<<
Ensayo Apuntes Géneros Encuentros Perfiles Lecturas Reseñas Entrevista
archivo
ISSN: 1817-2423
 gstagnaro@editoraperu.com.pe Editor:
Giancarlo Stagnaro
DIARIO OFICIAL
Director:
Gerardo Barraza Soto
Av. Alfonso Ugarte 873, Lima 1 Perú
Central Telefónica (51-1) 3150400
 
 
 
 
 >ENSAYO
 
La producción plástica artesanal y el reto eterno de las nuevas épocas
Lecturas contemporáneas de la tradición

        Extremos severos para el artesano peruano. Dispersión y cohesión, tradición y rupturas, creación de mercados y espíritu artístico: éstos y más son los recurrentes escenarios de desarrollo artístico de los maestros populares. Nuevos tiempos que exigen nuevas miradas. Una ambiciosa exposición colectiva se suma de protagonista.


Daniel Contreras M.

Los hijos e hijas que tengo están trabajando en la artesanía. Este trabajo es eterno, este trabajo es orgullo....

Juliana Miranda
Dirigente de la Asociación de Artesanos Bartolina Sisa.
Pisacoma, Chucuito, Puno.

I

Un retablo se abre y en su interior, otro tipo de imaginería, donde se funden pasado, presente y futuro, aparece. En uno de sus pisos, cerca de dos millones de artesanos –sin contar a los informales que sumarían más de un 40 por ciento– conviven en todas las regiones del país. En otro piso, los mercados crecen: según la Asociación de Exportadores (Adex), durante 2005 los principales destinos de la artesanía peruana fueron Alemania (1.4 millones de dólares), Estados Unidos (2.1 millones), Italia (2.6 millones) y el Reino Unido (2 millones). En un tercer piso, distintos artesanos asumen posturas diversas en la situación artística. Van rompiendo las fronteras instauradas por nuestra historia del arte, atenuando la delgada línea entre el arte culto y el popular, los cuales, según Pierre Bourdieu, reproducen simbólicamente las mismas oposiciones que podemos hallar en la vida socioeconómica. Y es que en un mundo de divisiones, no es de extrañar que continuemos arrastrando fragmentos y diferencias. Incluso, calificando positivamente un “arte popular” en oposición a la “artesanía”.

Retablo de Teodoro Ramírez.


Internarse en un complejo sistema de discursos estéticos y preguntarse por la función social del arte –por las características del rol de “artista” y por las particularidades que definen hoy una obra como “de arte”– no han logrado nada contra la real marginación y desidia de la cual aún son víctimas el artesano y su obra.
“En la lectura académica siguen existiendo prejuicios frente al artista artesano, pues la artesanía tiene como elemento el trabajo seriado, que la primera convierte en el principal demérito de la segunda”, sostiene el antropólogo César Ramos Aldana. “Sin embargo, muchos artesanos vienen demostrando que pueden incorporar un trabajo propio y diferente sobre las lecturas tradicionales, lo que no los ha llevado a negar el proceso tradicional, sino a realizar lecturas más contemporáneas”.

II

Gedión Fernández, artesano ayacuchano y actual presidente de la Central Interregional de Artesanos del Perú (CIAP), considera que la dignificación de lo popular pasa por no establecer jerarquías. “La labor artística requiere de más trabajo y tiempo. Y eso es algo que no se puede repetir en los productos comerciales. Pero, siendo artista, ¿por qué no hacer un trabajo comercial para sostener a mi familia?, ¿por qué no hacerlo? Pienso que ese hecho no me quita el rubro de artista.” El local de la CIAP se halla en la urbanización El Establo, en San Martín de Porres. Se trata de una cooperativa de artesanos con una estructura propia que incluye la toma de decisiones colectivas.
Su génesis es la violencia, tanto terrorista como militar, pues la CIAP surge bajo la iniciativa, 23 años antes, de un grupo de artesanos de Quinua (Ayacucho), sobrevivientes a dos matanzas. Ellos logran migrar primero hacia Arequipa y, posteriormente, a Lima.
Sólo con lo que tenían puesto llegan a la capital, además de sus mujeres e hijos. Sin dinero ni documentos –pues el Estado se los había retenido– forman parte de una invasión en Canto Grande, con la única arma del ejercicio cultural de la alfarería.

Imagen
Cerámica de caballito de totora de la Asociación Ichmay Wari.


Al respecto, Ramos Aldana comenta: “Ellos son campesinos y todo campesino sabe que es alfarero a la vez, porque tras la época dedicada a la tierra –que es la siembra y la cosecha–, las otras dos temporadas (sequía y lluvia) las dedica a trabajar haciendo cerámica utilitaria”. Catorce años después, reunidas y asociadas ya mil 400 organizaciones artesanas del país, la CIAP mueve un capital que les ha permitido a sus miembros construir sus casas, educar a sus hijos y recuperar sus DNI. Además, han creado puestos de trabajo, ser empresarios, exportar hacia ocho destinos mundiales entre Europa, Asia y Estados Unidos. Y, finalmente, pagar impuestos, lo que genera una renta al Estado peruano, que antes los desconoció, de casi 800 mil dólares anuales, con una proyección a 2010 de un millón quinientos mil dólares.


