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 > APUNTES
 
El romanticismo alemán desde la poesía peruana
Goethe en Vallejo

           El escritor alemán Johann Wolfgang Goethe y el poeta peruano César Vallejo presentan una percepción común sobre la vida, postulada desde sus distintas estéticas.


Arnold Castillo

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La revista San Marcos, de la cuatricentenaria universidad, publicó en el año 1968 (número de enero y febrero), un artículo del crítico literario escocés James Higgins titulado “El pensamiento y el desengaño en los Poemas Humanos de César Vallejo”. Higgins observa cómo el peso del habla vallejiana aborda toda la absurdidad existencial humana y ese acto soberbio Vallejo lo traduce en un lenguaje, más que literario conceptista, según el italiano Roberto Paoli, otro importante exegeta de esta obra. Aquí queremos dar a conocer de lo que trata “El pensamiento y el desengaño...”, donde Higgins revela, por ejemplo, que el poema “El alma que sufrió de su cuerpo” va a expresar que “el pensamiento destruye toda ilusión, sabotea las carencias que consuelan y halagan al hombre y le revela el horror y la absurdidad de la existencia. La inteligencia hace sufrir al hombre al obligarle a ver las tristes verdades de la vida”. En el poema se lee: “Tú sufres de una glándula endocrínica, se ve / o quizá; / sufres de mí, de mi sagacidad escueta, tácita.” Estos versos le sugieren a Higgins que "el hombre sufre, no de una enfermedad, sino de sí mismo, de su inteligencia, de su facultad razonadora”. En Tríptico (1959), libro del filósofo español José Ortega y Gasset, encontramos algunas páginas a propósito del centenario de la muerte de Johann Wolfgang Goethe (1749-1832), denominadas “Pidiendo un Goethe desde dentro”. En éstas hace una elucidación sobre el concepto que el poeta alemán tenía de la vida, y así lo comunica a Eckerman en 1829: "El hombre está consignado con todas sus preocupaciones y afanes hacia el exterior, y hacia el mundo en torno, y ha de esforzarse en conocerlo y hacérselo servicial en la medida que para sus fines necesita. Pero de sí mismo sabe sólo cuando goza y cuando sufre, y sólo sus sufrimientos y sus goces lo instruyen sobre sí mismo, le enseñan lo que ha de buscar y lo que ha de evitar. Por lo demás, es el hombre una naturaleza confusa; no sabe de dónde viene, ni adónde va, sabe poco del mundo y, sobre todo, sabe poco de sí mismo".

Carencias del ser

A manera de ilustración podemos citar, otra vez, de “El alma que sufrió...” unos versos que hablan de ese ignorado destino del hombre: “Y tú lo sabes a tal punto / que lo ignoras, soltándote a llorar. / Tú, luego, has nacido, eso / también se ve de lejos, infeliz y cállate, / y soportas la calle que te dio la suerte / y a tu hombligo interrogas: ¿dónde? ¿cómo?”.
Esta manera de enfrentar el mundo, sin saber exactamente qué hacer, o quién ser en él, la refiere Ortega, al hablar en referencia a unos personajes de Goethe: “A Werther, Fausto y Meister les pasa como al Homúnculus: quisieran ser y no saben cómo, es decir, no saben quién ser”. Las diferencias sobre el sentido de la vida, en ambos poetas, son muy específicas, pero parecen confluir bajo unos mismos rasgos esenciales. En el caso de Vallejo, dice Higgins que “obra de una manera silenciosa e insidiosa, y se escueta en cuanto destruye las apariencias, poniendo la realidad al desnudo”. En cuanto a Goethe, esta reflexión está ganada, según Ortega, porque fue “el hombre en quien por vez primera alborea la conciencia de que la vida humana es la lucha del hombre con su íntimo e individual destino, es decir, que la vida humana está constituida por el problema de sí mismo”. Igualmente sobre esta situación en concreto, en referencia a Vallejo, Higgins señala lo siguiente: “El poeta, como un fiscal, analiza la condición del hombre y acumula pruebas de su infancia y de su miseria”. Cita, además, unos versos de ejemplo:
“Considerando en frío, imparcialmente, / que el hombre es triste, tose y, sin embargo, / se complace en su pecho colorado; / que lo único que hace es componerse / de días; / que es lóbrego mamífero y se peina”. Por otro lado, indica Ortega que Goethe “nos desorienta porque su idea de la vida es biológica, botánica. Tiene de la vida una concepción externa, como la tuvo todo el pasado. Pero no significa sino que las ideas que un hombre se hace son superficiales a su verdad vital, pre intelectual. Goethe piensa en su vida bajo la imagen de una planta, pero la siente como una preocupación dramática por su propio ser”. Desde otra perspetiva, Higgins llega a la siguiente conclusión de cómo Vallejo ve al hombre: “Generalmente no piensa sino que vive de una manera mecánica e inconsciente, vive bajo la amenaza de morir de un momento a otro, de tenderse como un objeto inanimado, pero para no pensar en la muerte busca una diversión en el trabajo y las diversas actividades de la vida, y hasta llega a sentirse feliz”. En el tránsito de información cultural, es posible deducir que Vallejo tuvo acceso a la vasta obra de Goethe, y por tanto sus coincidencias o influencias no podían ser ajenas a este escritor. Los ejemplos citados pueden corroborar de alguna manera estas presunciones.

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