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TRADICIÓN LITERARIA E IMAGINARIO
En busca de El sol de Lima
Luis Loayza es uno de nuestros escritores mayores, aunque sea más conocido como ensayista. Justamente su libro de ensayos El sol de Lima demanda de sus lectores atención y reflexión para comprender nuestra tradición literaria, formada por aquellos escritores que, desde la colonia hasta nuestros días, se han preguntado por la naturaleza de nuestra identidad, movediza y difícil de definir.
Si tuviéramos que mencionar dos libros de ficción de Luis Loayza, no podríamos dejar de nombrar El avaro y otros textos y Otras tardes como los más conocidos y significativos. Cada uno, a su modo, instaura un trabajo literario novedoso, tanto en los temas como en el estilo literario escogido para ellos. Sin embargo, tampoco podemos dejar de lado su obra ensayística, muy importante en su trayectoria como crítico y escritor, en la cual encontramos libros como El sol de Lima (Mosca Azul Editores, 1974; Fondo de Cultura Económica, 1993), Sobre el 900 (Mosca Azul, 1990) y Textos extraños (Pre-Textos, 2000).
En esta oportunidad nos referiremos a El sol de Lima, un libro de ensayos en el que Loayza se ocupa de comentar y hacer reflexiones sobre varios autores de la Colonia, como Garcilaso o el Lunarejo, u otros más contemporáneos, como Valdelomar, Martín Adán o Vargas Llosa. En ellos, sin embargo, si bien siempre encontraremos la semblanza sobre la obra y la vida de los escritores, nunca faltará una reflexión sobre la búsqueda de la identidad peruana, y esto es uno de los primeros factores que queremos resaltar aquí. Para Loayza, la revisión de la literatura peruana implica siempre una relación con la historia de la literatura, y el tema de la identidad no puede evitarse. Por esta razón, y sin proponérselo, puede decirse que a través de las reflexiones que aparecen en El sol de Lima se postula una idea sobre la tradición literaria, una tradición que se instaura siempre en la búsqueda de una identidad y establece una crítica a la historia de la literatura peruana.
Empero, Loayza no ha sistematizado esta reflexión. Casi todos los ensayos fueron escritos en distintos momentos (el primero de todos es de 1958 y el último de 1974) y sólo se podría decir que pocos temas tienen relación directa con otros. Pero, al mismo tiempo, y así se hable de la literatura colonial o contemporánea, podemos identificar ciertas categorías que se utilizan como herramientas de análisis, como sucede con las categorías de la condición colonial o la universalidad.
La condición colonial
Si bien la Colonia peruana consiste en un vasto conjunto de fenómenos sociales, políticos y culturales, Loayza trata de describir este largo período histórico mediante lo que llama la condición colonial. Ésta, sin embargo, no es una etapa histórica, sino una situación cultural: la dependencia que hubo en el virreinato peruano respecto a España que, en gran medida, condicionó la producción artística y cultural de muchos artistas e intelectuales. El Inca Garcilaso, si bien pudo realizar obras como Los comentarios reales e Historia general, en las que logró transmitir una de las primeras ideas sobre la identidad peruana, sufrió después la postergación a la que quedaron relegados los primeros hijos de América en Europa. Nunca fue reconocido como hijo de conquistador y tuvo que vivir gran parte de su vida a expensas de otros, relegado. Por otro lado, sucede algo parecido con Juan Espinosa Medrano, llamado el Lunarejo, pero en un tono más dramático. Mientras que Garcilaso viajó a Europa y gozó de la riqueza de la España renacentista, el Lunarejo no pudo salir del Cusco. Si bien llegó a formar parte de la Iglesia, saber muchos idiomas y ser un erudito de la filosofía y literatura clásica, nunca logró conocer la realidad de su propio país. Podía ser una de las personalidades más cultas del virreinato peruano, pero siempre, en algún momento, se iba a encontrar con los límites que esta misma institución le imponía:
El Lunarejo, aunque gracias a la profesión eclesiástica y al propio talento logró ser un escritor, como era muy raro que llegaran a serlo, en esa sociedad, los hombres de su raza, no tuvo ante sí las mismas oportunidades [que Garcilaso]. No es sólo que le faltasen mejores maestros y libros, más posibilidades de escribir y publicar, aunque esto ya sea mucho. La condición colonial lo llevó al formalismo, a la cultura entendida como juego: no podía enfrentarse a la realidad de su país, ni siquiera verla claramente: se hallaba sumido en su propia realidad de postergado, de desterrado de la luz.1
La obra que llegó a realizar el Lunarejo fue muy importante recordemos el Apologético en favor de don Luis de Góngora, pero la alienación a la que lo forzaba la cultura española no le permitía referirse directamente a la realidad peruana. Podía tomar la cultura española como tema, pero el Perú siempre tendría que aparecer como algo secundario. Esta lejanía es propia de toda colonia y en el Perú persistirá durante mucho tiempo2, añade Loayza en otro lugar. Toda cultura colonial es, por naturaleza, periférica; la metrópoli, el calor preciso se encuentra en otro lugar, en el centro del mundo.3

La época de la colonia fue la época en la que muchos escritores se
limitaron a cumplir con los requisitos de la poesía clásica española de su tiempo, junto con excelentes metáforas e imágenes retóricas que halagaban a las autoridades. Sin embargo, estos autores no llegan a representar temas concernientes a la realidad o verdad de la Colonia la marginalidad y la desigualdad, ya que el Perú era visto desde la cultura española. Precisamente, Loayza resaltará la obra de Garcilaso y el Lunarejo, dado que ellos sí hacen del país un centro de perspectiva, un lugar desde el cual Europa y el mundo se ven desde el Perú y no al revés.
