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SEVILLA 2004
Peruanismo ¿para qué?
El peruanismo se ofrece, sobre todo, como un espacio de diálogo y una aventura intelectual. Es parte de un incesante movimiento de ideas y de cuerpos que determinan nuevas formas identitarias.
Más allá de una postura chovinista o nostálgica, el estudio del Perú y del área andina en general representa una veta de riqueza simbólica y académica inagotable. Frente a la debilidad del Estado nacional y de los gobiernos de turno, que generalmente responden a intereses momentáneos y de clase, el peruanismo ejercido profesionalmente facilita en el corto y largo plazo la comunicación entre disciplinas y ofrece alternativas de trabajo en equipo que los compartimentos estancos de la epistemología más al uso ni siquiera logran imaginar.
Desde su fundación en 1996, la Asociación Internacional de Peruanistas (AIP), entidad que tengo el honor de presidir, ha tratado de coordinar labores en esa dirección. Después de todo, el Perú es principalmente su gente, y ya hay un 10% de población peruana en el extranjero que sostiene buena parte de la economía nacional con sus generosas remesas. Como elemento de las nuevas coordenadas de la migración internacional, la AIP ha considerado la realización de congresos internacionales de peruanistas en el extranjero (es decir, fuera del Perú) cada cierto número de años. Se trata de una expresión lógica de esos importantes cambios sociales y geopolíticos, que no afectan sólo al Perú. La AIP es una organización académica sin fines de lucro, incorporada oficialmente ante el Gobierno federal de Estados Unidos. Está conformada por más de 120 miembros honorarios, en su mayoría profesores universitarios e investigadores, de diversos países de Europa, Asia, Norteamérica y América Latina.
El segundo congreso parte del que organizara la Asociación Internacional de Peruanistas del 29 de abril al 1 de mayo de 1999 en el campus de la Universidad de Harvard, Massachusetts, con el lema Perú hoy: Primer Congreso Internacional de Peruanistas en el Extranjero. En él se presentaron y debatieron temas que abarcaban desde la política y el arte hasta la historia colonial, exponiéndose los últimos aportes de cada disciplina y cruzando sus fronteras. Los resultados pueden verse en la página web <www.fas.harvard.edu/~icop>
Para el segundo congreso, del 1 al 4 de junio de 2004, se escogió como sede la ciudad de Sevilla, en España, no sólo por la permanente labor de investigación que sus historiadores, críticos y otros académicos han desarrollado en relación con el Perú por encima de otras ciudades europeas, sino también por los profundos vínculos históricos que Sevilla guarda con la formación de las identidades peruanas, sobre todo durante el temprano período de la presencia española en los Andes. A la vez, muchos sevillanos y andaluces asentados en el Perú, como Diego de Hojeda y Diego Mexía Fernangil; y numerosos criollos y mestizos que vivieron y publicaron en Andalucía, como el Inca Garcilaso y Pablo de Olavide, contribuyeron a enriquecer un intercambio cultural que hasta el día de hoy engrandece ambos puntos del globo.
Es cierto que en el Perú se han realizado varias jornadas peruanistas, desde aquellas casi ya legendarias que liderara Raúl Porras Barrenechea en 1953 en la Universidad de San Marcos hasta la más reciente, organizada por Jorge Cornejo Polar en la Universidad de Lima en 1996. Sin negar los invalorables aportes de dichos encuentros, un congreso de peruanistas en el extranjero ofrece la ventaja de que los centros académicos geográficamente alejados del Perú pueden intercambiar más fluidamente sus avances de investigación y de esta manera globalizar efectivamente la riqueza cultural peruana, haciéndola competir en la arena académica internacional. Así, los investigadores peruanos que trabajan en el Perú pueden exponer en foros extranjeros sus propios trabajos y contribuir con eso a la mayor credibilidad del país y al aprecio de sus intelectuales, muchas veces ignorados o despreciados en el lugar de origen.
El peruanismo en el extranjero es, pues, mucho más que la expresión de una subjetividad ausente. Hay numerosos peruanos que habitan en el Perú y no pueden (o no quieren) conocerlo. Y ya se hace cada vez más obvio que no hace falta vivir en el Perú para contribuir a él. Por eso, el peruanismo se ofrece, sobre todo, como un espacio de diálogo y una aventura intelectual. Es parte de un incesante movimiento de ideas y de cuerpos que determinan nuevas formas identitarias y posibles soluciones dentro del quehacer cultural. Y, en ese sentido, todas las expresiones humanas son pasibles de examen, desde el fútbol hasta la filosofía.
Cambridge, Massachusetts,
junio de 2004.
(*) Profesor de la Universidad de Harvard (Estados Unidos) y coordinador del 2º Encuentro de Peruanistas
en el Extranjero.
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