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ENSAYO

Por:
Marcel Velásquez C. (*)

GONZALO PIZARRO (1844), DE MANUEL ASCENCIO SEGURA
Los orígenes folletinescos de la novela en el Perú
La irrupción del género folletinesco en la literatura peruana data de mediados del siglo XIX y generó un público urbano interesado en los sucesos históricos. Con el presente acercamiento, ofrecemos una introducción a la que se considera la primera novela histórica en el Perú.

1. Cultura de masas en el XIX: prensa y novelas de folletín

Para la historia del periodismo peruano, 1839 es un año clave; sin embargo, pocos han reconocido la importancia que tiene para la historia de la literatura peruana decimonónica. La aparición de El Comercio, su estructura y el espacio asignado a los textos narrativos de folletín son puntos de quiebre con el orden creado por las viejas revistas de letrados y los periódicos doctrinarios. Más allá de ideologías liberales y conservadoras, ninguno de los periódicos o revistas anteriores logró perdurar en el tiempo ni contribuyó decisivamente a ampliar la base de lectores.
Sostenemos que parte del éxito de El Comercio se debió a la sistemática explotación de los recursos de los textos narrativos en su sección Folletín. Esta decisión de política editorial fue clave en la creación de un nuevo público lector popular, urbano y desconocedor de las convenciones de la alta literatura.

En los sectores letrados peruanos, el término “folletín” estaba reservado a todo texto de carácter narrativo, histórico o crítico que se publicase de manera continuada y seriada en una hoja de periódico o revista. En “Otra visita”, artículo de costumbres de Manuel Ascencio Segura, el narrador contrapone con humor e ironía la escritura de textos políticos (proclamas, discursos, arengas) a la escritura de folletines, entendidos como textos narrativos ficcionales publicados en un periódico, específicamente sus propios artículos de costumbres.

Entre 1839 y 1843 se publican 49 textos narrativos en forma de folletín en El Comercio. En 1839 no se publica ninguno; en 1840, 2; en 1841, 25; en 1842, 9; y en 1843, 13. Evidentemente, a partir de 1841, el folletín ocupa un espacio permanente en la estructura del periódico. Las diferencias en los últimos tres años revelan un descenso en 1842, pero un punto de clímax en 1843, año en que se publican los dos textos narrativos más extensos en número de entregas: Gerfaut, con 32 entregas, y Los misterios de París, con 114 entregas(1).

De una revisión general de estos textos, podemos proponer algunas conclusiones:

A. La mayoría de textos pertenece a escritores de literatura de masas hoy olvidados. Tenemos dos excepciones: el clásico y todavía muy leído Eugène Sue y Frederic Souilié. Muy escasos son los textos de escritores hoy consagrados por los cánones literarios: Honorato de Balzac, George Sand. Sólo hay un escritor peruano en este grupo: Julián M. del Portillo.

B. Un asunto importante es la simultaneidad entre la circulación de estos productos de la cultura de masas en Europa y Lima. Podemos sostener que hay un mercado mundial para la novela de folletín que engarza las principales ciudades occidentales del siglo XIX: la prensa crea un espacio cultural común y revela que los procesos de modernización preceden largamente a los procesos de modernidad en nuestra sociedad. A diferencia de los productos simbólicos de la “alta literatura”, que tardaban mucho en llegar, aquí se publica Los misterios de París, de Eugène Sue, entre 1843 y 1844, es decir, inmediatamente después de que concluía su primera publicación en Journal des Débats (1842-1843). Recuérdese que este producto cultural de masas fue uno de los primeros en tener carácter universal. Umberto Eco indica que antes de que concluyera la publicación del folletín en París, empiezan a aparecer las traducciones italiana, inglesa, rusa, alemana y holandesa. Sólo en Nueva York se venden más de 80 mil ejemplares en pocos meses (1995:36).

C. No se trata sólo de la introducción masiva y reiterada de textos narrativos ficcionales, sino fundamentalmente de la primacía del placer sobre la educación, es decir, la inversión del paradigma neoclásico. La literatura aparece fundamentalmente como evasión e imaginación; sin embargo, estos textos narrativos poseían una paideia que oscilaba entre un humanismo crítico de las injusticias sociales a una defensa velada del statu quo y la promoción de los valores morales propios de la aristocracia o nobleza.