Pero esta diferencia, señala Loayza, entre el Perú visto desde fuera y el mundo visto desde el Perú prevalecerá durante muchos años, incluso hasta nuestros días. Durante el siglo XIX los costumbristas buscaron una identidad para el Perú, una representación ante los demás países hispanoamericanos y principalmente España. Pero, a pesar de este esfuerzo, los costumbristas conservaron una mirada exterior, concentrándose sólo en lo superficial y lo pintoresco el uso de peruanismos, las danzas folclóricas, las comidas típicas y demostrando en realidad relativo interés por lo que representaban. Algo que en un momento podía ser bueno o interesante porque era peruano puede perder rápidamente su valor o interés precisamente porque era peruano. En última instancia es posible que se trate de un mismo complejo de inferioridad, de origen colonial, que nos convence que la verdadera cultura se encuentra siempre en otra parte.4
Para los costumbristas, los peruanos no eran capaces de crear algo con valor y por eso el Perú siempre es visto a la distancia. La representación de los diferentes estamentos sociales recuerda mejor la sociedad jerarquizada de la Colonia y la continuidad de la condición colonial de la cultura:
Lo falso [del costumbrismo] no está, por supuesto, en que los usos locales aparezcan en la obra literaria, sino en la manera cómo aparecen o la importancia que se les asigna. También en los libros de Arguedas o Vargas Llosa encontramos el vocabulario, la cocina o las canciones del país, pero sin exhibicionismo ni complacencia, y esos elementos no los definen; los autores aspiran a ser universales, no a ofrecer espectáculos al lector turista. Ser universal no es negarse a escribir sobre la propia sociedad como esos hispanoamericanos que escribían cuentos que transcurrían en París, sino lo contrario, escribir sobre ella desde dentro, en cuanto entraña, como cualquier otra, valores universales.5
En esta crítica al costumbrismo, Loayza se centra en dos puntos. Primero, en que lo falsodel costumbrismo no está en el mero uso de elementos locales en la obra literaria, sino en la manera cómoaparecen o la importancia que se les asigna. Hay muchos autores que no centran su atención en estos elementos, ya que describen la sociedad desde dentro, o, en palabras de Loayza, aspiran a ser universales y a representar el interior de la cultura peruana. Y, en segundo lugar, en la reducción de todo lo peruano a lo costumbrista y a lo criollo. Se piensa que todo lo peruano se limita a las marineras, a la comida típica, al folclor y, sin embargo, nuestros mejores escritores no fueron criollos si por ese término entendemos la famosa picardía, con la gracia que a veces pueden tener; no lo fueron Garcilaso, los hombres del Mercurio Peruano, González Prada, Eguren, Vallejo, Moro y Arguedas6. El criollismo no es natural al espíritu peruano y en la medida en que el Perú llegue a estar fundado en la responsabilidad y la justicia, y no en la sorda lucha de egoísmos, tendrá que desaparecer. Loayza aspira a una sociedad democrática, en la que, en vez de la burla y el desprecio, se intente reconocer y en el caso del arte, representar los sentimientos y las emociones de las personas.
