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Poemas en París
El Mercado de la Poesía de París, evento de gran relevancia y en el que participan pequeños editores latinoamericanos y franceses junto a gigantes de la edición, motiva un diálogo con el poeta y traductor François-Michel Durazzo, quien también se refiere a la obra de César Vallejo.
François-Michel Durazzo
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Después de 22 años de completo éxito de público, parece que el Mercado de la Poesía de París está en crisis económica. Vincent Gimeno propone un concepto cooperativo. ¿Qué piensa usted al respecto?
Si bien este año en particular el Mercado de la Poesía se ha encontrado con dificultades económicas (alrededor de 20 mil euros de déficit sobre los 150 mil que cuesta la operación en su totalidad), ha sido uno de fuerte movilización, gracias a la incansable labor de Vincent Gimeno, Arlette Albert-Birot y Jean-Michel Place. Sus esfuerzos abren nuevas perspectivas y los organismos oficiales han tomado conciencia del carácter ineludible de la defensa de los pequeños editores en el ámbito de la poesía. Asimismo, el mercado es un poco el escaparate de esos editores y tiende a agruparlos para trabajar todo el año en la defensa de la creación literaria, en contra del mercantilismo de los grandes grupos que inundan el mercado del libro con productos muchas veces efímeros.
Aunque el concepto se acerca al de cooperativa, e incluso al de sindicato, se trata más bien de unir los esfuerzos de los pequeños frente a la arrogancia de los grandes, pero siempre desde el respeto de cada línea editorial y de la independencia de cada uno. La asociación Circé, que lleva el mercado, quisiera aumentar su capacitad de intervención de cara al poder, para que se oigan las voces de los editores, afirmar su existencia y aún más su carácter imprescindible en el panorama literario y cultural. Por eso, prefiero hablar de cooperación de todos, más que de cooperativa o sindicato.
Fue un logro la presentación de los poetas españoles. Pero si uno dice que todos los poetas que se presentaron, salvo Jaime Siles, hacen una poesía narrativa (así la denominamos en el Perú), es decir, de la experiencia aunada a la poesía reflexiva, ¿qué le parece ese juicio?
En realidad, de los nueve poetas españoles invitados (siete de lengua castellana: José María Álvarez, Felipe Benítez Reyes, Vicente Gallego, Dionisia García, Carlos Marzal, Jaime Siles y Luis Antonio de Villena, y dos de lengua catalana: Carles Duarte y Jaume Pont), seis en la línea de la poesía de la experiencia fueron propuestos por la Dirección General del Libro y el instituto Cervantes, que pagaron los viajes y la estancia.
El Mercado de la Poesía en París
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Tres fueron elegidos por mí, como Jaime Siles, Carles Duarte y Jaume Pont, porque, además de ser autores de primer nivel, tenían los tres un libro presente en su traducción francesa en el mercado. Resulta que conozco, admiro y traduzco a poetas de las dos vertientes de la poesía española contemporánea y no quería dar al público francés una idea uniforme de lo que se publica en España. Hubiese deseado invitar también a un poeta como Antonio Gamoneda, magníficamente traducido por Jacques Ancet. Considero que toda poesía buena radica en una experiencia conmovedora, y por otra parte que no hay buena poesía que no conmueva a su vez al lector.
