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ISSN: 1817-2423
 gstagnaro@editoraperu.com.pe Editor:
Giancarlo Stagnaro
DIARIO OFICIAL
Director:
Gerardo Barraza Soto
Av. Alfonso Ugarte 873, Lima 1 Perú
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 > ENSAYO
LAS INGENTES POSIBILIDADES DEL PERÚ
Carta al (e)lector
El Perú es un país con una riqueza mal administrada. Para corregir es necesario formar hombres de Estado con una comprensión cabal de los problemas y posibilidades del país. De la introducción de Gobernar es saber presentamos el siguiente extracto, dirigido a motivar un examen de conciencia en el contexto actual.


Querida conciudadana, querido conciudadano:

      ¿Por qué un país con tantas riquezas naturales obtiene tan pobres resultados en términos de desarrollo económico y social, y tan mediocres indicadores en materia de empleo, salud y educación? Coincidirán conmigo que ésta es la primera interrogante que aflora cuando se trata de abordar la situación del Perú. En estos tiempos de mercado global, caracterizado por un alza considerable del consumo de materias primas, ¿cómo se ubica el Perú en la tabla de productores de minerales? Somos en cobre, plomo y plata cuartos en el mundo y segundos en América Latina; en estaño y zinc, terceros en el mundo y primeros en América Latina; y en oro, octavos en el mundo y primeros en América Latina.
      A este potencial minero hay que sumar la producción pesquera: segunda en el mundo y primera en América Latina. El Perú forma parte del exclusivo grupo de 12 países con mayor biodiversidad. Gracias a la gran variedad de pisos ecológicos y de climas, que generan una pródiga megadiversidad en flora y fauna, tenemos un notable recurso estratégico. Si consideramos a los otros miembros de la Comunidad Andina de Naciones, reunimos el 25% de la biodiversidad planetaria. Podemos decir que la naturaleza ha sido generosa con nosotros.
      A los recursos naturales hay que agregar el aporte crucial de los recursos humanos y culturales. Se trata, en efecto, de un pueblo con una cultura milenaria, que ha formado a lo largo del tiempo un tipo de hombre creativo ante los desafíos del entorno, acostumbrado a la diversidad y a la reciprocidad. ¡Somos herederos de una tesorería cultural tangible e intangible! ¿Sabemos aprovecharla debidamente? Eso es parte del problema por resolver.
      Al respecto, es oportuno preguntarle a las elites qué perspectivas de sociedad estable y próspera han buscado construir con esta excepcional base material y espiritual. Estarán de acuerdo con que cualquier gerente talentoso podría lograr grandes resultados con estos recursos. Lo más grave es cuando un país no dispone de un patrimonio material y cultural para forjar su proyecto de nación, y no cuenta con una clase política capaz de superar la inestabilidad política y social. Los centros de poder mundial lo tachan de país inviable. Nosotros tenemos lo primero, pero no lo segundo. Ése es el peligro.
      Las estadísticas socioeconómicas revelan la siguiente realidad: nuestro país ocupa en el Índice de Desarrollo Humano el puesto 82 entre 173 países, ubicándose en el tercio inferior en América Latina. De 27 millones de habitantes, 14 millones (55%) viven en estado de pobreza, 20% de los cuales en pobreza extrema. Por falta de planificación y apoyo al desarrollo local, el 72.3% de la población está concentrada en las zonas urbanas, especialmente de la Costa, con una tendencia al despoblamiento del interior del país.
       De los 13 millones que forman la población activa, 52% están subempleados y 8% en desempleo abierto. El 10% más rico de la población posee 90 veces más que el 10% más pobre. El promedio de años de escolarización es de 7.6, la tasa de analfabetismo es de 9.5, el 19.4% de pobladores del área rural no tiene ningún nivel educativo. La tasa de mortalidad infantil es de 40.6 por cada mil habitantes, la más alta de la comunidad andina. Sabemos que estos números no son abstractos: en cada uno de ellos hay un ser humano que sufre.
      ¿A qué se debe este desfase rotundo entre un gran potencial de recursos y los resultados que obtenemos en materia de desarrollo duradero y redistribución? ¿Dónde está la contradicción principal para que una sociedad con un patrimonio natural y cultural tan rico no logre los avances que merecería? ¿Cuál es la explicación para que estas riquezas no se hayan traducido en programas de empleo, salud, educación, investigación científica? ¿Se trata de poner en práctica una gestión estratégica de los recursos nacionales?
      Ustedes estarán de acuerdo conmigo en que estas preguntas interesan a toda la comunidad, cualquiera fuera el sexo, la raza o la filiación política o religiosa de las personas. Es fácil asentir también que la buena gestión, la eficacia, la honradez y la esmerada preparación no son ni de derecha ni de izquierda. Son cualidades. Sin embargo, determinados sectores tienen mayor responsabilidad que otros. ¿Cómo es posible lograr que el conjunto de dirigentes del Estado, la economía y el conocimiento trabajen unidos, para que se puedan disponer los recursos naturales, culturales y humanos atesorados por una nación, en función de un desarrollo duradero, equitativo, altamente participativo?