La formación de la tradición literaria a partir de la universalidad
Sea en la Colonia, en los primeros años de la República o en la actualidad, encontramos esta búsqueda por lo interior de lo peruano. Esto es, de lo que él mismo llama universal, en rechazo de todo lo superficial y particular. Pero, al mismo tiempo, esta búsqueda es la creación de una tradición literaria peruana, ya que toda tradición implica la indagación por una identidad, tal como lo dice Antonio Cornejo Polar en su libro La formación de la tradición literaria en el Perú: La tradición literaria es en parte generadora del proyecto nacional y no su simple reflejo. No otra cosa representa la polémica entre Riva Agüero y Mariátegui, sobre el carácter general de la literatura peruana, o la más específica, entre Mariátegui y Sánchez, acerca del sentido y la importancia del indigenismo.7
Este problema entre lo universal (interior) y lo particular (exterior), entonces, Loayza no sólo lo percibirá desde el punto de vista literario, sino también desde el cultural. Y aquí vale recordar el ensayo Vagamente dos peruanos, en el que Loayza hace una reflexión sobre la imagen que tienen los extranjeros sobre los peruanos:

La mirada de los europeos que pregunta a los viajeros peruanos por su país es decir, por los indios, por los explotados, por quienes no llegan a Europa surge en parte de la ignorancia, pero es fundamentalmente justa. Los peruanos no hemos creado todavía ninguna imagen universal de nosotros mismos que reemplace los grabados antiguos en que llevábamos plumas y hermosos vestidos. Esas imágenes persisten porque son las más originales y mejores que hemos dado al mundo. Un hombre de la cultura Paracas, que apenas si adivinamos en la prehistoria por el testimonio de su arte, fue una respuesta magnífica ante la naturaleza, un creador. Un limeño del siglo veinte suele ser una copia borrosa del europeo o el norteamericano, un proyecto que aún no se ha definido del todo. Los extranjeros exigen que seamos nosotros mismos y no imitemos a los demás: eso es lo más difícil y todavía no lo hemos conseguido.8
Esta falta de imagen se debe a que los peruanos no han formado todavía una imagen universal de sí mismos. Hay una tendencia a copiar o imitar lo extranjero, sin llegar a una definición (los peruanos no son como los peruanos, sino como los otros, los extranjeros). Debido a esta situación, en el extranjero la imagen del Perú es exótica y anacrónica. Un hombre de la cultura Paracas les parece más original una respuesta magnífica ante la naturaleza, un creador que uno basado en imitaciones. Aún sobrevive la mentalidad colonial, en que lo extranjero es mejor que lo nacional y la historia de la Colonia se repite en la actualidad.
En varias ocasiones, Loayza pone de manifiesto que es difícil hablar de temas peruanos, lo que implicaría, por extensión, que es difícil hablar de temas nacionales, ya que no se sabe si éstos pertenecen a un país o a otro. Como ejemplo se puede poner el caso de lo que sucedió en el costumbrismo, movimiento en el que muchos escritores, más que crear una tendencia original, imitaron a sus modelos españoles. Por eso, y ante esta situación, la única manera de salir de la condición colonial de la cultura y del problema infinito de lo nacional o extranjero, términos que el mismo Loayza utiliza en sus ensayos es a través de la asimilación y creación constantes. Garcilaso y el Lunarejo, si bien utilizaron las formas y la cultura española, lograron crear un discurso propio, separado de toda la retórica española. Si bien contienen rasgos distintivos de una cultura u otra, logran traspasar estos mismos niveles y transmitir un contenido universal. Y lo mismo sucede con tantos otros movimientos culturales y escritores que utilizan elementos de uno y otro lugar, aunque siempre con creatividad.
La tradición literaria peruana, en términos de Loayza, está determinada por los libros peruanos universales, ya que son los que buscan revelar el interior de lo peruano. Pero ellos no sólo serán la guía para llegar a una imagen universal del Perú, sino a muchas imágenes universales y en esta búsqueda no se puede contar únicamente la literatura como fuente, sino también el arte y la cultura peruana. En este sentido, ya no se buscará una sola imagen del Perú, cualquiera que sea obsesión en la que se estancó el costumbrismo, sino las imágenes universales del Perú que se han hecho a lo largo de la historia, como también anota Cornejo Polar:
Interesa subrayar, sobre todo, la naturaleza ideológica de las operaciones que fijan la imagen del pasado y diseñan la ruta que conduce, desde él, hasta el presente, nuestro presente. De alguna manera ésta es la tradición: corresponde a la historia, pero a una historia pasible de ser asumida como propia.9
Los libros de la tradición literaria se presentan como un modelo para la sociedad peruana. Mientras más los leamos y los conozcamos, mejor entenderemos nuestra actualidad.
