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ISSN: 1817-2423
 gstagnaro@editoraperu.com.pe Editor:
Giancarlo Stagnaro
DIARIO OFICIAL
Director:
Gerardo Barraza Soto
Av. Alfonso Ugarte 873, Lima 1 Perú
Central Telefónica (51-1) 3150400
 
 
 
 
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LA PUESTA EN PRÁCTICA DEL PLAN NACIONAL DEL LIBRO Y LA LECTURA
Libros contra la indiferencia
El Plan Nacional del Libro y la Lectura (PNLL) ha ingresado en su etapa final. Tras las consultas efectuadas por el Consejo de Democratización del Libro y la Lectura (Promolibro) con distintos sectores de la sociedad civil y el Estado, se cuenta con diversos lineamientos cuyos objetivos plantean convertir al Perú en un país de lectores y, a la vez, de ciudadanos.


            El libro y la lectura han tenido una suerte –por decir lo menos– adversa en el Perú. Inscrito en nuestra historia moderna en el encuentro entre el padre Valverde y el inca Atahualpa (1532), el libro se asoció inicialmente con la imposición de la cultura letrada en detrimento de la cultura oral. Ésta, con toda su dinámica, fue arrojada a lo más ínfimo de la escala social, generando actitudes de desprecio y racismo hacia ella.

El libro, vehículo de la temprana evangelización del Perú, se convirtió en brazo combativo de la fe católica: todo lo que está escrito en el libro era verdadero; todo lo que estaba fuera de él, no (véase como ejemplo de estas paradojas en el ámbito cotidiano la famosa tradición “Carta canta”, de Ricardo Palma). En paralelo, la lectura se convirtió en objeto de persecuciones y censura en toda la época colonial, siempre bajo la mirada de la Inquisición y la burocracia. Asimismo, la ambigüedad de la autoridad española frente al libro quedó demostrada con la confiscación y destrucción de los ejemplares de los Comentarios reales, que habrían servido de inspiración para la insurgencia de Túpac Amaru II.
            El ensayo “Del libro o la censura: poética para una lectura crítica”, escrito por el crítico literario Enrique Cortez (El libro en la cultura humana: Lima, Banco del Libro PUCP, 2004), esboza una genealogía de la relación entre poder y libro en el Perú. Cortez pone el caso del virrey Gil de Taboada, quien propició la aparición del Mercurio Peruano y, a la vez, ocasionó que se difundieran las ideas de la Ilustración. Esta publicación duró el mismo tiempo que Gil de Taboada como virrey. Apertura y censura corresponden a movimientos pendulares en la historia cultural del país, que no se solucionaron con el ingreso a la etapa republicana.

Modernización y cohesión sociales

            El reencuentro entre cultura oral y letrada comienza a gestarse con las ideas proindígenas de finales del siglo XIX, tras la derrota con Chile y la inevitable refundación del país. Con la publicación de Azucenas quechuas (1905), el antropólogo Adolfo Vienrich comenzó a recuperar las tradiciones orales andinas. A él se unirían posteriormente esfuerzos como los de José María Arguedas y Francisco Izquierdo Ríos, entre muchos valiosos aportes que prosiguen hasta hoy.
            La cultura y el imaginario populares sirvieron también de soportes para renovar el panorama literario peruano desde la década de 1920 hasta la de 1950. No creemos errado sostener que la modernización de la literatura, con el claro sustrato de la migración interna del campo a la ciudad, tiene como finalidad incorporar la fluidez de lo coloquial al estilo literario. Son nuestros escritores los primeros en reconocer la riqueza de la cultura oral y tender puentes a fin de fomentar la cohesión social.
            Sin embargo, en los últimos años las brechas educativas han incrementado su nefasta influencia y la conciliación efectuada entre lo oral y lo letrado no se ha podido resolver en el aspecto educativo. El analfabetismo ha crecido pronunciadamente. El último gran proyecto de reforma educativa, el de Augusto Salazar Bondy, formulado en el decenio de 1970, obedece a un análisis aún vigente, pese al tiempo transcurrido.
            Justamente, con el crecimiento de la sociedad peruana y las demandas por un Estado eficiente que pueda atender sus necesidades, el papel del libro y la lectura debía salir de su postración. Salvo el último gran intento por masificar la producción editorial como los Populibros, muy poco se avanzó para forjar una auténtica cultura del libro en el Perú.

Viabilidad del PNLL

            Ante la indiferencia de los sucesivos gobiernos por enfrentar el descuido de la educación y la alfabetización, y frente a la inminente circulación de los bienes simbólicos por influencia de la globalización, distamos mucho de constituir una sociedad de conocimiento contemporánea. Ya es lugar común notar el gran ausentismo escolar y en las zonas rurales la situación es más dramática, ya que muy pocos pueden finalizar los estudios secundarios. Por ejemplo, recientes estadísticas difundidas por el Ministerio de Educación muestran que aproximadamente tres de cada cuatro peruanos experimentan serias dificultades para entender lo que leen.
            Por ello, el documento del PNLL, esbozado por Promolibro como resultado de las mesas de concertación por el libro y la lectura, resulta un significativo avance en aras de conseguir a largo plazo la democratización del libro y el fomento a la lectura en el país. En líneas generales, el PNLL toma como punto de partida el diagnóstico actual de la educación peruana –niños con escasa comprensión lectora y matemática– para plantear acciones concertadas entre la familia, los maestros (el sector educativo), las municipalidades las regiones y la industria editorial, a fin de hallar maneras efectivas de acceso al libro.

• Escolares en bibliotecas comunales del cono norte.

