores de la poesía de la década de 1980, Noches de adrenalina, acaba de ser reeditado. En él, en una relectura planteada un cuarto de siglo después, es posible encontrar ciertas claves que lo mantienen con plena vigencia.


            Casi 25 años después de haber sido publicado Noches de adrenalina (1981), muchas ediciones han aparecido, tanto en el país como en el extranjero, que han concitado gran interés, hasta esta última. Es un libro con 26 poemas, donde sólo existe un título: “Damas al dominó”. A partir de este logro se abrieron las compuertas a otras poéticas que aparecieron en los años ochenta, con la contundencia verbal orientada hacia esta misma coordenada.
          Carmen Ollé ha cruzado con gran facilidad la cerca de la poesía para ingresar a otros ámbitos de gran planificación o dotación en la argumentación, como la narrativa. Aquí sobresalen las novelas Las dos caras del deseo (1994), Pista falsa (1999) y Una muchacha bajo su paraguas (2002). Por supuesto, la crítica ha mirado en los textos el gran acierto de Ollé, al iniciarse con Noches de adrenalina, libro que se mantiene vigente, fresco y, sobre todo, actual. Su lectura, casi 25 años después de ser publicada, mantiene la misma seducción del momento en que salió.
            El libro acoge con pasión y desenfado los laberintos existenciales que muestran la crisis de nuestra civilización. Efluvios de críticas y autocríticas, para esto sacrifica una exposición de las segregaciones del cuerpo, objeto que se sensibiliza o animaliza en el dolor las dulzuras y gozos. Contiene una poética que no se construye con malabarismos verbales o juegos artificiales; está hecha de carne viva, en pulpa verbal que rompe todos los tabúes, que deja sin piso alguno, sólo con esta interrogación: y después de esto, ¿qué queda por decir?
            El libro se abre con un poema que se ha vuelto infaltable en todas las antologías de poesía peruana. Es un texto que asume, en sus inicios, la medición y tensión en que se mueven los demás poemas. Es la estación que narra el gran retorno de un viaje donde nunca se estuvo ausente de lo querido, como lo muestran la aparición de los personajes: Elsa, Margarita y Cira. Sí es el retorno al centro de un nosotros, como ser humano que se exalta en su ciudad: “El que más se lava es el que más apesta como los buenos / olores son testimonio de una mala conciencia / como el grito es la figura de la timidez.”
            En el segundo poema, la construcción de la enunciación parte de coordenadas intertextuales, donde se proclama una liberación y debelación del cuerpo. En cambio, el tercer poema rompe con la apariencia de una armonía, sobre todo para conseguir la rebeldía. Las palabras se mueven no como una hojarasca en la construcción textual del poema, como lo puede proponer el automatismo de la inspiración, sino como raíces que dan otros frutos agridulces, y ellas mismas expulsan las suciedades en su sentido semántico. Las excrecencias humanas son expuestas como producto de una sociedad que, debido a su hipocresía, cae en un vacío existencial. Por eso los caminos humanos son zarandeados en los juicios convocados por esta poética.
            La acción más importante que describe el relato de esta poética es, sin duda, la del rito más hermoso de la vida, tomada por asalto por el desenfado. La desnudez de una pasión flamea en las diversas maneras de deleitarse cuerpo a cuerpo. El cuerpo sigue siendo el centro de los privilegios. El quinto poema expone con claridad que existe un relato visible y posible. Los textos no decaen, pues siguen en una tensión verbal abriendo espacios a una sólida poética, muy distante y extraña a otras poéticas (del género), aunque la poesía no tiene género: simplemente es de buen nivel o exhibe estrechez en su propuesta.

 Ficha técnica:
 Carmen Ollé.
 Noches de adrenalina.  Lima, Ediciones
 Flora Tristán y
 Lluvia Editores, 2005.

Es cierto, los poemas se asilan en una narración constante, pero no está el acto narrativo como tal, sino que el poder de la enunciación radica en cómo se menciona a la aparición de los personajes. También la riqueza de los textos se encuentra en los referentes de una cultura. Existe un enunciador que promueve el yo, aquí y ahora. Éste enarbola la escritura como el único camino para la liberación y la protesta: “Yo, como toda subdesarrollada, / tengo el hábito de escribir”.
            Las ciudades sumergidas en esta poética aluden a París y Lima. El cuerpo es un dial por donde se captan las frecuencias de un mundo que se espanta en la exploración de su interior. Vértigos, nauseas, vómitos que provocan las inmundicias de una sociedad: he ahí que la suciedad de los cuerpos es más digna. En esta poética existen muchos símbolos que martillean la enunciación desamarrada, descarnada, pero dentro de las coordenadas del humanismo, donde confluyen el amor y la solidaridad con aquellos sujetos despreciados en sociedades desarrolladas. El simbolismo no es hermético, sino que abre sus puertas y ventanas con la claridad de sus enunciados y expone los acontecimientos con imágenes perfumadas de conciencia y razón.
            Esta poética que crece, de texto en texto, con la lluvia de la experiencia en la vida, con los sueños por perpetuar y buscar aquellos instantes que contengan la felicidad, se queda eternizada como nata en la olla del destino que todo lo cocina con el fuego de la misma vida: “Escribir es buscarse en la sonrisa de la fotografía / la memoria es la figura inmóvil en algún álbum color / diarrea”.
            Noches de adrenalina es un gran libro fundacional. Abandona las rutinas y lo rutinario de poetizar la vida misma. Es sangre de deseos hechos cuerpos en el fogón de la lujuria verbal, y no del erotismo rutinario de las cosas o las poses de vivir una vida sin sentido.


> Dimas Arrieta Espinoza
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