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Historia del arte y sociedad
La historiadora Teresa Gisbert Carbonell (La Paz, 1926), licenciada en arquitectura y urbanismo por la Universidad Mayor de San Andrés de La Paz, es una de las más importantes investigadoras latinoamericanas sobre la conservación del patrimonio cultural. Es especialista en asuntos de antropología y mundo andino colonial.
¿Es necesaria la labor del historiador del arte en la conservación del patrimonio cultural?
Definitivamente, porque tanto la conservación como la restauración de una obra artística implican siempre una selección que el historiador del arte realiza. Es decir, el historiador del arte efectúa una puesta en valor y define con precisión qué es lo que quiere transmitir, qué es lo que quiere mostrar de modo preferencial sobre un artista o un objeto artístico. En ese sentido, su labor es necesaria. Por ejemplo, es importante la presencia del pintor Bernardo Bitti en la historia del arte colonial hispanoamericano; es importante la presencia de los indígenas en la pintura colonial andina. Toda obra artística posee un alto valor cuando se le considera en su contexto social. La sociedad se integra en el objeto artístico y a veces queda representada en él. Definir esa integración, es decir, establecer las relaciones entre el arte y la sociedad, es la labor del historiador del arte.
Después vienen la conservación y la restauración.
Las agendas políticas de nuestros gobiernos no consideran la temática cultural como una prioridad, pues se sostiene que no hay un aporte de tipo inmediato. Así, la historia del arte resulta enormemente afectada. Desde su punto de vista, ¿cuál es el aporte del historiador del arte en nuestras sociedades?
Existe un aporte no sólo del historiador del arte, sino también del literato y del pensador. Se trata, en realidad, de la labor intelectual y del impacto social que ejerce. Tal impacto es de una gran magnitud, pero sucede que esos impactos son de largo plazo. Aquí podemos hablar del influjo de José Carlos Mariátegui, pues sus escritos fueron fundamentales dentro de las corrientes de pensamiento de su época. Los trabajos de Jorge Basadre y Rubén Vargas Ugarte constituyen un gran aporte para la historia del Perú. En la historia del arte debemos tener en cuenta la labor de aquellos que han encontrado datos valiosos en los documentos. En ese sentido, Guillermo Lohmann Villena ha aportado muchísimo. Le debemos también a Vargas Ugarte su valioso diccionario de artífices, pues con él se han restaurado (y se restauran) muchas obras artísticas. Esa ardua labor permite el aumento del turismo; y el turismo que llega a nuestros países crea trabajo, genera ingresos. Todo ello no sería posible sin la labor de los historiadores, de los intelectuales que definen una cultura propia que nosotros mostramos a nuestros visitantes y al resto del mundo. Debemos ser pacientes para ver esos resultados.
Entonces, puede decirse que la labor intelectual configura la identidad de nuestras sociedades
Sí, y esa acción no sólo produce efectos en nuestro espacio, sino también en espacios ajenos al nuestro, como el europeo. Voy a referirme, por ejemplo, a la controvertida figura de Mario Vargas Llosa. Con su último libro, El Paraíso en la otra esquina, este autor ha insertado al Perú en el contexto francés (y, por ende, en el contexto universal) debido a la relación que establece entre Flora Tristán y Paul Gauguin. Ello es importante porque mediante el discurso literario creamos una presencia real de nosotros en otros contextos.
Usted ha manifestado un gran interés por el estudio de la pintura colonial, y su trabajo se ha orientado particularmente al establecimiento de una historia de la pintura colonial andina. ¿A qué se debió tal preferencia?
Cuando mi esposo y yo éramos jóvenes universitarios, nos llamó la atención la falta de interés histórico-artístico hacia los edificios religiosos coloniales, como San Francisco de La Paz. Nos resultaba un tipo de arquitectura de alto valor artístico, y cuando fuimos a España nos percatamos de que había un gran interés hacia el arte virreinal hispanoamericano. Por otro lado, en nuestro primer viaje al Perú visitamos Cusco y allí confirmamos nuestra preferencia por el arte colonial andino. Descubrimos la pintura cusqueña y cambiamos nuestro inicial tema de estudio. Durante un largo tiempo buscamos en los archivos los datos que nos permitieran identificar estas obras de arte. Si tal pintor se mencionaba en un documento, buscábamos su paradero por intermedio de lo que había dejado. Así empezamos a trabajar acerca de la pintura colonial andina, sobre todo en el Cusco.
¿Y ese afán de búsqueda para hacer una historia de la pintura andina responde también a la creación de un espacio representativo que reivindique la producción artística andina virreinal?
Desde luego. Cuando los artistas europeos llegaron a Hispanoamérica, trajeron consigo toda su tradición artística. Esa tradición llegó hasta lugares como Cusco y Potosí, pero los artistas de estas regiones pertenecieron siempre a un ámbito muy distinto del europeo. Descubrir a estos artistas mestizos nos causó mucho asombro, pues su producción artística es diferente, aunque también bella e interesante. Nuestro trabajo fundamental consistió en mostrarla y difundirla. Al comienzo tuvimos dificultades porque a veces había rechazo del público, a veces había indiferencia, a veces sólo un poco de entusiasmo, a veces se tomaba esta producción artística como de estirpe estrictamente popular. Hoy en día, por fortuna, la pintura cusqueña es aceptada por la institución artística y forma parte del patrimonio artístico universal. Ese reconocimiento se debe a la labor que muchos realizamos. Nosotros tomamos como base lo que en su tiempo hicieron Felipe Cossío del Pomar y Ricardo Mariátegui. Aquí comenzó a valorarse la pintura andina hacia la década de 1920 en los medios periodísticos, valga decir, hace ochenta años. Yo creo que muy poca gente hacía caso a estos reivindicadores; pero ahora ha cambiado la mirada hacia la pintura colonial cusqueña y andina.
¿Hemos avanzado?
No del todo, no como debería ser, pero va en camino un cambio definitivo.
Nota
Esta entrevista contó con la colaboración de Inés Abad.
(*) Estudió Historia del Arte en la UNMSM.
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