Director: HUGO COYA HONORES

AÑO DE LOS DERECHOS DE LA PERSONA CON DISCAPACIDAD Y DEL CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE JORGE BASADRE GROHMANN

De colección
ampliar
EDITORA PERU

Av. Alfonso Ugarte 873
Lima
Teléfono (51-1)3150400
  Editor
Enrique Cortez
Redactor
Jorge Coaguila
Editor gráfico
Alejandro Kanashiro
Diseño y diagramación de edición impresa
Juliio rivadeneyra Usurín
 
El suplemento no comparte necesariamente la opinión de sus colaboradores
  INFORME

Por:
Álvaro Sarco


Moro y la vanguardia

Amor à moro, homenaje a César Moro es un libro editado por Carlos Estela y José Ignacio Padilla. ¿Qué puede decirse de esta publicación, auspiciada por el Centro Cultural de España? En principio, que es una interesante compilación de opiniones que sobre la obra o vida de Moro vertieran connotados poetas y escritores.
Caben resaltarse, además –de este volumen de homenaje–, la acertada conjunción de cartas personales y poemas de Moro cronológicamente ordenados (Carlos Estela traduce la mayoría de las piezas redactadas en francés), el aplicado estudio de Reynaldo Jiménez titulado simplemente Moro, y, asimismo, las Notas acerca de la relación entre César Moro y André Breton, del mexicano Rafael Vargas; además del artículo Saber y violencia en los ensayos de César Moro, de Helena Usandizaga.
El balance del volumen que en esta oportunidad nos entregan Carlos Estela y José Ignacio Padilla arroja, pues, un saldo positivo, toda vez que evidencia un importante despliegue de pesquisa y ordenamiento de antiguos documentos escasamente difundidos de Moro o sobre el vate. Por añadidura, en Amor à moro existe una preocupación por reunir aproximaciones y enfoques actuales sobre la obra del autor de La tortuga ecuestre.
David Ballardo y Walter Sanseviero ofrecen, por su parte, la edición facsimilar de dos publicaciones vanguardistas: el libelo Vicente Huidobro o el obispo embotellado (febrero de 1936) y la revista El uso de la palabra (diciembre de 1939). La importancia de esta edición, que trae en el estuche dos aportes de Mario Vargas Llosa, tiene una doble dirección; en principio, poner en manos del público aficionado o especializado textos a los que era difícil de acceder, y, luego, presentar un aspecto poco difundido –entre el gran público– de dos de los más importantes poetas peruanos: César Moro y E. A. Westphalen, nos referimos a sus facetas como articulistas-libelistas.
Vicente Huidobro o el obispo embotellado nació como una respuesta al pasquín Vital (junio de 1935) dirigido por Vicente Huidobro, el mismo que se ocupó de atacar violentamente a Moro. Lo importante aquí es examinar una actitud polemista muy propia de la vanguardia que tenía por objeto tanto la reafirmación de cenáculos y manifiestos como la búsqueda de la notoriedad a través del escándalo. En la acre disputa que nos convoca, Vicente Huidobro –en franco declive creativo por aquel entonces– consiguió mantener las miradas sobre su persona; en tanto Westphalen como Moro lograron lo propio, con la diferencia de que en ellos el proceso creativo se hallaba en ascenso. También es motivo de atención la “incendiaria” prosa de la que hacen uso y abuso las dos partes, en un despliegue de ingenio y pluma curtida en el discutido género de zaherir. Así, Huidobro denosta con una rabia digna de mejor causa contra “el piojo homosexual César Quíspez Moro”. En tanto, el autor de Le château de grisou tilda al vate sureño de “analfabeto agresivo y pretencioso”, “ratero”, o “basura hambrienta de gloria”.
En El uso de la palabra destaca la espléndida prosa poética con que principia Westphalen La poesía y los críticos, contribución en donde está patente también la casi sempiterna animadversión de los “creadores” frente a los “críticos”. En opinión de Westphalen, estos últimos sólo “definen, clasifican, premian, condescienden, exhortan”, mientras que la poesía “está en otra parte”.
No obstante, creemos que el artículo de Moro A propósito de la pintura en el Perú es lo más destacable de la revista; no tanto por el rechazo que provocaría ulteriormente en algunos escritores ni por la forma de abordar el asunto –la prosa de Moro es casi panfletaria, aunque brillante–, sino por algunas ideas que se deslizan bajo el estilo. Es significativo y mueve a la reflexión cuando Moro afirma que en nuestro país quien se “atreva a mirar el mundo con ojos que no sean de un denodado pintor indigenista o los del escritor folclórico, inmediatamente es tratado de extranjerizante, afrancesado y enemigo acérrimo del indio, de ese fabuloso mito de cartón que les produce rentas, entendiendo, sin duda, por amigos del indio a las vetustas turistas sajonas que, álbum de acuarela en mano, se dedican a sorprender ‘el alma del Ande’, para hablar como un indigenista perfecto, dándonos hasta la náusea la consabida imagen del indio en una postura prenatal con la ‘quena’ entre las manos como símbolo compensatorio demasiado claro de la virilidad adormecida”.

 

.