El sol de Lima como una búsqueda de la literatura y la cultura peruanas
Pero la diferencia entre lo particular y lo universal en los ensayos de El sol de Lima no sólo se aborda desde la crítica ideológica, sino también del propio análisis literario. En el ensayo Aproximaciones a Garcilaso, Loayza descubre que en los Comentarios reales hay un juego entre lo exterior y lo interior, que le sirve a Garcilaso para poder escribir su obra. Garcilaso crea un personaje débil e ignorante que a los ojos de los españoles pasa inadvertido, pero que en realidad oculta al verdadero Garcilaso, aquel que se dirige a los peruanos y puede decir la verdad:
Garcilaso se presenta como un indio, un viejo soldado sin letras que no escribe bien el español porque su lengua materna es el quechua. Compone así un personaje hecho de verdades a medias, de usos de buena educación literaria y de ironía. Desde luego, él mismo no cree en su personaje y no puede esperar que muchos lectores lo acepten, pero tanta modestia tiene sobre todo un valor táctico. Este personaje rudo y sencillo dirá sin duda la verdad.10
El sol de Lima, si bien es un libro citado con frecuencia, es también relativamente desconocido por los estudios literarios peruanos. Se ha preferido ver en él un texto no académico y lamentablemente las ideas sobre lo colonial y la universalidad hasta ahora no han sido consideradas en los estudios sobre la identidad, tan frecuentes en estos últimos años. Estas categorías, sin embargo, no aparecen exclusivamente en El sol de Lima, sino también en otros libros de ensayos poco conocidos de Loayza, como Sobre el 900 y Textos extraños, en los cuales se plantean problemas muy parecidos (como en el ensayo Sobre el Ulises, aparecido en este último). Así, pues, los textos de El sol de Lima forman una organicidad y pertenecen al propio proceso creativo de Loayza.
Por otro lado, El sol de Lima es también una puerta a la persona que está detrás del escritor. A Loayza le interesa contar cómo este escritor se descubre a sí mismo como un artista y así somos testigos de sus oportunidades o dificultades a lo largo de su vida. Para Loayza es importante la interacción que el escritor tiene con el mundo, ya que las obras son su consecuencia, así como sucede con Valdelomar o tantos otros (véanse a propósito los ensayos El joven Valdelomar y Martín Adán en su casa de cartón). Por eso, más allá de ser una reflexión sobre la literatura, El sol de Lima es una invitación para conocer a personas que, como nosotros, han compartido una realidad semejante a la nuestra y pueden decir algo sobre ella.
El sol de Lima, la frase que titula al libro (y también al ensayo del mismo nombre), hace referencia a una leyenda europea: la idea de que la ciudad de Lima, por situarse cerca del ecuador y ser la capital del Perú, el antiguo imperio del sol, tiene un sol brillante durante todo el año. Sin embargo, con esto Loayza quiere hacer recordar varias cosas y revelar dos verdades. Por un lado, la existencia de una imagen extranjera que nos muestra el deseo por un lugar tropical, alejado de todos los países fríos e industrializados (imagen que no es verdadera ni falsa, sino que nos revela cómo nos perciben los otros). Por otro, la falta de una imagen a través de la cual podamos reconocernos. Pero si bien Lima es una ciudad que casi siempre es fría, donde una nube, visible o invisible, nos acompaña todos los meses del calendario, ésta es la verdadera imagen de Lima.
En El sol de Lima, dicha verdad está relacionada con la luminosidad. Esto lo vemos cuando leemos que la verdadera cultura es el calor preciso (cuando el Lunarejo se siente marginado de la cultura europea, Loayza lo describe como un desterrado de la luz). La realidad de Lima, por tanto, puede ser nublada y oscura, pero ésta es su verdad, su luminosidad. No querer verla sería crear otro mito, otra leyenda que nos alejaría de la ciudad a los limeños y a los peruanos del Perú.
(*) Estudió la maestría en literatura en la UNMSM. Es coeditor de la revista virtual El Hablador (www.elhablador.com)
Notas:
1 Loayza, Luis. El sol de Lima, Lima: México D.F., Fondo de Cultura Económica, 1993. p. 10.
2 Loayza, Luis. El sol de Lima, p. 46.
3 Ibídem.
4 Loayza, Luis. El sol de Lima, p. 65.
5 Loayza, Luis. El sol de Lima, p. 64.
6 Loayza, Luis. El sol de Lima, p. 89.
7 Cornejo Polar, Antonio. La formación de la tradición literaria en el Perú. Lima: Centro de Estudios y Publicaciones (CEP), 1989, p.17.
8 Loayza, Luis. El sol de Lima, pp. 55-56.
9 Cornejo Polar, Antonio. La formación de la tradición literaria en el Perú, p. 15.
10 Loayza, Luis. El sol de Lima, p. 12.
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