D. Estos textos no requieren de un lector competente en complejas convenciones literarias, pues crean mediante procedimientos poco sofisticados el suspenso narrativo y la angustia por conocer el desenlace. Finalmente, ofrecen al lector lo que éste ya conoce y desea que ocurra.

E. No debe ser casual que el nuevo impulso demográfico limeño se inicie en la década de 1840 y abarque, justamente, el período de inicio y consolidación de la nueva prensa orientada a incorporar a ciertos sectores populares en la cultura de lo escrito.

2. Gonzalo Pizarro (1844) o el folletín histórico

Esta breve novela de Segura ha pasado casi completamente inadvertida por nuestra crítica e historia literarias (el acucioso Ricardo Silva Santisteban es la notable excepción) y nadie ha realizado un análisis literario de este texto. La única referencia escrita que he podido encontrar es la breve alusión de Palma. En la edición de 1885 de los artículos, poemas y comedias de Segura, el tradicionista anota en el prólogo: “Segura colaboró en él [El Comercio] activamente; y producción suya es, entre otras que engalanan las columnas de ese periódico, una novelita, Gonzalo Pizarro, que ocupó durante varios días la columna del folletín, y á la que no damos mas significación que la debida a un lijero ensayo en ese género literario (V).”

Gonzalo Pizarro se publicó en seis partes, entre el 13 y el 20 de mayo de 1844, de la siguiente manera:

Fecha Nº El Comercio Cap. Pág.

13 de mayo 1471 I 1-2
14 de mayo 1472 II 1-2
15 de mayo 1473 III 1-2
17 de mayo 1474 IV 1-2
18 de mayo 1475 V 1-3
20 de mayo 1476 VI 1-3

El texto, en su última entrega, aparece firmado al final con las siglas “M.A.S.”, que corroboran la autoría del célebre escritor costumbrista.

La elección del título y del personaje histórico que articula la trama novelística podría contener cierta intencionalidad ideológica: Gonzalo Pizarro encarna la rebelión de los encomenderos y la posibilidad frustrada de constituir una organización social autónoma en tierras peruanas. Esos anhelos, que se habían cumplido con la Independencia y la actitud de rechazo hacia la administración española, eran parte de la sensibilidad hegemónica de la época.

Esta novela se inicia con la descripción minuciosa de la Ciudad de los Reyes en 1547 y se incide en la pobreza material de las casas similares a los ranchos contemporáneos al lector. Como en la mayoría de novelas de folletín, la descripción física anticipa los rasgos morales y la conducta de los personajes. Gonzalo Pizarro es descrito de la siguiente manera: “sus grandes ojos negros, fijos en la tierra, manifestaba claramente sus concentrados pensamientos: su frente abierta y espaciosa, claro indicio de carácter magnánimo (…) su barba larga, redonda y bien cuidada, daba á su aspecto una dignidad majestuosa” (1474:1).

Esta novela se desarrolla alrededor de cuatro personajes centrales: Gonzalo Pizarro, Carbajal, Diego Cepeda y doña María, quienes establecen diversas relaciones entre ellos. Carbajal aparece configurado como “una mezcla de franqueza, de ferocidad y de valor”(1). En contraposición, Diego Cepeda se distinguía porque “en la pureza de su expresión y en la energía de sus palabras se manifestaba su superioridad respecto de los otros, tanto en sus profundos conocimientos como en su esmerada educación”(1). Los diálogos están bien construidos y demuestran la competencia dramatúrgica del autor real. Se emplea mayoritariamente el discurso citado directo.


“Guerra avisada”. Ángel Valdez. Técnica mixta sobre tabla (1992).

La segmentación del texto obedece a las estrategias propias del folletín (mantener el suspenso prolongando el desenlace de los diversos conflictos en la otra entrega). Por ejemplo, la primera entrega concluye cuando se descubre la verdadera intención de Cepeda, pero no se sabe qué va a hacer.

El primer motivo –unidad de autonomía semántica que forma parte del tema– refleja la función maleficio en términos de Propp. Cepeda, oidor de Lima, quería que Carbajal y Gonzalo Pizarro firmen un acta judicial para condenar en proceso a La Gasca y así conseguir que aceleren su perdición, pero ellos se niegan. Este suceso incrementa la desconfianza de Cepeda y lo decide a iniciar su traición en complicidad con doña María, amante despechada de Gonzalo Pizarro. Así, ambos complotan contra Gonzalo Pizarro: ella por venganza amorosa, él porque percibe que La Gasca va a triunfar y por ganarse el amor de ella, quien “le sugirió su malicia y su coquetería para enemistarlo con Pizarro” (1472:2).