Suscribo plenamente la definición que da Carlos Marzal que, según él, se trata de intentar erigir de un modo preciso que huye del énfasis de la sentimentalidad, la ficción de una experiencia de carácter individual en la que se reconozca algún otro lector, de modo que éste pueda acceder, gracias a ella, a ese grado superior de conocimiento, acerca de la experiencia, que es la emoción. Este concepto excluye, en particular, a todos estos poetas que confunden una hoja blanca con lo blanco de un pañuelo donde secar sus lágrimas, o con un papiro donde trazar jeroglíficos, o una donde dar forma a sustancias que son la traducción directa de categorías que pertenecen a otras disciplinas. La diferencia entre poetas se refleja en la parte que asume el relato experimental en su poesía. Algunos enfocan el poema antes que nada en la experiencia vivida o soñada, otros en la reflexión, pero siempre van unidas las dos modalidades en proporciones diferentes, de forma que me parece absurdo oponerlas. En cambio, sí me parece obvia la discrepancia radical entre la poesía española y cierta poesía francesa, tal como lo refleja el libro de Jean-Marie Gleize en Nous nirons plus au bois, o las palabras de Denis Roche cuando pretende que la poesía es insoportable. Podríamos incluir en esa línea a un escritor como Michel Deguy y a los de su línea. De modo general, tanto los españoles como los hispanoamericanos siguen apostando por el lirismo y el canto. El papel de poetas como Vallejo o Neruda es de valorar en esa afirmación. Tal vez se origine el interés creciente del público francés por la poesía de lengua hispana en el desengaño del público hacia este tipo de producción hermética, que se difunde con cada vez más dificultad.
Número 43 de La Lettre, con epígrafe de Vallejo
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Claude Esteban, presidente de la Maison des Écrivains, en el último número de abril de La Lettre, pone fragmentos del poema de César Vallejo Los nueve monstruos. Es un orgullo que se haya, digamos simbólicamente, adelantado a tantos eventos poéticos en París: vale decir, la Primavera de Poetas y el Mercado de la Poesía. ¿Eso quiere decir que César Vallejo sigue actual y que está llamado a ocupar un mayor sitial dentro de la poesía contemporánea? Por otro lado, he hecho una encuesta en este mercado y he quedado gratamente sorprendido por la cantidad de poetas que conocen y aman a Vallejo. ¿Qué puede decirme sobre este tema?
Vallejo sigue siendo poco conocido en Francia del público en general, salvo de los hispanistas los estudiantes de la Sorbona han trabajado su poesía este año y la universidad de Poitiers ha publicado una serie de artículos muy valiosos al respecto y de los que pueden acercarse a él. Su obra completa ha sido traducida y publicada por Flammarion, pero está agotada. El hecho de que lo conozcan muchos poetas de los que se acercaron al Mercado de la Poesía un día en el que había una docena de poetas españoles e hispanoamericanos en el programa no significa gran cosa. A una escasa difusión se une el hecho de que se encuentra muy ligado con el surrealismo, movimiento que la mayoría de los poetas considera, a estas alturas, sobrepasado. Por lo tanto, algunas cuestiones como la del mestizaje cultural o de la poesía como reflexión sobre la escritura ambos temas casi obsesivos en la literatura moderna hacen de Vallejo un precursor y un poeta muy actual. También habría que subrayar otros rasgos importantes como la sintonía de Vallejo con la poesía francesa en momentos en los que llega a la mayor sencillez en la forma, convirtiéndolo en un místico de la pobreza y, por descontado, su implicación al lado de Pablo Neruda, cuando en abril de 1937, un año antes de morir en París, contribuye a la fundación del grupo hispanoamericano de apoyo a España. Ambos forman parte de ese grupo de poetas comprometidos que ha vivido y escrito en París y forma parte de nuestro panorama literario. Por eso, Vallejo sigue vivo entre nosotros, aunque su obra es insuficientemente conocida, especialmente en la memoria de los intelectuales y los poetas parisinos.
¿Tiene usted otro punto que quisiera agregar?
Puesto que hablamos de Vallejo el peruano y Neruda el chileno, no se nos puede escapar la diferencia de difusión en lengua francesa. Neruda ha tenido casi desde el principio la suerte de estar traducido y su obra posee una presencia notable en las letras francesas, con la que sólo pueden competir autores como García Lorca, Borges y Octavio Paz. A mi parecer, sería necesario reevaluar le presencia de Vallejo y su influencia en nuestras letras.
(*) Poeta, traductor y crítico literario. Ha publicado En el pasado venía numerosa como un río, La sombra del doble de Bernard Noël y La poética de la poesía póstuma de Vallejo.
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