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Pasiones ideológicas
La rivalidad entre Federico More y Víctor Raúl Haya de La Torre abonó el terreno para las formulaciones políticas del primero. Su pensamiento se basaba en la edificación de un orden social mediante
un ideario democrático.
More en homenaje a José Gálvez.
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Federico More es considerado uno de los periodistas más destacados con los que ha contado el Perú. Por ello, en esta oportunidad se le brinda un merecido homenaje. Es también una buena ocasión para recordar aspectos poco estudiados de su fecunda actividad periodística. Fue, sin duda, un personaje controvertido, que se inició precozmente en el periodismo, profesión a la que dedicó su vida entera. Poseedor de una aguda e inquieta inteligencia y de un fuerte temperamento, pertenece a un grupo privilegiado de intelectuales en el que se da una estrecha relación entre periodismo y literatura.
More, el periodista, es producto de una coyuntura cultural singular: la explosión y el afianzamiento del diarismo moderno, que tuvo su correlato en el surgimiento de un impresionante número de periódicos y revistas que se publican en Lima, pero también y fundamentalmente en las provincias del país. Este fenómeno sólo fue posible en el marco más amplio del surgimiento de una sociedad de masas en el Perú. Se expande el universo de los lectores, la influencia de la prensa se acrecienta y el periodismo se comienza a profesionalizar.
En este contexto, la vocación de jóvenes como More permite el surgimiento de un periodismo muy singular, sintonizado con la emergente sensibilidad urbana y con las innovaciones literarias vinculadas con el llamado modernismo. Surge así una nueva generación de periodistas que, desde las redacciones de los diarios, irán componiendo su propia visión del Perú.
La fama de Federico More descansará sobre todo en el periodismo político. Hemos querido analizar su exacerbado antiaprismo, tema que considero reviste de la mayor actualidad, porque el antiaprismo sigue activo en el Perú. More es un panfletario, como él mismo se define, de grandes pasiones; y su gran adversario es Haya de la Torre y el Partido Aprista Peruano.
El APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana) surge en un momento crítico de nuestra historia, en un momento en el que el país se debatía en una grave de crisis económica y social, pero sobre todo en una fuerte convulsión política. El hito que precede a la creación del APRA lo constituye el movimiento obrero estudiantil del 23 de mayo de 1923, en defensa de la libertad de culto. El movimiento se forjó en las universidades populares González Prada, en la lucha por la jornada de las 8 horas, invocando la unión de los trabajadores manuales e intelectuales.
El APRA pretendió ser una alternativa al marxismo político de José Carlos Mariátegui como fuerza antiimperialista y antioligárquica. Su ingreso a la escena política peruana trajo más caos a la ya confusa situación de aquel entonces. More retrató al aprismo en sus inicios como un conjunto de cincuenta muchachos que gritan en cincuenta puntos del país o cosa de jovenzuelos nunca dulcificados por una mujer, como citan Burga y Flores Galindo (1987:196 y 206).
El antiaprismo surge prácticamente al mismo tiempo que la militancia aprista. Desde el comienzo, las relaciones del APRA con la sociedad civil, los ciudadanos y los demás actores colectivos fueron bastante conflictivas. Incluso se dio un serio enfrentamiento con las Fuerzas Armadas, en particular con el Ejército. Esta rivalidad fue inevitable debido a la poca cultura política que existía en nuestro país, caracterizada por un bajo nivel de consenso y tolerancia, realidad que aún persiste.
En la década de 1930, el desconocimiento de los resultados electorales por el fraude electoral propiciado por la Unión Revolucionaria desencadenó la llamada revolución de Trujillo, que fue un alzamiento popular encabezado por Manuel Barreto, mejor conocido como el búfalo Barreto, un obrero que provenía del aprismo inicial, del anarquismo. En el período de la revolución de Trujillo, More no estaba en el Perú, pues se hallaba exiliado en Bolivia, adonde había ido para estar más cerca del Perú y poder regresar en cualquier momento. Sin embargo, resulta evidente que se mantenía en contacto con la intelectualidad de todo el país y es fuertemente impactado por toda esta coyuntura que polarizó a la nación entera.
A propósito, recordemos una famosa carta que dirige al líder aprista en junio de 1935. Sus aserciones fundamentales en dicha misiva merecen ser atentamente examinadas. More contemplaba al país devastado por la gran vorágine de fines del decenio de 1920 y comienzos de la década de 1930, sacudido por revoluciones y asesinos adolescentes. Responsabiliza a Haya de la Torre y al Partido Aprista por ello.
Una pregunta que surge a estas alturas se refiere a los factores que están en las raíces de este antagonismo. No podemos explicar sus diferencias debido a factores socioeconómicos o generacionales. Tanto More como Haya de la Torre eran jóvenes que procedían de sectores pequeño-burgueses del interior del país, mas aún, ambos fueron discípulos de González Prada. Las diferencias debemos hallarlas, sobre todo, en el terreno ideológico.
Haya de la Torre fue un reformista universitario, agitador del obrerismo anarquista, irreverente con el catolicismo, internacionalista y opuesto a la política conservadora de orden y progreso. La doctrina política del aprismo, elaborada en el contexto de la crisis del liberalismo, se basa fundamentalmente en un antiimperialismo latinoamericanista.
More, en cambio, se pronuncia por un ideario democrático con el cual se buscaba garantizar la plena vigencia de los derechos y deberes de los ciudadanos, así como la consolidación del orden interno. Soñaba con una democracia y con un pueblo utópico. Ansiaba, más que muchos, la salvación de la patria y criticaba el centralismo limeño en todas sus facetas. Su juicio sobre Haya de la Torre se sustenta en la tesis de la subversión del orden público. Era evidente que los estallidos sociales atentaban contra el proyecto nacional de raíces andinas que propugnaba.
No obstante las grandes diferencias ideológicas con el Partido Aprista Peruano, More tuvo que compartir algunas importantes jornadas con sus militantes. En 1931 sucede una de estas ocasiones, cuando producida la caída de Leguía, la Junta Nacional de Gobierno, presidida por David Samanez Ocampo, designó una comisión para que formulara un proyecto de ley de elecciones. More fue uno de los convocados a trabajar en dicha comisión, integrada, entre otras personalidades, por Luis E. Valcárcel, José Antonio Encinas, Jorge Basadre. También fueron convocados los dirigentes apristas Luis Alberto Sánchez (1) y Carlos Manuel Cox.
La comisión funcionó en la biblioteca de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, entonces a cargo de Basadre. El anteproyecto debía basarse en la institución de un registro electoral único, un poder electoral autónomo, el voto secreto y la representación de minorías.
NOTA
(1) More mantuvo un respeto intelectual por Luis Alberto Sánchez, a quien consideraba el único inteligente de los apristas.
(*) Historiadora. Trabaja en la Biblioteca Nacional del Perú.
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