Cepeda decide enviar a Hernán, hermano de doña María, con un mensaje oral a La Gasca, en el cual Cepeda reconoce su autoridad y le informa que trabaja para su causa desde la propia Lima dominada por Gonzalo Pizarro. Antes de partir el heraldo de la traición, concluye esta segunda parte.


“La vandera”. Susana Torres. Detalle de tríptico, técnica mixta (1995).

La tercera entrega traza un marco histórico más detallado, en el cual se inscribe la historia particular que se está narrando. Por ello, se relata el conflicto entre Pizarro y Almagro, la muerte de Pizarro, el alzamiento de Gonzalo Pizarro, y la muerte de Blasco Núñez de Vela, quien había sido traicionado por el oidor Cepeda. Esta intrusión en la secuencia de la diégesis sólo puede explicarse por un afán de brindar información histórica calificada que la mayoría de los lectores no posee y por el carácter del género que exige cada cierto tiempo recapitulaciones para que los nuevos lectores puedan incorporarse a la lectura del texto.

Es interesante anotar cómo se manifiesta una lectura negativa de la Conquista y la Colonia. Refiriéndose a La Legua, donde está instalado el ejército de Gonzalo Pizarro, el narrador menciona que anteriormente por allí circulaban “pelotones de indios cargados de las riquezas que les arrancaban sus dominadores para transportarlos á España” (1473: 1): el carácter extractivo de las riquezas andinas configura el sentido de la Conquista.

El motivo de esta sección es la captura de Hernán cuando quería atravesar las líneas de las tropas de Gonzalo Pizarro y reunirse con La Gasca. Este motivo remite a la función de clemencia/magnanimidad.

La cuarta parte del folletín se inicia con Cepeda desplazándose al campamento de Gonzalo Pizarro, quien ve día a día la deserción gradual de sus tropas, para sembrar la insidia contra Carbajal. Paralelamente, y en un desplazamiento inverso, Carbajal va a Lima a buscar traidores escondidos. Él cabalga “seguido de cuatro negros, que como fieles ejecutores de sus órdenes iban á su lado por todas partes” (1474:2). Carbajal se dirige a la casa de doña María y decide registrarla porque sospecha de ella. Pese a la decidida oposición de María, los servidores de Carbajal realizan su trabajo. Interesante esta breve configuración de sujetos afroperuanos que aparecen como una extensión armada de Carbajal en relación de dependencia (subordinados) y ejerciendo la violencia (poderosos), porque revela las ambigüedades en la construcción textual del esclavo que se observan en todos los textos decimonónicos. Carbajal les asigna el nombre genérico de “etíopes”, que marca la distancia y el extrañamiento propios del sujeto esclavista.

En esta sección encontramos un anticipo en el áspero diálogo entre Carbajal y doña María. Ella le dice que ojalá el Cielo le permita ver cuando cuelguen a los traidores y victimarios, en alusión directa a las huestes pizarristas, y replica el guerrero: “El potestativo no lo niegan ni los teologos, Sra. Comadre; por tanto puede ser tambien que algunas cabezas que se creen muy bien pegadas al pescuezo, vayan a la picota primero que las nuestras” (1474: 2).

En la quinta entrega se produce una abrupta prolepsis y se retoma la historia cinco meses después y con los principales personajes instalados en el Cusco. Doña María y Cepeda, quien tiene ahora una terrible cicatriz en el rostro, conversan y continúan conspirando contra Gonzalo Pizarro y manteniendo contacto con La Gasca. Este diálogo se corta para iniciar una analepsis compensatoria que funciona como un resumen de lo ocurrido. Nuevamente se quiebra la diégesis y el autor sostiene: “Ahora será bien que sigamos nuestro estracto á fin de poner al corriente a los lectores de los principales acontecimientos que llevaron á Gonzalo Pizarro al Cuzco con su ejército” (1475:2). Se relata la decisión de Gonzalo Pizarro de retirarse con su mermado ejército a Arequipa y la batalla de las Huarinas, donde gracias al valor y a la estrategia de Carbajal se logró una victoria con menos hombres que el enemigo(2). En esta batalla es herido en el rostro Cepeda.
Esta victoria provoca el ensoberbecimiento de Gonzalo Pizarro, quien se instala en el Cusco y espera allí a las huestes de La Gasca.

