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AÑO DEL ESTADO DE DERECHO Y DE LA GOBERNABILIDAD DEMOCRÁTICA

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PRECISIONES

Por:
María Inés Valdivia (*)

LAS LOGIAS DURANTE LA INDEPENDENCIA AMERICANA
Masones, liberales y republicanos
La influencia que se le atribuye a la masonería en el proceso de la emancipación americana no
es un aspecto del todo claro. En este tema, los conflictos interpretativos continúan vigentes.


“Perú, país del mañana”. Juan Javier Salazar. Serigrafía sobre lienzo (1992).

La Ilustración

La masonería, en general, ha tenido injerencia en las actividades políticas durante la Independencia peruana. Aunque siempre nos hemos preguntado cómo fue esta participación y cuáles las características de su influencia. Podemos afirmar que la actividad masónica tuvo una fuerte influencia de las ideas ilustradas y la defensa de los derechos naturales del hombre, como la libertad, el derecho de la vida, la libertad de pensamiento y asociación. Esto hace que otras líneas paralelas del pensamiento ilustrado, lideradas por el liberalismo y el republicanismo, se constituyan en las corrientes que alcanzaron mayor acogida entre los masones.

Matizada por el contexto en que actuó, la masonería tuvo un carácter marcadamente mesocrático. Esta institución –contraria a lo que usualmente se conoce– no excluía a los católicos. Su crítica al catolicismo, específicamente al clericalismo, se encontró imbuida al interior del proceso de secularización que se desarrolló durante el siglo XVIII y XIX, tiempo en el que se elaboraron propuestas de laicización para separar el poder político del religioso. Todos estos aspectos se señalaban como parte de la propuesta liberal en sus distintos matices y tuvo mayores consecuencias en Francia que en América, en la que la crítica anticlerical se fue aplicando a partir de la segunda mitad del siglo XIX, en relación con el desarrollo del librepensamiento institucionalizado. El lenguaje de la Ilustración caló en la masonería, ya que les permitió desarrollar una serie de concepciones sociales, culturales y políticas, vinculadas estrechamente con los procesos de cambio.

Francia, centro del discurso ilustrado, filtró mediante los Borbones un proyecto modernizador respecto a la administración colonial, que vinculaba a España con sus colonias en las perspectivas del nuevo pacto colonial. Las reformas ilustradas planteadas por España estaban encaminadas en lo económico, por ejemplo, a elevar la producción de lo que era necesario en la metrópoli y del consumo del otro lado del océano de las mercancías españolas.

En ese contexto, la masonería durante el siglo XVIII había sufrido una seria transformación. Por su carácter clandestino y de variopinta religiosidad, fue perseguida y expulsada tanto en los países católicos como no católicos, al estar constantemente en la mira de las autoridades políticas y religiosas de los países en donde se sospechaba su existencia. Sobre todo, estas últimas generaron toda una serie de mitos respecto a los masones.

Iglesia y masonería

La Iglesia católica en España condenó a los masones en 1738 por medio del Santo Oficio. El inquisidor general, Andrés de Orbe y Larreátegui, decretó la publicación de la bula prohibitoria que establecía lo siguiente: 1. La prohibición de tal tipo de organizaciones; 2. La recepción de confesiones voluntarias y denuncias; 3. Los procesos contra los masones; y 4. La censura inquisitorial de los libros de masonería.

La condena eclesiástica pasó por dos procesos: el primero contra el funcionamiento de la masonería y la difusión; después, un segundo momento, cuando a partir de 1789 la enfrenta como a una ideología subversiva por ser secreta y, como ya señalamos, por tener que ver con la Revolución Francesa. Los procesos en contra de los masones fueron varios. Los de mayor resonancia: contra Alexander French (1740), Juan Bautista Masuco (1745), Luis Font y el italiano Nicolás Bernardini (1748), entre otros, todos ellos en España.

La mayor parte de los iniciados en la masonería eran ingleses o franceses, militares o comerciantes. Casi todos abjuraron de la masonería, declarando que intervinieron en ella desconociendo la actitud condenatoria de la Iglesia católica; otros expresaron que la masonería no desconocía a la religión católica, lo cual era cierto. Sin embargo, el temor a una organización que era considerada como vinculada a la ideología revolucionaria francesa fijó los nexos entre masonería y política, haciéndose referencia a que tanto las logias, sociedades secretas y clubes, entre otros, compuestos por elementos franceses, podrían promover el caos y la revolución en la monarquía española.

