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ISSN: 1817-2423
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Giancarlo Stagnaro
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Gerardo Barraza Soto
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CARLOS GERMÁN BELLI OBTIENE EL PREMIO PABLO NERUDA DE CHILE DE ESTE AÑO
“Las fronteras son artificiales”
El galardón logrado por Carlos Germán Belli se suma a la buena racha de reconocimientos a escritores peruanos en el exterior. Sin embargo, el poeta considera que acá debería haber mayores estímulos. También hace hincapié en que de México a la Patagonia hay un solo país.

La literatura peruana ha recibido últimamente premios y distinciones. No obstante, en nuestro país no se dan galardones de envergadura. ¿Qué opina al respecto?
Hada cibernética. Pese a los avances tecnológicos el poeta sigue fiel a su máquina Olimpya.
–Antes existían los premios nacionales de literatura, incluso yo obtuve uno cuando muchacho. Pero se interrumpió hace ya varias décadas. Desde entonces, hay una ausencia de estímulos y premios para el desarrollo de las nuevas generaciones de escritores, lo que es lamentable. Los galardones que se obtienen afuera deben servir para reflexionar y pensar en la posibilidad de crear aquí motivaciones similares.

Acaban de premiarlo en Chile. ¿Nuestras relaciones literarias son más fluidas que las políticas?
            –Con mis amigos chilenos siempre hemos hablado de esa fluidez. Creo que ella es mayor que la que podríamos tener con el Ecuador o los chilenos con los argentinos. A ellos también les sorprende eso. A pesar de los avatares históricos siempre estamos próximos. Ciro Alegría, Chocano y González Prada vivieron en Chile, por ejemplo.

¿Con qué poetas chilenos se ha relacionado más?
            –Soy amigo de varios colegas de mi generación como Pedro Lastra, Enrique Lihn y Óscar Hahn. Son poetas que han venido mucho acá y parece que allá no los quieren. En una entrevista con un medio chileno me dijeron eso. Yo les contesté que acá sí los queremos. En los poemarios que se presentan a concurso en el Perú siempre hay epígrafes de Lihn o de otros que tienen más influencia acá que en su país.

¿Este acercamiento entre ambas literaturas no es una prueba de que somos más parecidos de lo que se cree?
            –Tal vez, sobre todo en las ciudades costeras. Creo que toda América Latina es un solo país. Las fronteras son vallas artificiales. Somos muy semejantes desde México hasta la Patagonia. Es una sola tradición literaria hispanoamericana.

En el Perú es difícil dedicarse en exclusividad a la literatura. Su trayectoria, como docente y periodista, es un ejemplo de ello. ¿Qué tanto le ha afectado a usted esta realidad?
            –Es evidente que se pierde tiempo. Ante ello, uno arma su estrategia vital para plasmar sus ideales y designios. Ya depende de la fuerza de la vocación que uno siga contra viento y marea, siempre tratando de colonizar la página en blanco y que, a la vez, la propia familia no naufrague. Como anécdota, recuerdo que cuando trabajaba en el Senado aprovechaba para leer en la cercana Biblioteca Nacional. Esas fugas provocaron que quedara a la zaga del escalafón burocrático.

Rubén Darío, la pintura y la música

¿Cómo nace su cariño por la lectura y la literatura?
            –Surgió en el colegio, en la secundaria, cuando comencé a escribir de forma constante. En una ocasión, estudiando en el colegio Italiano –hoy Raimondi–, se me ocurrió hacer la silueta de la bota italiana con palabras. En lugar de escribir de forma lineal, lo hice verticalmente. Un vislumbre de la poesía caligramática de Apollinaire.

¿Cuáles fueron sus primeras lecturas?
            –Empecé con Rubén Darío. Azul y Prosas profanas, por ejemplo. Eran libros que compartía con mi padre, quien era un pintor de los domingos. A él, igual que a mí, le encantó descubrir a este autor. Por otro lado, mi madre era, como toda joven de su época, una lectora de poesía. De ella heredé álbumes de versos, muchos escritos a mano por ella.

Su interés por el arte trasciende la literatura. Por ejemplo, es aficionado a la pintura...
            –Seguramente por influencia de mi padre. A él le gustaba mucho pintar paisajes a pastel. Tengo un interés por las artes plásticas pero un olvido por la música. He escrito últimamente un par de poemas como una especie de mea culpas por este descuido. Felizmente, en este tiempo estoy resarciéndome de este desapego absurdo escuchando más música clásica.


> Ernesto Carlín
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