Hacia una escuela de dirigentes

      Desde 2004 pude abordar con mayor detenimiento un tema espinoso pero apasionante, como es el de la actuación de las clases dirigentes en el Perú, en especial la clase política, y sus pobres resultados en términos de estabilidad, innovación y reducción de la pobreza. Quizá la distancia, que permite una mirada crítica que relega lo episódico para quedarse con lo esencial, y la experiencia adquirida como funcionario internacional, me permitan establecer un juicio comparativo del ejercicio político en el Perú.
       Para escribir Gobernar es saber, me reuní con autoridades del gobierno y personalidades políticas, e intervine en diversos foros académicos. Todo esto fue un gran caudal de información que intenté procesar durante un año* para fundamentar una propuesta ciudadana destinada a crear un centro de alta formación: la Escuela Nacional de Gobierno (Engo). En ella se capacitarán a los futuros hombres de Estado en materia de gestión estratégica de recursos, con una visión creativa, preventiva y de largo plazo, que buscaría adiestrar hombres y mujeres en el análisis de la realidad y la resolución de conflictos para que puedan ejecutar los grandes programas y políticas del Estado.
      En el medio académico se ha tomado más conciencia de las carencias de una elite política que actúe orgánicamente, y no de manera espontánea, en el aparato estatal. Para paliar este alarmante divorcio entre el poder político y el conocimiento se han creado, con diferentes enfoques, maestrías en ciencias políticas en la Universidad Mayor de San Marcos, la Universidad Ricardo Palma y la Universidad San Martín de Porres. La Universidad Católica prepara otra maestría, en colaboración con una universidad norteamericana.

Exterior y defensa

      Otro punto es la ampliación de la representación nacional de los peruanos en el extranjero: la incorporación al Congreso de representantes de los casi 3 millones que viven en el exterior y que aportan mil 500 millones de dólares de remesa familiar. Esta es la única “transferencia corriente positiva”, pues tiene un efecto redistributivo en educación, vivienda, alimentación y salud, mientras que la inversión extranjera –que llega a mil 300 millones dólares anuales– envía al exterior sus beneficios por un monto de 2 mil 173 millones de dólares.
       La clase política no tenía por qué privar a una parte de la nación que radica en el exterior, que son una fuente de renovación para el país (con miles de científicos, técnicos, hombres de negocio y trabajadores en general), de una presencia en el Congreso, donde debían contar por lo menos con 15 representantes.
      Se nos olvida con facilidad una verdad casi evidente: “la mejor defensa es el desarrollo”. Por esto es necesario mostrar los beneficios de movilizar de forma efectiva a las Fuerzas Armadas hacia objetivos de desarrollo. Además de ser un elemento disuasivo, es necesario que sea un instrumento de fomento de la cohesión social, ampliando la infraestructura pública (carreteras, hospitales escuelas, entre otros) en lugares de difícil acceso, con una mayor participación en situaciones de desastres naturales.
      Fueron aleccionadoras las reuniones con la juventud universitaria. Un conversatorio con estudiantes de la Universidad Federico Villarreal me permitió sentir a esta juventud ávida de saber y progreso. Otra reunión valiosa fue la convocada por el Centro Peruano de Ciencia y Tecnología, donde dialogué con un auditorio de cerca de 200 jóvenes interesados en explicarse por qué un país con esta megadiversidad, geográfica y climática, con recursos que la ciencia y la tecnología pueden poner al servicio del desarrollo, no cuenta con un Ministerio de Ciencia y Tecnología, como un ministerio del saber y de la producción. ¿Cómo explicar lo inexplicable a esta juventud?
      En esta relación de las personas que influyeron en este trabajo, no quiero dejar de mencionar las conversaciones en París con el embajador Javier Pérez de Cuéllar. Él sabe bien la necesidad de dar permanencia a la acción política y de gobierno en nuestro país. Por ello es imprescindible poner celo en la formación esmerada de sus dirigentes, como lo prueba la Academia Diplomática del Perú en el ámbito de la política internacional.

