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Belli y la rotura del lenguaje habitual
Carlos Germán Belli acaba de obtener el Premio de Poesía José María Eguren 2004 por su libro La miscelánea íntima, otorgado por el Instituto Peruano de Cultura de Nueva York y el Consulado General del Perú en esa ciudad. El jurado fue integrado por Isaac Goldemberg, Oscar Hahn, Pedro Lastra, Helí Peláez Castro y Miguel Ángel Zapata.
Hugo Friedrich dice que el concepto de lenguaje nuevo sólo se precisa un poco allí donde acentúa su intención agresiva. Al romper con lo habitual explica se convierte en un shock para el lector. La sorpresa es ya desde Baudelaire un término técnico de la poética moderna, como en otro tiempo lo fue de la literatura barroca. Continuando con las ideas de Friedrich, uno podría afirmar que la poesía de Carlos Germán Belli se circunscribe en este entorno agresivo, y esencialmente su poética radica en la rotura del lenguaje habitual.
No me refiero aquí a la rotura con lo cotidiano ni a su representación superficial en el poema, sino al uso de un lenguaje dislocado que se aleja de toda correspondencia posible entre los signos y lo designado. El lenguaje belliano es esencialmente disonante. Su densidad llega a colmarse en las diversas refundiciones que practica, e igual que en la pintura o la música, los resultados son insólitamente hermosos. Lo sorprendente es la materia viva de de su poesía, y el lector puede esperar cualquier sorpresa que pudiera ser la aparición de la imagen arcaica o la ciencia posmoderna. Entonces un lector no avisado no comprenderá por qué el poeta vuelve a las villanelas y las sextinas en estos tiempos de la oscuridad tecnológica y la exageración neobarroca.
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La Parca Glotona
(Fragmento)
(. . .)
Y Luzbel a la parca cuida siempre,
dándole los mejores alimentos
reparadores para que esmerada
afine el paladar y ya no sea
de figura esquelética como antes,
que parecía que jamás ni breve
miga hubiera comido,
y en cambio sí que se le ve rolliza
como el espejo fiel
del destino de una voraz glotona.
(¡claro está! merced a su custodio ángel).
En los alrededores hela allí
atropelladamente sin medida
cómo se banquetea entre tinieblas
de segundo a segundo muy puntual,
en el curso del milenario tiempo,
que derecho a su vientre pasan raudos
hombre, animal y planta,
por cuyas quintaesencias ella goza
de una salud de hierro,
y así por estos reinos naturales
la muerte se convierte en vida pura.
(17 de diciembre de 2001, fecha
del quincuagésimo cuarto aniversario
del fallecimiento de mi padre).
De La miscelánea íntima.
Valencia: Pre-Textos, 2003.
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No cabe duda de que la presencia de la poesía de Belli en el contexto de la lengua castellana ha creado un coloquio renovado entre las poéticas de nuestro tiempo. Su poesía cumple un periplo que enmarca una densa colmena de significados. En su obra se puede vislumbrar varios tipos de temáticas. El poeta cree y participa del eterno retorno de la vida y el lenguaje, y ciertamente sabe que la vida y el lenguaje son dos artefactos distintos, dos avenidas por las cuales se llega al poema. El poeta de Lima practica una poesía polifónica, la cual evita la repetición emotiva del romanticismo y cierta exageración del lenguaje sin sentido. El barroco belliano es un edificio que recombina las esferas de un lenguaje tradicional pero con una tónica renovada. Existe en su sentido un lenguaje feérico que cala en la profundidad de la vida y el universo. Belli ejecuta una revuelta con la poesía: retorna a la transparencia y dificultad de los clásicos, y los remira desde los claustros y los muros de una ciudad recuperada en la memoria. Las poesía de Belli tiene sentido, aun cuando sus paredes están resguardadas por arcaísmos y sonatas de otros tiempos. Esta nueva aventura del lenguaje es la que ha inaugurado Belli en la poesía hispanoamericana después de la vanguardia. No cabe duda de que en poesía el tiempo y el espacio son los dadores de vida o los portadores de la muerte. En el caso de Carlos Germán Belli, ha sido lo perdurable lo que de inmediato se asocia con su poesía.
Esta nota quiere ser un reconocimiento al escritor de alto pensamiento y a su rigurosa labor con la palabra poética. Estando fuera del Perú como siempre suele suceder descubrí cuán apreciada era la poesía de Belli a escala internacional. En El pesapalabras (1994) reuní una serie de ensayos en torno a la obra del poeta, donde colaboraron Mario Vargas Llosa, Roberto Paoli, Julio Ortega, Paul Borgeson, Javier Sologuren, Enrique Lihn, Óscar Hahn, James Higgins, Alberto Escobar, Jorge Cornejo Polar, Christine Legault y José Miguel Oviedo, entre otros. Éste era el primer homenaje al poeta por cierto ahora preparamos una segunda edición ampliada como muestra del reconocimiento unánime que exigían sus lectores por todo el planeta.
Belli ha experimentado hasta el hartazgo con la forma del poema, y el resultado ha sido esa fascinante obra poética que venimos releyendo a través de los años, para entender que la forma en el poema y su combinación entre lo culto y lo coloquial es fundamental en la elaboración de una lírica inusual. Su rebelión contra el lenguaje consiste justamente en revitalizar la lírica mediante un desplazamiento semántico, donde la textualidad del poema está entroncada por una sincronía global. El poeta retoma la textualidad escatológica del lenguaje e introduce una serie de recombinaciones y refundiciones. Así, Belli alcanza su plenitud, que es símbolo del proceso transformativo de su palabra.
Una serie de temas caben dentro de la poesía de Belli: la casa y la infancia, la ciudad, eros, y el canto espiritual del alma. En su poesía, el cuerpo y el texto conforman una textualización del placer; pero este placer es una relectura de la modernidad, y no se ajusta solamente al placer corporal, sino también al placer de la imitación diferencial del lenguaje. El modelo es lírico y la belleza su sino. Ha pasado casi medio siglo, y la poesía de Belli ha ido avanzando contra el tiempo y las malas mareas de los incrédulos lectores y envidiosos poetas de la otra tribu. Belli pertenece a la tribu de la abundancia y su cosmética consiste en la reconstrucción de un pasado luminoso ante las arcas de la posmodernidad.
(*) Profesor de Hostra University, Long Island, Nueva York.
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