El PNLL conlleva la idea de que sólo una sociedad del conocimiento, democrática, diversa y plural conduce al ansiado desarrollo del país. La lectura y la comprensión –no basta saber leer, también hay que saber interpretar– son capacidades que se deben reforzar no sólo en los más pequeños, sino en las personas de toda edad, porque el hábito de la lectura lo transmiten los padres a los hijos. Si bien es cierto la lectura es una actividad personal y placentera, también cumple una función social, al entablar una comunicación entre el mundo del texto y la comunidad.
            De la composición del PNLL también se desprende la necesaria lucha contra la costumbre “de un solo libro” que impera en el Perú y que lamentablemente ha conducido a nociones desvariadas de la realidad. Justamente, ideologías como el fascismo o el senderismo se basaron en una sola fuente, cegándose a todo intento de crítica y, más aún, contrarrestándola. Ese círculo vicioso lo genera precisamente el aferramiento a una sola y excluyente visión de lo que es “real”. Hay que favorecer el contraste de lecturas y la duda, actitudes que harán posible la aparición de capacidades autocríticas y, por ende, transformadoras.
            Otro de los puntos favorables del PNLL es la coordinación en el nivel de los gobiernos locales y regionales. Lo ideal sería que, a mediano plazo, cada región del país pueda elaborar su propio plan del libro y la lectura, de acuerdo con sus propias características y matices particulares, con el propósito de que la diversidad cultural y lingüística se convierta en un desafío que potencie al máximo nuestras aptitudes. De este modo, se propicia el diálogo intercultural, la inclusión y, en la dinámica de la globalización, la propia competitividad del país.

Lo que falta mejorar

            La cuestión del libro implica a los valores, positivos o negativos, que los lectores le otorgamos en la dinámica social. Nuestra actitud pasa por ese tamiz. A la centenaria indiferencia de la sociedad peruana –denunciada por Manuel González Prada y que nos recuerda aquella indiferencia frente a los valores de las culturas ágrafas– debemos contraponer los beneficios: el placer de la lectura, la ampliación del imaginario, la consolidación del mercado editorial y la institucionalización, pero, sobre todo, la formación de conocimiento; y eso tiene un valor innegable ahora.
            Deseamos que el PNLL logre cautivar a la sociedad. El lenguaje técnico debe dar paso a lo informal, lo directo, lo sencillo, de acuerdo con los requerimientos de una población socialmente heterogénea como la peruana. Durante años se ha hablado del gran nivel de nuestros escritores, científicos, pensadores y artistas; sin embargo, esa actitud no viene correspondida con acciones que posibiliten la transmisión de esos conocimientos de manera adecuada. Esta incomunicación se asemeja a los compartimentos estancos y eso no es posible en una época en que la información se transmite en décimas de segundo.
            En ese sentido, los medios visuales y virtuales han conseguido captar a la población joven del país gracias a su interactividad y práctico acceso. El PNLL debe seguir ese camino si es que se plantea los objetivos que en él se incluyen, a fin de romper con toda esa clase de prejuicios –burocráticos, políticos, sociológicos y económicos– que suelen acompañar estas iniciativas y que conducen a la tan mentada indiferencia.
            Plantear la existencia de un plan del libro y la lectura como política de Estado ya es un avance en comparación con la pesada herencia colonial de censuras, desprecio, “silenciamiento” y dejadez. La ingente creatividad de los peruanos tiene un reto enorme por delante.

A la centenaria indiferencia de la sociedad peruana debemos contraponer los beneficios de la lectura: el placer, la ampliación del imaginario y la consolidación del mercado editorial.

  Evenetos

El mundo de la lectura: episodio 2

       A principios de año, y de manera casi silenciosa, Promolibro organizó el evento El mundo de la lectura: retos y experiencias en la estación cultural Desamparados. Participaron distintos actores que se ocupan de mantener la cultura y la ciencia en el país. Al céntrico local asistieron 23 mil personas durante 84 horas efectivas (dado que se inauguraba por las tardes). Los participantes en los talleres dictados por especialistas bordearon la cifra de 10 mil. La conexión entre lectores y autores fue posible gracias a un maratón de la lectura, en que escritores representativos como Alfredo Bryce Echenique y Oswaldo Reynoso lograron congregar a un vasto público.
       Asimismo, durante esta primera experiencia se recopiló valiosa información que permitió conocer cuáles son las necesidades de capacitación de niños, jóvenes y adultos, padres de familia y maestros para generar el hábito de la lectura en los hogares y la escuela.
       Dados los resultados, el equipo dirigido por el historiador Ernesto Yépez, secretario ejecutivo de Promolibro, se aventura a proseguir la experiencia con El mundo de la lectura 2. Esta vez, se contará con la disposición completa de la estación cultural, en el primer piso y el sótano. El evento cuenta con el apoyo de entidades de la sociedad civil, así como el sector público y privado. Durará 12 semanas, a partir de abril.
       En la primera planta se dará a conocer El mundo del libro, donde se han ubicado salas de autores y puestos de venta, así como un área de producción material del libro. Es decir, el público tendrá la oportunidad de elaborar sus propios libros. El ambiente contará con elementos didácticos sobre la historia del libro del Perú, el libro multilingüe y las bibliotecas comunales, entre otros rubros relacionados con la edición y la publicación.
       En el sótano se ha situado El mundo de la lectura, donde alternarán eventos consagrados a niños y jóvenes elaborados por entidades asociadas a la lectura, con énfasis en el carácter lúdico. Asimismo, tanto las conferencias como los talleres de escritura y lectura se desarrollarán en ese ambiente.
       Escritores, editores, libreros, jóvenes y adultos, vinculados con todo tipo de esfuerzo que fomente el hábito de lectura, se harán presentes en este acontecimiento de gran magnitud, que vuelve con fuerza. La cita es en el jirón Áncash 207, Lima, a espaldas del Palacio de Gobierno.


> Giancarlo Stagnaro
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