Balance y conclusiones

¿Qué balance y propuestas útiles, me preguntarán ustedes, se podrían extraer de esta experiencia?
      La primera: el Perú tiene un problema de administración estratégica de sus recursos. Por eso la primera propuesta es la creación de una Escuela Nacional de Gobierno, que, contando con la experiencia de las maestrías impartidas por las universidades antes mencionadas, pueda configurar un programa que incluya materias teóricas, especializadas y operacionales, es decir, que el egresado de esta escuela pueda ejercer la política, tomar decisiones y tener una visión de estadista en su accionar.
      Este esfuerzo, queridos ciudadanos, requiere de la participación de toda la comunidad. Por eso insisto en que para salir adelante se necesita movilizar las energías creadoras de la sociedad. No es un problema de cúpulas. En esa movilización, el sector empresarial, la Iglesia, las Fuerzas Armadas, las universidades y la sociedad civil tienen roles por cumplir.
      Debemos tener en cuenta que en la globalización hemos entrado en la era del conocimiento, donde el valor agregado más valioso de un bien económico es el intelectual. Cierto, de un lado está el consumo desenfrenado de materias primas, con un modelo altamente consumidor de minerales y energías fósiles, pero junto a eso están los bienes y servicios de la economía intangible, de la economía del conocimiento, de las nuevas tecnologías de comunicación. Hoy, la informática, la robótica, las telecomunicaciones y la biotecnología son las principales fuerzas que mueven la economía planetaria.
      Necesitamos estas tecnologías y saberes para traducir en crecimiento y desarrollo nuestros ingentes recursos naturales, culturales y humanos. Hay que invertir en la investigación, la ciencia y la tecnología e insistir en la propuesta de que el país cuente con la estructura institucional para que se pueda aprovechar la megadiversidad biológica del país.
      Finalmente, queridos conciudadanos, ahora que asoma la fronda electoral, que este esfuerzo valga para que nosotros nos convirtamos en electores, no en meros votantes. Como ciudadanos, nosotros somos el Soberano, fuente legítima del poder político en democracia. Tenemos el deber de saber elegir a nuestros representantes. Estemos vigilantes ante la demagogia y la promesa fácil.
       Tengamos en cuenta que se requiere de mayor participación femenina y mayor diversidad cultural entre los elegidos. Exijamos creatividad e innovación de nuestros candidatos, averigüemos si es una persona preparada o no. Adoptemos una actitud crítica ante los mensajes de los medios de comunicación. Tratemos de saber si en nuestras candidatas o candidatos hay experiencia, probidad, prudencia, sabiduría, y observemos también quiénes lo acompañan.
      Estas son, amigos ciudadanos y lectores, las interrogantes que suelo formularme cuando he de elegir. Una elección es una oportunidad para enrumbar al país por un mejor sentido. Buena suerte para el Perú y buena ventura para ustedes y sus familias.

Lima, París, 2005


> Edgar Montiel
Jefe de la sección Cultura y Desarrollo de la Unesco. Autor de Gobernar es saber. Formar hombres y mujeres de Estado para la Nación.
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La proximidad de las elecciones intensifica la publicidad política.

El agua es uno de los problemas a futuro del Perú del siglo XXI.



La diversidad y la minería son aspectos pendientes de visión a largo plazo.

 

Somos un pueblo con una cultura milenaria, que ha formado a lo largo del tiempo un tipo de hombre creativo ante los desafíos del entorno. Somos herederos de una tesorería cultural tangible e intangible. ¿Sabemos aprovecharla debidamente?





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Agradezco a Rafael Cerpa, doctorando en filosofía en la Universidad Sorbona, y a Rosa Montiel, del Centro de Estudios Diplomáticos y Estratégicos de París, por su valioso apoyo en la investigación.