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Mención especial
merece la actual exposición sobre la obra de Manuel
Piqueras Cotolí (1885-1937) en el Museo de Arte de
Lima. Entre tantas cruzadas por la memoria política,
no viene mal una que enfatice las expresiones culturales.
Y más si con ello los espacios tan rutinarios de nuestra
ciudad pueden aparecer a la mirada absolutamente nuevos.
Multifacético fue escultor, arquitecto, urbanista,
Piqueras Cotolí definió algunas características
del diseño de la ciudad de Lima. Su trabajo apunta
a pensar el espacio urbano desde una perspectiva histórica,
que no excluye lo estético.
En efecto, uno de los aspectos más saltantes de su
obra es su intencionado sincretismo de corrientes artísticas
occidentales, al lado de una significativa apertura a las
formas incas y preíncas. Su programa de un mestizaje
cultural fue una profunda indagación sobre las formas
tradicionales del país, junto a la incorporación
de desarrollos más modernos.
Otro elemento importante por considerar es el contexto de
época. Las primeras décadas del siglo XX fueron
en el Perú y América Latina afirmativas. El
discurso sobre la renovación espiritual de José
Enrique Rodó halló en los intelectuales de la
Generación del Novecientos y los de la década
de 1920 un fértil campo de proposición.
A la distancia, el itinerario de Piqueras Cotolí, que
se inscribe generacionalmente cerca de los intelectuales de
1900, nos ilustra cómo se pensó el Perú
y cómo, a pesar del tiempo, muchas de esas estructuras
permanecen.
Otro tema central de esta edición es la presencia de
un lenguaje cotidiano que discrimina al afroperuano, el otro
protagonista de la historia peruana.
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