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FICCIÓN Y EXPERIENCIA
¿Quién conoce a Luis Loayza?
Las múltiples imágenes de Lima en la obra de Luis Loayza es perceptible gracias a la sensibilidad que emiten sus relatos. Lima, uno de los temas de su narrativa, se convierte en objeto de nostalgia y de disparidad entre presencias diferentes.
Nunca he visto en persona a Luis Loayza. Salvo una repetida fotografía de sus años de juventud y otra tomada en Europa, frente a su casa, en años más recientes y aparecida en el suplemento de un diario local, no tengo más rastros físicos de este fundamental escritor. Muchos amigos míos afirman también haber visto otra fotografía en la que aparece jugando su célebre partida de ajedrez contra el campeón norteamericano Bobby Fischer. Yo no la vi jamás. Si me cruzara con él por alguna calle, lo confundiría con cualquier otro limeño; aunque quizás convenga preguntarse qué limeño es Luis Loayza. Lo pregunto porque en casi todos sus cuentos de su libro Otras tardes, que apareció en 1985, sus personajes rememoran una ciudad para ellos prácticamente aniquilada. En el cuento Padres e hijos, aparece la pregunta: ¿Qué quedaba de la ciudad delicada en el caos ruidoso e impersonal que sigue llamándose Lima?. Es curioso, la ciudad delicada a la que se refiere el cuento se da en las primeras cuatro décadas del siglo XX y la caótica e impersonal en los años setenta y ochenta, años de mi infancia y a la que difícilmente yo podría calificar en cualquiera de los dos extremos; pero sí podría afirmar que hoy, a inicios del XXI, también ha cambiado para mí, que soy limeño. ¿Cuál? No lo sé.
En el caso de Luis Loayza, los personajes de su libro de cuentos perciben este cambio, porque indubitablemente han sufrido una ruptura. De lo contrario, en la continuidad, en la rutina citadina, las mutaciones se habrían dado en ellos de un modo imperceptible, de una manera inexpresiva. En el cuento La segunda juventud, el protagonista es un diplomático que, a pesar de él mismo, vuelve a la ciudad y descubre los cambios en ella y en sus personas más allegadas. En los demás cuentos, los protagonistas perciben que sus vidas han sido escindidas en un momento en que ellos no logran precisar. Estos quiebres se dan por retornos al país, rupturas sentimentales, ausencias familiares o por un simple estado de ingravidez dictaminado por los calores estivales o la grisura del invierno limeño. Y cuando vuelven la mirada, lo primero que notan son casas derruidas, nuevas construcciones, una nueva lógica que rige las vidas de los otros y que ellos no han sabido aplicar ni asimilar.
Varias de las mujeres limeñas de este libro, huyendo de la molicie invernal de esta ciudad, prefieren alternar sus vidas en zonas de clima templado, en los tibios espacios de Chosica o Chaclacayo, y sólo pasando temporadas en Lima, en los pocos meses del verano. El cuento Otras tardes es genial al presentar al entrañable personaje de Ana, cuya disponibilidad para la pasión depende y se ajusta con los rayos del sol en la capital. Con Graciela, personaje femenino de La segunda juventud, encontramos a una mujer que odiaba vivir encerrada en Lima, donde, según ella, nunca pasaba nada. Los sentimientos que comparte con ella en determinado momento el protagonista se muestran de la siguiente manera: Mi amor fue limeño, mortecino y desesperado como la garúa, y creo que ella también sentía por mí una pequeña pasión. En Adela, muchacha grácil que mueve a la amistad y complicidad del protagonista en el cuento Enredadera, la rebeldía, la gran necesidad de ir en contra de lo que disponía la tradición familiar de entonces, se ve afectada por su propia pasión. Las demás mujeres presentan una movilidad que, para bien o para mal de ellas, las lleva hacia algún punto determinado, en la soledad o la complacencia de un mesurado amor.
Con los hombres es diferente. Los personajes no llegan a ninguna parte. El pasaje clave, la metáfora que nos ilumina el destino de estos hombres, dice: En el comedor volví a encontrar el juego de té con figuras azules en las que un chinito, después de tantos años, no acaba de cruzar el puente. La distancia del narrador frente a lo que cuenta le brinda un reposado aliento para la reflexión, para a través de la memoria reconstruir instantes que le puedan aclarar el porqué de su inconformidad, la razón de no haber terminado de cruzar el puente. Obviamente, lo mejor para estos personajes es tratar de recordar desde dónde emprendieron ese cruce. Y vemos que el extremo de la partida está el centro de Lima. Nuevamente, en Otras tardes, el joven profesor va hacia el centro para dar sus clases en un curso universitario de verano. Éste será el escenario para el tenso romance que emprenderá con una mujer casada. En Enredadera, el protagonista ha abandonado su casa para ir a vivir a la de la abuela en Miraflores y, como dirá él: (
) sintiéndome desterrado de Lima, es decir del centro de la ciudad que es lo que propiamente se llama Lima, como si los demás barrios más nuevos y alejados fueran ya el comienzo de las provincias. En Padres e hijos, un arquitecto maduro, huérfano de padre a los siete años, realiza unos recorridos por la ciudad para poder establecer vínculos familiares con su padre, con lo que era él. Allí se puede leer: La búsqueda lo sacaba de sus propios recuerdos de infancia, pasaba de los años treinta a los veinte, de Miraflores al centro de Lima, a la época y los ambientes de la juventud de su padre. En La segunda juventud, el diplomático de carrera visita sus años universitarios en el centro, durante una primera juventud, para aproximarse tímidamente a un presente difuso. En Fragmentos, último texto del conjunto, las diversas piezas, dislocadas entre sí, se unen por una misma atmósfera y estrategia: la rememoración, la ciudad, el afán de fijarse en ese Centro de Lima que nos hace tan distintos con los años, pero semejantes cuando creemos convivir con los fantasmas.
Otras tardes es un libro que no deja de sorprenderme y creo que, de animarme a ir nuevamente por las calles del Centro de Lima, es muy probable que me encuentre con Luis Loayza en la mitad de algún puente.
(*) Escritor y docente. Fue profesor invitado en universidades surcoreanas. Es autor de los libros de cuentos Habitaciones y Retratos familiares.
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