El discurso narrativo retoma el hilo de la historia y volvemos a la conversación de doña María y Cepeda, que es interrumpida por la llegada de Gonzalo Pizarro. El líder le da un ultimátum a ella respecto de su conducta conspirativa y la amenaza que de persistir se tendrá que atener a las circunstancias. El diálogo entre los dos ex amantes se torna violento y ella lo llama “tirano”, lo que provocó la exasperación de Gonzalo, quien “haciendo con el brazo un movimiento brusco y amenazador, volvió violentamente las espaldas, montó a caballo y partió al galope” (1475:3).

La conciencia de la poca competencia de los lectores para decodificar los cambios en los hilos argumentales y presentar sucesivamente escenas que ocurren simultáneamente en el tiempo, pero en diferentes espacios, ocasiona las siguientes advertencias y explicaciones: “conduzcamos ahora á nuestros lectores a casa del Maese de Campo” (1475:3). Más adelante: “Mientras se representaba en la casa de Carbajal entre él y sus amigos la escena que acabamos de contar, sucedian en el de Da. María los acontecimientos de que hemos dado cuenta á nuestros lectores” (1475:3). Esto demuestra que las rupturas espacio-temporales del discurso narrativo empezaban a ser empleadas con reservas desde los orígenes de la novela en el Perú. Las advertencias al lector de estos cambios serán una constante en buena parte de la novela decimonónica.

La sexta parte se inicia con la descripción de la casa de Carbajal. Esta escena rompe el tono serio y dramático del relato, ya que se presenta una reunión alegre y despreocupada en la cual los soldados beben vino hasta emborracharse entre bravatas y juramentos. Es una descripción cabal del proceso gradual de embriaguez: movimientos más torpes, pérdida del equilibrio, frases incoherentes y sueño final. Además, se formalizan ciertos procesos de carnavalización: inversión de roles de poder y saber; por ello, Carbajal sostiene que “cualquiera de estos hombres que veis ahí algo achispados, después que ronquen un par de horas, pueden gobernar medio mundo mejor que Carlos V y toda su casta” (1476: 1).

Ésta es quizá la primera descripción vívida y colorida en nuestra tradición de lo que el narrador califica de “orjia”. El realismo grotesco que construye las imágenes y las voces de esta representación demuestra la vocación omnívora de la novela, que no teme apoderarse de segmentos cotidianos de la realidad o contrarios a las normas morales hegemónicas.


“Ligadura”. Claudia Coca. Tríptico, óleo sobre lienzo (2001).

Mientras sus amigos duermen el sueño de la embriaguez, Carbajal sale de la casa y se dirige a pasar revista a las tropas y recoge de ellas una versión exagerada de los insultos y agravios de doña María contra Gonzalo Pizarro. Enfurecido, decide tomar represalias y se dirige a su casa. La ubica y le anuncia su muerte, ella lo desdeña y llama a sus amenazas “chanzas de borracho”. La réplica de Carbajal es la siguiente: “mando y requiero á estos soldados etiopes que le aprieten a Vmd. el gaznate en mi presencia, para que no hable tanto y tan mal de quien no debe” (1476:3). Ella empieza a gritar y a suplicar por su vida, pero “los negros que no sabian mas que obedecer, la arrastraron con la mayor barbarie al sitio que juzgaron más a proposito para ejecutarla” (1476:3). Nuevamente, los sujetos subalternos afroperuanos aparecen como el brazo armado de Carbajal y se remarca su condición de sujeción y obediencia.

Después, Carbajal mandó que colgaran de una ventana el cadáver de doña María y se permite una cruel ironía cuando llega Cepeda y observa horrorizado el cuadro: “¿No le dije a Vmd., que mi Comadre era una santa? Mirela, Vmd. que calladita está. Apuesto ciento contra uno á que no vuelve a abrir el pico” (1476:3). La trama principal de la historia concluye con los lamentos de Cepeda y los sentimientos conflictivos (pesar y resignación) de Pizarro por lo ocurrido.