La posterior debilidad de la corona a causa del enfrentamiento bélico con Francia y luego la invasión napoleónica hizo que fueran viables los deseos de autonomía política de sus colonias en América. Las cortes de Cádiz (1812-1814), de perfil liberal, establecieron reformas que fueron desconocidas posteriormente por la Corona española. Sin embargo, el trienio liberal permitió que se expresaran claramente las propuestas de corte independentista en los territorios de la administración colonial española.

De la mano de la crisis española y los deseos independentistas, se dio también la persecución de textos prohibidos y de personas contrarias a la religión católica, como pretexto para silenciar a los voceros revolucionarios. Esta problemática tuvo como antecedente más cercano el estallido revolucionario francés de 1789. La Corona española dio a conocer mediante el Tribunal del Santo Oficio una actitud de defensa de su monarquía ante las ideas de la revolución. Ante la violencia y la participación de las masas con características revolucionarias, la respuesta fue la prohibición de los textos de los ilustrados franceses. Así, el proceso en contra de la libertad de pensamiento, opinión e imprenta inicia una dura fase represiva, además de la persecución de instituciones y organizaciones sospechosas de divulgar y organizar a los patriotas.

La Independencia

Los vínculos entre masonería y patriotismo se aprecian aquí también, ya que antes y durante la ocupación francesa en España se propagó el funcionamiento masónico con varios miembros liberales españoles, lo que produjo un período laicizante en la península, que después del retorno de Fernando VII fue duramente perseguido como delito político. En 1800, por ejemplo, era muy común entre los ilustrados tener obras que eran perseguidas por el Santo Oficio, como las de Voltaire, Rousseau y Montesquieu, encubiertas bajo los títulos de comedias de Calderón y otros.

Resulta indispensable señalar que casi todos los investigadores masones reclaman la actuación de la masonería en determinadas coyunturas, específicamente durante el bienio liberal de 1812, la Independencia americana y los momentos revolucionarios como el de 1910 en México.


“¿Y ahora quién podrá defendernos?” Jorge Cabieses. Serigrafía sobre lona (2000).

La masonería no tuvo una abierta participación política durante el período independentista, si es que no la diferenciamos de la actividad de los clubes patrióticos. Sin embargo, los contenidos voluntaristas y pedagógicos que elaboró se iniciaron en este período. Los alcances de aquella pedagogía sirvieron para una nueva construcción histórica, al reelaborar el rol de los caudillos y héroes que participaron en las luchas por la emancipación americana. Reconoció, en principio, el vocabulario de la Ilustración e incorporó a la memoria histórica las imágenes revolucionarias de los patriotas, caudillos y héroes, pero sobre todo se identificó sustantivamente con el sistema republicano en general, aunque existieron verdaderos ejemplos de inclinación hacia el modelo monárquico-constitucional, como el caso de San Martín. Algunos autores han venido señalando que antes la única red masónica significativa fue la que Miranda fundó en Londres en 1797 o 1798 con el nombre de Gran Logia Americana, de la que saldrán después, ya en plena época revolucionaria, las sociedades o logias Lautaro, muy importantes en Cádiz y en varios lugares de América como lugar de concertación para los partidarios de la Independencia. Pero incluso su carácter masónico es poco claro y se la puede definir mejor como una sociedad política que utiliza el secreto para alcanzar sus fines en un medio hostil.

Durante el siglo XIX, la masonería estuvo constantemente enfrentada con la Iglesia católica. No obstante, la historiografía masónica nos remite a la relación entre identidad masónica e identidad nacional republicana. Por ello, durante este siglo aparecerán obras “históricas” sobre la masonería, miembros de ella o personalidades vinculadas con ella que son el comienzo de la construcción de una historia-memoria que tiende a fijar y transmitir valores destinados a consolidar el vínculo de identidad masónica, ejemplificando mediante la vida de los hombres públicos un modelo digno de presentarse a la estimación de un pueblo republicano. Las obras y las figuras que aparecen en esta forma de historiar son variadas e identificables en distintos períodos que van desde el énfasis en las figuras de Miranda, Bolívar y San Martín durante la independencia americana hasta la posición revolucionaria de Maceo y Martí en Cuba.

