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AÑO DEL ESTADO DE DERECHO Y DE LA GOBERNABILIDAD DEMOCRÁTICA

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CONTRAPORTADA

Ángel Valdez (*)

A IMAGEN & SEMEJANZA
Mirada promiscua
Del 20 de mayo al 15 de junio se expuso en el centro cultural de España la muestra A Imagen & Semejanza. Se trató de un trabajo colectivo que recuperó marcados aspectos de nuestra tradición pictórica de los siglos XVI y XVII, pero desde una perspectiva completamente actual, pues se entiende a sí misma como neobarroca. El texto que sigue formó parte de la presentación de dicha exposición.

El factor inexorable del conflicto suscitado por la función re-inventiva del mirar es, sin duda, columna vertebral del proyecto A Imagen y Semejanza (AI&S). Aquello que comenzó como una reflexión analógica acerca de las políticas coloniales de la imagen fue progresivamente perfilándose hacia la certeza que éstas han sido sobrepasadas por su uso y consumo cotidiano. La mirada afianza una aparente relatividad bajo las condiciones más duras de control en las imágenes y eventualmente jaquea el dominio ideológico. El carácter promiscuo de la mirada está estrechamente vinculado con cualquier severa normativa en el consumo de las imágenes y practica una funcional estrategia de connivencia con cualquier forma de direccionamiento o censura.

Nuestro patrimonio de bienes visuales concentra una infinidad de reflejos de lo mismo que se arraigan en una memoria fragmentaria y especular. Citas y apropiaciones son el tránsito obligado para cualquier configuración de lo sagrado. Los isomorfismos perennizan estructuras subyacentes, pero es su condición sistémica variable lo que inspira la impresión del cambio. El carácter eterno de lo sagrado contrasta con el “vanitas” implícito en cualquier desechable. La captura de un bien visual supone la pulverización de cualquier versión unívoca y la incongruencia de la razón se pone en evidencia al explicar la pulsión escópica y su consecuente formulación icónica. Los consumidores de imágenes se ubican en muchas coordenadas simultáneas al momento de apropiarse de una imagen y su absorción detona una dinámica plausible de ser representada en la doble progresión elíptica helicoidal emblemática tanto del barroco como de la codificación genética.

Debido a que AI&S procura una reflexión especulativa y, por ende, carente de toda intención prospectiva, el doble tránsito entre la veracidad y la verosimilitud, entre lo real y lo virtual, confiere reversibilidad a la imagen y multiplica la función de la mirada al infinito. La oscilación turbulenta entre la infinidad de imágenes y el sinfín de miradas proporciona abundantes paradojas visuales:

La primera radica en la capacidad de ciertos consumidores de ubicarse de manera voluntaria en ambos lados del espejo. Este re-posicionamiento optativo los convierte en operadores visuales y no en meros receptores, facultándolos para desplazar los criterios de veracidad y verosimilitud según patrones muy personalizados. Esta suerte de ósmosis viable del consumidor/operador iniciada con las técnicas de registro y reproducción de la imagen ha logrado su apogeo en la hiper-modernidad y garantiza un futuro próspero para la dogmática del mundo virtual (y la piratería).

La segunda es la ambición humana por el don de la ubicuidad. La voracidad retiniana es insaciable y sus límites de tolerancia y receptividad son constantemente violentados debido a la avidez por estar al mismo tiempo en todas partes. A través de la imagen, que alcanza niveles de paroxismo en la “cultura mediática del control a distancia”, la omnipresencia de la mirada es una facultad que acerca la condición humana a la divina (anhelo muy próspero en los códigos culturales ultramodernos).

La tercera es la constatación de que la imagen considera crédula a la mirada, por lo tanto pretende, con pocos recursos y sin contratiempos, el asombro del espectador. Pero el rasgo sobresaliente es precisamente lo impredecible, lo inestable de esta mirada. La capacidad de asombro se desplaza de manera aleatoria y origina una persecución laberíntica del sistema visual de turno por re-capturar el interés de los consumidores, lo que conduce a formas metastásicas de la imagen.

La cuarta es la correspondencia directa entre desconcierto colectivo y consolidación de dogmas.
Paradójicamente, la instauración de lo perentorio es el principal agente de la crisis dogmática. Escatología y proposiciones apocalípticas son supuestos del carácter deleznable de la existencia. Milenarismo y mesianismo son el ámbito para la negociación de la trascendencia. Esta relación, creadora de productos excéntricos, generadora de elasticidad en los límites y modeladora de imágenes polimorfas, es propiciatoria de la dinámica indispensable para advertir cualquier fiscalización (generalmente maniquea). El antagonismo expuesto como forma simbólica del dominio (en el ejercicio de exclusión propio de los administradores de los bienes visuales de culto) es inoculado por los consumidores con neutralizaciones parciales que engendran formas complejas y mutantes. Los límites son, hoy en día, apenas una línea pespunteada oscilante que distingue de manera tenue la virtud del pecado, la sujeción de la autonomía, y resulta meramente referencial en el aspecto normativo de lo sagrado.

Por último, todo sistema visual dogmático vigente recurre a la “puesta en escena” con la intención de restaurar cíclicamente su orden, mientras que lo “espectacular” se convierte en la constatación de la alteridad y perturba inexorablemente la dramaturgia sacra. Así, toda ritualización es proclive de ser profanada y encarna la perpetuación de la crisis como espacio de lo irreconciliable.

 

(*) Miembro del equipo curador de la muestra A Imagen & Semejanza.

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