A pesar de que la trama ha concluido, el autor se siente en la obligación de proporcionarnos información sobre el destino final de los otros protagonistas. El folletín concluye con la descripción de la trágica muerte de los cuatro personajes principales. El devenir de este cuarteto en el mundo representado del texto obedece a su adscripción a ciertos valores semánticos que rigen su conducta y la validación que ésta obtiene por los judicatores del texto: Carbajal: lealtad y valor; Gonzalo Pizarro: orgullo; doña María: venganza; Cepeda: astucia y traición.

En esta novela, los diálogos están intercalados adecuadamente con las partes narrativas y descriptivas. La configuración de los personajes, aunque algo estática, adquiere densidad y movimiento por los sucesivos encuentros dramáticos entre los personajes. El narrador posee una focalización omnisciente y tiene un carácter heterodiegético. Las metáforas y los símiles son escasos, por ejemplo: “que tiene una lenguecita la tal señora mas cortante que una navaja de afeitar” (1476: 2), “soldados que miraban como á un oráculo a su Maese de Campo” (1476:3).

Nosotros consideramos que esta breve novela de Segura funda la novela histórica(3) en el Perú. La novela histórica, de acuerdo con Mijail Bajtin (1991), revela la complejidad de las relaciones entre ficción e historia; el crítico ruso sostiene que en el período moderno pretende “encontrar un aspecto histórico a la vida privada, y a su vez, por presentar la historia de manera doméstica” (368). En el texto de Segura hay una firme voluntad de imbricar el registro de la historia doméstica (amores, lealtades y traiciones) con el devenir de la historia pública (rebelión de los encomenderos y derrota de Gonzalo Pizarro).

3. Poética de la novela

En la tercera entrega de Gonzalo Pizarro (1844), Segura expone abiertamente: “No es el deseo de adquirir nombradia literaria ni de sustentar conocimientos, que estamos muy distantes de tener, lo que nos ha obligado á tomar la pluma para redactar esta novela (…) tambien deseariamos que este nuestro trabajo, mal urdido y peor desempeñado, pudiese servir de estimulo para que muchos de nuestros compatriotas de mas capacidad y luces que nosotros, ejercitasen las bellas cualidades sacando á luz las discordias de nuestros padres, que se prestan absolutamente á este jenero de composiciones” (El Comercio, 1473:1).

Segura califica a su texto de “novela” sin ambages, pero la considera una invitación a escritores más dotados. De aquí se infieren dos cosas: a) considera que el género es muy deficiente o inexistente en nuestro país, con lo cual está descalificando los textos de Portillo, que seguramente conocía; b) identificación entre la novela a secas y la “novela de folletín” que él está practicando. Además, establece una imbricación entre nuestros conflictos históricos y las posibilidades del género novela: la poética de la novela histórica empieza a aparecer porque está en ciernes su definición en estas palabras.

El supuesto conceptual alude a la historia como un repositorio de situaciones dramáticas que permitiría la elaboración de textos novelísticos populares por su agradable lectura. La variable clave es la naturaleza del lector. No interesan las capacidades creativas del autor, sino su habilidad para encontrar un registro que permita la comunión directa con el lector. Esta reflexión de Segura y su breve novela Gonzalo Pizarro tienen necesariamente que haber influido en la concepción de las Tradiciones de Palma. Es más, un análisis estructural de Gonzalo Pizarro demostraría que posee una introducción, el “parrafillo histórico”, y una anécdota sabrosa que concluye en una enseñanza moral disuelta en reflexiones históricas, es decir, todos los elementos de la tradición palmiana.

Notas

(1) Sólo hemos contado las entregas de 1843, pero Los misterios de París siguieron publicándose en el siguiente año. El 13 de febrero de 1844 apareció el final de la octava parte. Se publicó posteriormente el epílogo, entre el 29 de marzo y el 11 de abril de 1844.

(2) La batalla de Huarina se libró cerca del lago Titicaca el 20 de octubre de 1547. Pese a su mayor número, las tropas del capitán Diego Centeno fueron derrotadas por las capacidades militares de Francisco de Carbajal.

(3) En el mundo occidental, la novela histórica adquiere carta de ciudadanía con Waverley (1814), de Walter Scott (Elmore, 1997: 31).

 

(*) Profesor de la UNMSM, reciente ganador del concurso de ensayo Jorge Basadre del Icpna.

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