Director: GERARDO BARRAZA SOTO

AÑO DEL ESTADO DE DERECHO Y DE LA GOBERNABILIDAD DEMOCRÁTICA

De colección
ampliar
EDITORA PERU

Av. Alfonso Ugarte 873
Lima
Teléfono (51-1)3150400
  Editor
Enrique Cortez
Redactor
Giancarlo Stagnaro
Editor gráfico
Alejandro Kanashiro
Diseño y diagramación de edición impresa
Cesar Fernández
El suplemento no comparte necesariamente la opinión de sus colaboradores
 

PRECISIONES

Por:
Rafael Ojeda (*)

Humboldt y el Perú
El sabio alemán Alexander von Humboldt fue uno de los primeros científicos en estudiar la geografía y las raíces de la diversidad cultural en nuestro país. Quizá, por ello, puede ser considerado también uno de los primeros peruanistas.

Cuando el 30 de junio de 1804 Alexander von Humboldt y el botánico francés Aimé Bonpland retornaban a Europa tras su expedición científica por gran parte de la zona tórrida americana –Cuba, Colombia, Ecuador, Perú, México–, habían transcurrido cinco años desde su partida del puerto de La Coruña, el 5 de junio de 1799, a bordo de la fragata española Pizarro. Este viaje se convertirá en una de las gestas más recordadas en la historiografía geográfica y dará origen a los 35 volúmenes de Viajes a las regiones equinocciales del nuevo continente, publicados en francés entre 1808 y 1827.

La mencionada expedición llegó al Perú el 2 de octubre de 1802, durante el gobierno del virrey Gabriel Avilés (1801-1806), en una estadía que se prolongó por casi tres meses.

Si las materias de interés de Humboldt en Cuba habían sido las plantas, la geografía humana en Colombia –conocida entonces como Nueva Granada– y la geología en Ecuador, al llegar a Lima su atención se centrará en el mar. Inquietud que lo llevará a descubrir la Corriente Peruana, llamada también Corriente de Humboldt, cuyas aguas enfrían el clima de parte importante de la costa del Perú, que por su ubicación tropical, cercana a la línea ecuatorial y distante de la influencia glaciar de la Cordillera de los Andes, debía ser tan cálida como África o Brasil. Recogió, además, muestras del guano de las islas, sustancia que envió a Europa, pues tenía una efectividad treinta veces mayor al estiércol de corral, utilizado hasta entonces como fertilizante.

Situó el ecuador magnético en el Perú, al establecer una ley de disminución de las fuerzas magnéticas entre los polos y la zona ecuatorial. En tanto, su paso por los Andes lo llevó a creer que el hecho de que la fertilidad exuberante de la selva húmeda no haya atraído el asentamiento de los indígenas de la Sierra, que eligieron los climas gélidos y los suelos malos de la altura andina para desarrollar sus más grandes civilizaciones, confirmaba la teoría ambientalista del “estímulo de los entornos difíciles”, que expresa una relación inversa entre el mayor desarrollo cultural ante las condiciones menos favorables del medio ambiente.

Quizá la imagen que lo caracterizó durante mucho tiempo fue la de un viajero aventurero embarcado en exploraciones científicas, alejado de la idealizada estampa del sabio enclaustrado en su estudio, entre libros y una multitud de documentos. Pero su motivación real fue la misma que atrajo a muchos científicos de campo que lo antecedieron, como la expedición de la Real Academia de Ciencias de París o la del naturalista sueco Tadeo Haenke, que habían pasado por el virreinato del Perú algunas décadas atrás.

Nacido en Berlín el 14 de setiembre de 1769, en el seno de una familia aristocrática que perdió al padre, un oficial del ejército de Federico el Grande de Prusia, cuando tenía sólo nueve años. Su acaudalada madre, Elizabeth von Hollwege, se encargó de él y su hermano mayor, al darles una educación privilegiada, con tutores particulares.