En América, recién independizada, la relación entre la masonería y el movimiento independentista es posible de ser abordada no sólo desde la filiación personal de los próceres de la Independencia, sino también a través de las influencias ideológicas que ella tuvo mediante otras experiencias organizativas. La historiografía masónica incorpora en el discurso a los héroes y patriotas que participaron de las asociaciones secretas patrióticas –no necesariamente masónicas–, en las que las elites latinoamericanas recrean las nociones de nación y patria (Corbiere: 1998, 205-229).


“Inca 2000”. Rocío Rodrigo. Talla en madera (2000).

Las controversias en torno al tema se aprecian en el tratamiento que hace del tema la historiografía argentina. Es el caso de la identificación “cuasi” religioso-masónica de San Martín, describiéndosele en la historiografía masónica con características de santo “masónico”. Dicha imagen surgió a criterio del historiador argentino Horacio Cuccoresse, aun con la ausencia de documentación que lo acredite como tal (lo que no es una excepción). San Martín, casado por la Iglesia católica, fue católico practicante, definido desde la perspectiva de Cuccorese como católico liberal. Sin embargo, en 1877, veintiséis años después del fallecimiento de San Martín, el Venerable Maestre de la Masonería Argentina Adolfo Saldías protestó porque los restos del patriota fueron depositados en un altar católico, bajo la advocación de Santa Rosa de Lima. En 1878, cuando se celebraba el centenario de su nacimiento, los diarios argentinos de tendencia masónica presentaban a San Martín como un héroe nacional masón, lo cual nos permite pensar que, al margen de la discutida participación, es a partir de la década de 1870 que se avivó el debate en torno a dos aspectos: la filiación religiosa de San Martín que incidía en su participación masónica en momentos en que se discutía la libertad de cultos, y la aparición del culto masónico a los héroes nacionales, difundida por el rol de los periódicos El Libre Pensador, La Patria Argentina y La Tribuna. El voluntarismo masónico tuvo otra clara manifestación al promover la divulgación de la figura de San Martín como masón.

A partir de fines de la década de 1870, se fueron gestando en Argentina las discusiones sobre la identidad masónica de San Martín. Estos debates tienen que ver con el enfrentamiento entre la Iglesia católica y el Estado, y la legitimidad que otorgan cada uno de éstos mediante el sistema educativo a un proyecto nacional. Así, el sentimiento religioso de Manuel Belgrano y de José de San Martín para reconocer la suma importancia de la historia del catolicismo en Argentina es interpretado del siguiente modo: “Estos dos grandes hombres, estos dos grandes patriotas, representantes de la sociedad argentina, rindieron en las ocasiones más solemnes de su vida, testimonios fervorosos de respeto a esa religión de la cual los legisladores argentinos no pueden prescindir sin hacer injuria al sentimiento nacional y olvidar los antecedentes de nuestra historia” (Cuccorese: 1990, 115-144). Dicha afirmación la hicieron los representantes conservadores del Congreso argentino, en oposición a la laicización educativa.

El debate se aviva cuando se carece de mayores pruebas sobre la pertenencia masónica de los patriotas a la masonería como forma institucionalizada, mas es claro que sí pertenecieron a las sociedades patrióticas, muy similares en su estructura y prácticas a las logias masónicas, y que ambas organizaciones pertenecen a formas modernas de asociación, con prácticas mediáticas aquéllas, a largo plazo éstas.

Podemos comprender entonces que la aparición de las primeras obras históricas en que se encuentran héroes o caudillos masones o con características de pertenencia a la masonería inicia la construcción de una historia-memoria que tiende a fijar y transmitir valores destinados a consolidar el vínculo de la identidad masónica. Algunos autores han señalado que la voluntad de ejemplificar mediante de la vida de hombres públicos un modelo digno de presentarse a la estimación de un pueblo republicano, inquietud que comparte la institución masónica (argentina) con la elite intelectual y política nacional, hace que dichas producciones constituyan una suerte de puente entre la masonería y el poder político.

 

(*) Historiadora. Docente de la Universidad Nacional Federico Villarreal.

 

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