“Inicialmente, los problemas eran de cohesión, pues los artesanos estamos muy desintegrados. Estar organizado tiene sus ventajas y desventajas: estar juntos es ver los problemas en común, pero algunos prefieren evitarse ese trabajo y creen que todo es más fácil estando solos”, acota Fernández.

Imagen
Tela pintada con técnica mixta de Lala Rebaza y Julia Castro.


El otro problema –refiere– fue el de la comercialización, pues abrir mercado es difícil. “Esperamos e impulsamos la Ley del Artesano y del Desarrollo Sostenible, a fin de solucionar los problemas tributarios en una actividad exportadora que se halla sometida a reglamentos que cambian semana a semana”. Para Gedión, uno de los principales logros de la CIAP es haber dejado de lado a los intermediarios en la cadena exportadora que antes, al estar desprotegidos, sólo les abonaban ganancias irrisorias. Más de la tercera parte de lo obtenido les era negado, por lo que casi siempre se quedaban en la miseria.
Convenimos con Néstor García Canclini en que no se puede hablar de arte popular si es que el pueblo no asume el control de su producción, distribución y consumo en función de sus intereses (Arte popular y sociedad en América Latina).

III

Imagen
 

Ojo al eje. Durante todo abril se lleva a cabo en el centro cultural de San Marcos la exposición colectiva Manos artesanas. 20 miradas para un nuevo imaginario ciudadano.
Dicha iniciativa, afirma el antropólogo Ramos, también curador de la muestra, “congrega a veinte artistas artesanos con igual número de artistas urbanos para que en conjunto realicen piezas simbólicas”. El especialista incide en lo autogestionario de la exposición, así como en el carácter inédito y subvertido del que sean los mismos artesanos quienes convocaron a los “eruditos”. “Usualmente, el segundo subordina al primero a la mano de obra y no al trabajo de conceptualizar el objeto”.
El título de alusiones políticas encierra un resultado que discurre más hacia el experimento estético. Esconde, además, una experiencia que nos ofrece excelentes ejemplos sobre aquella infeliz dicotomía irresuelta. “Ha sido sorprendente descubrir cómo ambas partes viven los mismos procesos y cómo pasan por la misma desazón frente al proceso creativo. Tienen la misma necesidad de construir lenguajes propios, a fin de confrontarse con sus orígenes, así como la incomodidad de ser reconocidos por su entorno: el peso de la tradición por un lado y el peso de la mirada académica por el otro”, añade Ramos. El artesano añade sufre una gran desazón frente a un mercado que no les reconoce, que les exige lo tradicional como única forma de ser entendidos. “Lo mismo le pasa al artista urbano. Cuando rompe sus propios esquemas o busca su voz propia, es sancionado porque el canon académico no lo acepta como propio.”

Imagen
vistas de la muestra en la casona de San Marcos.


A decir de Ramos, la exposición tomó cerca de año y nueve meses de preparación; de convocar, convencer, coordinar y encontrar códigos comunes de representación. El producto, más allá de las piezas logradas, quedó marcado en la piel. Hay casos de artistas que tras el trabajo conjunto hasta hoy no se hablan o dúos que no llegaron a empezar la obra porque el artesano consideró que la persona elegida no tenía disposición al diálogo.
Llegó a tanto la tensión que hay historias de cómo dos artistas desaparecieron una semana para libar, a fin de encontrarse solamente ebrios, como iguales, y resolver la obra en esos términos.

IV

El reiterado escenario que Juan Acha proponía –de reencuentro en medio de nuevas circunstancias– debe cogernos despabilados y sin obnubilaciones. Sobre todo al rondar una situación problematizada pero no resuelta. Desde 1976, hace 30 años, cuando un crítico limeño reseñó en un medio de comunicación local, a raíz del polémico premio otorgado a Joaquín López Antay: “(...) el artesano expresa la mitología elemental de la masa indiferenciada; el artista expresa el mensaje recogido de lo hondo del alma humana, como valor absoluto en sí”, mucha tinta ha corrido en este río.
Pero aún se alega y acusa al arte popular de pobreza estética, de carecer de forma significativa y contenido realista, y de ser incapaz de estimular o recompensar la atención plástica e intelectual, atención que no es más que el engranaje cultural de un momento, que las condiciones sociales e históricas suelen transformar a su gusto.
Asimismo, en Crítica de la artesanía. Plástica y sociedad en los Andes peruanos (1982), Mirko Lauer expresa la posibilidad de un futuro distinto desde la perspectiva de otros niveles de la producción, sean económicos como sociales. Hay quienes piensan que las exigencias artesanas quizás estén a la espera de un mejor momento histórico para ser cumplidas. De acuerdo: el arte popular debe estar al nivel del arte en general. Y nuestra mirada crítica debe ser igual de exigente y rigurosa para todos los casos.

∆ INICIO

 
mED
PHuascaran
Bibliotena_Nac
inc
inabec
Concytec
w