Este ambiente prepararía el temperamento de Alexander y el de su hermano Wilhelm, quien será un importante propulsor de una “filosofía lingüística”, al afirmar, siguiendo los lineamientos de Herder, que la mente sólo funciona en lenguaje, como su única realidad plena. Planteó que la lengua en un sentido profundo es inmanente y constituye el pensamiento –ideas tomadas y reivindicadas por Chomsky, en su Lingüística cartesiana–, esbozando una visión totalizadora del lenguaje en la cultura, que coincide con los presupuestos del estructuralismo contemporáneo y su conciencia lingüística generalizada.

Tras la muerte de su madre, Humboldt recibió una gran herencia y renunció a ser supervisor de minas en la administración prusiana, labor que había desempeñado por complacerla, para a partir de eso dedicarse enteramente a preparar su soñada expedición.

Es probable que en su condición de miembro de la aristocracia, con inquietudes científicas, le haya facilitado un poco las cosas, al permitirle entrar a círculos intelectuales cerrados para otros y entablar amistad con los personajes más importantes de su tiempo, entre los que estuvieron Goethe y Schiller, cuyas ideas marcarían profundamente el pensamiento de Alexander, sobre todo su tesis de la naturaleza como unidad y asociación de elementos interdependientes.

Humboldt esbozó una geografía regional que se integraba a una geografía general sugerida como cosmografía física. Algo desarrollado especialmente en el ciclo de sus 31 lecciones magistrales sobre física de la tierra, dictadas en la Universidad de Berlín, que constituirán la base de los cinco tomos de Cosmos, bosquejo de una descripción física del mundo, publicados entre 1845 y 1862.

Todo esto contribuyó a lograr una ruptura en el pensamiento y obrar geográfico de su tiempo. Su método se inspiró en el empirismo de Bacon, la geofísica de Kant, la naturfilosofía de Schelling y los estudios de su mentor en viajes, Georg Foster, botánico a quien el joven Alexander acompañó a Inglaterra, y que entre sus muchas travesías estaba la de haber dado la vuelta alrededor del mundo, al lado del capitán James Cook.

Tuvo también algunos logros en cartografía. Fue el primero en hacer mapas de isolíneas y perfiles geográficos. Pero su mayor aporte residió en desarrollar y sistematizar los métodos científicos de la geografía, lo cual le valió para ser considerado el padre de la “geografía científica”, en sentido restringido, pues la paternidad de la disciplina es atribuida a Eratóstenes y Herodoto. De estos sabios de la antigüedad, Alexander heredó la devoción del geógrafo, que lo llevará a inventar nuevas técnicas de observación y medida que conducirán a la geografía a la madurez científica que hoy le caracteriza.

No obstante, su pensamiento ha causado muchas controversias, pues ya personajes de su época, como Julius Fröbel, habían catalogado su obra de no científica; mientras que estudiosos como Horacio Capel sostienen que sólo con dificultad se le podría considerar geógrafo, pues sus principales tesis, emparentadas con la filosofía natural, lo sitúan más como un naturalista empírico que como geógrafo.
Todo esto producto de su aparente dispersión de las muchas áreas de interés que tuvo: botánica, mineralogía, astronomía, cartografía y la geofísica. Algo que tal vez se explique en que Humboldt no fue formado sistemáticamente como geógrafo, como ninguno de sus contemporáneos, pues las escuelas de geografía aparecerán en las universidades alemanas recién dos décadas después de su muerte, acaecida en 6 de mayo de 1859, en Berlín.

Su biógrafo Kohlhepp defiende su originalidad: “Humboldt no fue sólo un naturalista y el creador de la geografía física, sino además tiene el mérito de haber estudiado desde un enfoque que hoy resulta moderno y ecológico la relación hombre-naturaleza”. En estos días en que se cumple el bicentenario del fin de su gran exploración a tierras latinoamericanas, viaje casi fortuito y alternativo, decidido al frustrarse sus planes originales de dirigirse a África del Norte, sus ideas podrán ser catalogadas por muchos como desfasadas, pero sus aportes a la consolidación de la geografía como ciencia seguirán intactos.

 

(*) Periodista. Estudió Ciencias de la Comunicación en la UNMSM.

© Copyright identidades Suplemento del Diario Oficial El Peruano
ecortez@editoraperu.com.pe